Ayuda al bebé a calmar sus tensiones

A menudo, los bebés se deshacen en lágrimas a última hora de la tarde. Y ese llanto que parece inconsolable desespera a más de una madre.

Es duro escucharlo (¡durante más de dos horas!), pero no te sientas culpable por dejar que tu bebé llore al acabar el día. Ha vivido una jornada llena de pequeñas incomodidades, mínimas frustraciones, estímulos excitantes... Como es incapaz de liberar todo eso a través de un esfuerzo físico –todavía no puede realizarlo–, su único modo de “sacar fuera” esa tensión es gritando.

La succión

Puede que el simple movimiento de las mandíbulas no sea un ejercicio físico suficiente para liberar las tensiones acumuladas pero, en el bebé, la naturaleza ha previsto que la asociación entre el vaivén de las mandíbulas, el avance y retroceso de los labios y la presión de la lengua sobre el paladar provoque una secreción de hormonas, las endorfinas. Estas hormonas tienen propiedades parecidas a las de la morfina: son analgésicas y euforizantes. Si no quieres utilizar chupete –al que no sin razón los estadounidenses llaman “pacificador”–, ofrécele tu dedo meñique hasta que se tranquilice. Un día, pasadas varias semanas, descubrirá su pulgar y ya no necesitará tu ayuda.

El masaje

Cuando estamos estresados, o tensos, a menudo sentimos alivio al presionarnos el esternón. Las tensiones de tu bebé se sitúan exactamente en el mismo lugar. Dale un masaje circular y enérgico que englobe las costillas y el pecho (no caricias que parezcan “cosquillas”, más próximas a un estímulo que a un masaje). Intenta mantener el ritmo, porque la cadencia desempeña un papel nada despreciable en la relajación del pequeño. No te detengas hasta que deje de llorar, respire de forma regular y se le cierren los ojos.

El balanceo

Las antiguas cunas, esas que reposaban sobre dos arcos para que las abuelas o una anciana tía pudieran balancearlas con la punta del pie mientras la madre estaba en el campo, han desaparecido. Sin embargo, ofrecían al bebé ese movimiento que no podían hacer ellos mismos y les permitía “hartarse” de balanceo... y dormirse. Convierte tus brazos en una cuna. Tumba a tu bebé en el hueco del codo doblado y pasa el otro brazo entre sus piernas, colocando la mano a la altura de los riñones. Balancéalo al ritmo de una nana tradicional.

El paseo

Acunar a un bebé en los brazos hasta que se calme puede llevar horas y provocar calambres en los antebrazos. Pero podemos ofrecerle la versión moderna del balanceo: el vaivén del cochecito. Colócalo en el cuco y paséalo sin moverte del sitio, desplazando ligeramente el cochecito adelante y atrás. Cuando el bebé se duerma, cógelo en los brazos y mételo en su cuna. Es importante que identifique cuanto antes puntos de referencia estables: el cochecito es su “colchoneta” para sestear de día; la cuna es su auténtica cama, para dormir por la noche.

El transporte

Las madres africanas no saben lo que es una cuna que se mece, porque ellas mismas son “madres-balancín”. El bebé, que viaja sujeto a la espalda con una tira de tela que forma una hamaca, disfruta del balanceo originado por las actividades cotidianas de su madre y así se tranquiliza. Además, a modo de nana, oye los latidos del corazón materno, la mejor de las músicas. Nuestra sociedad y la vida trepidante que llevamos son poco compatibles con este sistema de transporte de jornada completa. Pero, cuando veas que el bebé necesita desahogarse, colócalo en el portabebés ventral. En principio, este accesorio no está hecho para cargar con el niño durante mucho rato, pero es imposible saber cuánto tiempo necesitará el bebé para recuperar la serenidad. Es conveniente utilizar un portabebés con reposacabezas.

Si al bebé no le gusta ninguno de estos remedios para calmar su nerviosismo es que prefiere hacerlo llorando... Si es lo que él quiere, ¡habrá que dejarlo!

C.P.

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