Los más tiernos poemas para niños pequeños y bebés

Poemas cortos para los más pequeños de la casa

poemas para bebés

Los poemas para bebés son más importantes de lo que piensas. Además de ser muy divertido de leer con los más pequeños, estimulan el desarrollo de las habilidades del lenguaje e influyen en la facilidad con la que un niño aprende a leer más adelante.

En ese momento de lectura que dedicas a tu bebé, no solo es posible leer cuentos, los poemas son pequeñas historias con una musicalidad especial. Son breves y entretenidas. De hecho, si lo piensas, las canciones que cantas con tu bebé, no son otra cosa que poemas con música. Distintos autores como Ana Rosseti, Gloria Fuertes, Carmen Gil, Manuel Jurado, Maria Elena Walsh, etc. dedican gran parte de su obra a los más pequeños de la casa. 

Compartimos algunos poemas para niños pequeños y bebés, para que puedas disfruta de la lectura compartida.  

Ver +: poemas para niños de todas las edades

1. Equivocación: poema para niños pequeños

Poema de Ana Rossetti para niños pequeños

La abeja desorientada
se coló por la ventana
y enseguida se posó
en la mesa del salón.

Pensando que eran reales
las rosas artificiales
y los lirios del jarrón,
con paciencia se empeñó
en sacar néctar de ellas.

¡Qué despistada hay que ser, 
pues no se puede hacer miel
con unas rosas de tela!

Ana Rossetti

2. Amanecer: poesía para niños

Poesías para niños de Gloria Fuertes

En el gallinero
- pluma y plumero -,
cuando sale el sol,
se van los luceros.

En el gallinero
- pluma y plumero -,
el gallo rondón
despierta el primero.

En el gallinero
- pluma y plumero -,
el gallo más viejo
es el relojero.

En el gallinero
- pluma y plumero -,
las gallinas ponen
en el ponedero

En el gallinero
- plumero y pluma -,
todas las galllinas
cantan una a una.

Manuel Jurado

3. Animales divertidos: poemas para niños pequeños

Al cerdito rabieso
le encanta el mar y, por eso,
está feliz en su banco: 
¡más que un cochino en un charco!


Cuando el gallo se enamora,
cacarea a cualquier hora
y todo el mundo se lía:
-¿Es de noche o es de día?

Ya llega la liebre abuela,
que corre que se las pela:
cuida de noventa nietos,
¡y no se están nunca quietos!

Carmen Gil

4. Poema infantil de Gloria Fuertes: En mi cara redondita

Dibujo del poema, en mi cara redondita

En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.

Con mis ojos veo todo,
con la nariz hago achís,
con mi boca como como
palomitas de maíz.

Gloria Fuertes

5. La luna llena: poesía infantil para niños

Vuela la luna, una canción para que los niños aprendan los números

En el estanque,
la luna llena,
sobre el espejo
del agua quieta,
es un gran rostro
de plata vieja.

El cielo es hondo
y con estrellas.

Quiero tocar
la luna llena;
meto mi mano 
y el agua quieta
se hace mil ondas
de plata vieja.

Huyen la luna
y las estrellas.

Hondo es el cielo
y el agua, inquiera.

Manuel Jurado

6. Poesía infantil: Cómo se dibuja a un niño

Poesías de Gloria Fuertes para niños

Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.

Pintarle mucho flequillo,

-que esté comiendo un barquillo;

muchas pecas en la cara que se note que es un pillo;

- pillo rima con flequillo y quiere decir travieso -.

Continuemos el dibujo: redonda cara de queso.

Como es un niño de moda, bebe jarabe con soda.

Lleva pantalón vaquero con un hermoso agujero;

camiseta americana y una gorrita de pana.

Las botas de futbolista - porque chutando es artista -.

Se ríe continuamente, porque es muy inteligente.

Debajo del brazo un cuento por eso está tan contento.

Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.

Gloria Fuertes

7. El Hada primavera: poesía para niños pequeños

Poemas infantiles de Rubén Darío

Llega el Hada Primavera
que no es un hada cualquiera.
Mezclando magia y amor,
viste el mundo de color.

Cuando viene de visita,
con un toque de varita,
cubre los alrededores
de trinos, cantos y flores.

¡Qué alegre está la pradera!
Llega el Hada Primavera.

Carmen Gil

 8. El twist del mono liso: poema infantil de María Elena Walsh

Poema del mono liso de maría elena walsh

¿Saben saben lo que hizo
el famoso Mono Liso?
A la orilla de una zanja
cazó viva una naranja.

¡Qué coraje, qué valor!
Aunque se olvidó el cuchillo
en el dulce de membrillo
la cazó con tenedor.

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

A la hora de la cena
la naranja le dio pena,
fue tan bueno el Mono Liso
que de postre no la quiso.

El valiente cazador
ordenó a su comitiva
que se la guardaran viva
en el refrigerador.

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

Mono Liso en la cocina
con una paciencia china
la domaba día a día,
la naranja no aprendía.

Mono Liso con rigor
al fin la empujó un poquito
y dio su primer pasito
la naranja sin error.

La naranja, Mono Liso,
la mostraba por el piso,
otras veces, de visita,
la llevaba en su jaulita.

Pero un día entró un ladrón,
se imaginan lo que hizo,
el valiente Mono Liso dijo:
"Ay, qué papelón".

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

A la corte del Rey Momo
fue a quejarse por el robo,
mentiroso, el rey promete
que la tiene el gran bonete.

Porque sí, con frenesí
de repente dice el mono:
"Allí está detrás del trono
la naranja que perdí".

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

Y la reina sin permiso
del valiente Mono Liso
escondió en una sopera
la naranja paseandera

Mono Liso la salvó
pero a fuerza de tapioca
la naranja estaba loca
y este cuento se acabó.

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

La naranja se pasea
de la sala al comedor.
No me tires con cuchillo
tírame con tenedor.

9. Manuelita la Tortuguita: poema de María Elena Walsh

Poesías de María Elena Walsh para niños 

Manuelita vivía en Pehuajó
pero un día se marcó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.

Manuelita una vez se enamoró
de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

En la tintorería de París
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.

Le pusieron peluquita
y botines en los pies.
Tantos años tardó en cruzar
el mar que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó vieja como se marchó
a buscar a su tortugo que la espera en Pehuajó

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