Ortografía, ¿por qué aprenderla es indispensable?

Aprender a escribir

Desde hace generaciones, la ortografía es la bestia negra de muchos alumnos, incluso brillantes. Sin embargo, su aprendizaje sigue siendo indispensable para dominar la lectura y la escritura. Aunque los profesores siguen utilizando el dictado, lo hacen de una manera más flexible y recurren a otros métodos mucho menos ingratos.

Un código que hay que dominar por completo

Aún así, dominar la ortografía conlleva muchas dificultades. Para empezar, plantea problemas de lectura porque, el desconocimiento de las reglas, impide reconocer las palabras rápidamente y captar sus conexiones. Lo mismo ocurre con la escritura y la imposibilidad de redactar textos comprensibles y agradables de leer. Más adelante, esos problemas se perpetúan en la vida diaria (cartas, mails, notas…). Todo eso forma parte de nuestra cultura: la ortografía siempre ha sido y sigue siendo un código de pertenencia social, un signo de que la educación ha llegado a buen término.

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Un largo aprendizaje

La adquisición de la ortografía es un largo aprendizaje que arranca en Primaria. Los más pequeños descubren, a veces con espanto, la conjugación de los verbos irregulares, los usos de la “g” y la “j”… Hay que aprender muchas reglas que a veces desafían la lógica. Los niños necesitan tener mucho ánimo para asimilarlo e integrarlo todo. Los profesores, por su parte, tienen que armarse de paciencia porque, a las dificultades de ese aprendizaje se añaden las de la evaluación. ¿Cómo medir los progresos y las lagunas de los niños sin desanimarlos?

Un dictado repasado y corregido

El dictado siempre ha formado parte del aprendizaje, pero hay muchas maneras de realizarlo y de puntuarlo. Hasta no hace tanto tiempo, los maestros y los profesores no dudaban en dictar textos totalmente herméticos. Y cinco faltas equivalían a un cero. Pero, actualmente, los profesores han variado sus métodos y son más flexibles puntuando. A veces hacen dictados magistrales como medio de control. Pero también juegan con los autodictados, los dictados preparados que permiten comprender el texto antes de escribirlo y hasta los dictados con diccionario.

Nuevos métodos

Los profesores lo saben: no basta con memorizar las reglas y aplicarlas en el dictado. Hay que ayudar a los alumnos a hacer suya la ortografía para que sea indisociable de su lenguaje. Eso pasa por la realización de todo tipo de ejercicios, reflexiones e incluso juegos. Los profesores particularmente imaginativos multiplican las iniciativas: talleres de escritura colectiva, creación de un periódico escolar, ejercicios en el ordenador con el corrector ortográfico… Son ideas que los niños retoman fácilmente en casa, llevados por su deseo de escribir, y de hacerlo bien. Anne-Laure Fournier le Ray

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