Entrevista a Jaume Centelles

Especialista en Educación Infantil

Jaume Centelles cuenta con una trayectoria de cuarenta años como formador en la Escola Sant Josep - El Pi de l'Hospitalet de Llobregat (Barcelona) ejerciendo diversos cargos, especialmente en educación infantil y como responsable de la biblioteca. Colabora con la revista «GUIX» (serie Vivir la escritura) y con el programa de radio «l’ofici d’educar». Además participa en el grupo de trabajo «Pasión por la lectura» adscrito a la Associació de Mestres Rosa Sensat de Barcelona. Su actividad constante relacionada con la educación le ha llevado a compartir sus experiencias y reflexiones en su blog denominado ‘La invitación a la lectura’ (www.jaumecentelles.cat). Allí ofrece publicaciones, noticias y recomendaciones relacionadas con la literatura infantil y juvenil, y el mundo educativo en general. Nos citamos con Jaume para conocer más sobre su labor y la importancia de la lectura infantil.

Tienes una larga trayectoria como maestro infantil ¿cuál consideras que ha sido tu misión dentro del ámbito de la educación?

Vista en perspectiva, mi vida profesional ha estado dedicada a dos temas preferentes: por un lado, la educación infantil, una etapa crucial en la vida de las personas, y por otro la biblioteca escolar. Aunque estoy jubilado y he dejado la docencia dentro del aula,  sigo colaborando con el mundo de la educación, compartiendo experiencias y pensamientos con muchísimos maestros que me han aportado —me aportan— su saber y me han enriquecido con sus conocimientos. Estoy agradecido. Alguien dijo una vez —creo que fue François Mitterrand— que no te jubilas nunca de hacer de maestro. Tenía razón, sigo aprendiendo y equivocándome como siempre, cada día. He tenido la suerte de vivir un periodo de cambios copernicanos en el mundo educativo, a todos niveles: tecnológicos, de leyes de educación, llegada de una población venida de otros países, formación continua, etc. Ha sido una oportunidad impagable y emocionante que he intentado absorber con ilusión e interés.

Un niño o un joven que lee... encontrará argumentos que le permitirán conocer la vida que le rodea y será menos manipulable.

A diferencia de otros trabajos, los maestros cada día debemos estar a punto, cada mañana con la sonrisa, con la palabra amable y cariñosa en los labios. Es una cuestión de ética profesional. Estoy orgulloso de haber elegido el oficio de maestro porque, como la mayoría de docentes, he tenido la voluntad de influir en el mundo, intentando formar personas que fuesen buenas, generosas, críticas y solidarias. Me gustaría citar al francés Georges Jacques Danton que dijo: «después del pan, la educación es la primera necesidad de un pueblo».

Dentro de tu experiencia, ¿qué influencia tiene la lectura en el aprendizaje de los niños?

André Maurois afirmaba que la lectura es una buena manera de comprender la vida y vivirla mejor. Y es cierto, porque leyendo conocemos las emociones, los sentimientos y las pasiones que viven los personajes que anidan en los libros. Leyendo podemos comprender el significado de la libertad y del amor y también, por supuesto, de la envidia y la ambición. Leer, además, nos permite relacionar conceptos, situaciones e ideas, nos abre al conocimiento, al mundo, y aunque leer suponga un esfuerzo mayor que ver la televisión, escuchar música o ir en bicicleta, los beneficios que se derivan de su práctica habitual son enormes.

Cuando los niños leen se ponen en marcha unos mecanismos mentales complejos y en ese mismo hecho físico de coger un libro entre las manos y dirigir la mirada hacia las palabras que conforman el relato ya es, en si mismo, un primer paso para acercarse al hábito lector. Un niño o un joven que lee y se esfuerza en “comprender”, probablemente será un adulto que se emocionará con los versos de Lorca, le temblarán las manos siguiendo las aventuras imaginadas por Tolstoi, encontrará argumentos que le permitirán conocer la vida que le rodea y será menos manipulable porque la lectura es descubrimiento, resolución de misterios, recreación de situaciones. Leer es vivir, en definitiva.

¿Cuál es el mayor aporte que da la lectura a los niños y adolescentes?

Emili Teixidor, en su obra «La lectura y la vida» nos interpela, de entrada, con un “¿os imagináis una vida sin libros?” para seguidamente responder que si desapareciesen de la Tierra todos los libros sería como si el mundo hubiese perdido la memoria y no sabríamos ni quienes somos, ni de dónde venimos ni nada de nada. También nos recuerda que los libros son mucho más que nuestra memoria y que gracias a los libros podemos hablar con los muertos porque podemos ir a las bibliotecas y leer lo que nos dejaron escrito los escribas egipcios o los copistas medievales, por ejemplo.

La lectura nos abre espacios mentales de libertad, espacios para aprender, para comprender, para interrogarnos y formular ideas alternativas.

La lectura nos abre espacios mentales de libertad, espacios para aprender, para comprender, para interrogarnos y formular ideas alternativasque nos permitan vivir mejor y en sintonía con nuestro entorno. La lectura, sobre todo, nos invita a comprometernos con la sociedad, nos ayuda a transformar la información en conocimiento y nos ofrece posibilidades de aprendizaje global.

Las frases anteriores pueden parecer pensamientos utópicos, pero no lo son porque, afortunadamente, muchos maestros creemos, de verdad, que la lectura ayuda a ordenar los pensamientos, nos hace más libres y nos permite vivir mejor. Muchos maestros formamos parte de las comisiones de biblioteca de los centros y diseñamos buenas prácticas para atraer y seducir a los alumnos, para que la que la lectura ocupe un lugar preferente en su vida. No se trata de enseñar a leer. Para eso ya tenemos métodos y técnicas que aplicamos en la escuela. Se trata que el niño termine amando la lectura, estimando los libros, que es algo diferente.

En esta era de la digitalización, ¿cómo crees que las nuevas tecnologías aportan al aprendizaje escolar?

La clave para que los niños y jóvenes no queden aislados del mundo digital y tecnológico pasa por dos premisas. La primera es que en los centros educativos los docentes sean usuarios entrenados y buenos conocedores de los programas de edición de textos, del funcionamiento de las redes sociales, del correo electrónico, de los ideogramas, de la comunicación por WhatsApp, Twitter, Telegram, Instagram, etc. y la navegación por la red. No es necesario ser programadores informáticos, pero sí hay que dominar esta enorme fuente de información que está frente a nosotros y ser críticos y selectivos para saber qué conviene en cada momento, para cada objetivo.

La segunda recuerda que un programa de edición de textos, por ejemplo, incorpora correctores ortográficos, facilita la puntuación, la sintaxis, permite insertar imágenes, citas, pero no enseña a escribir.Las herramientas digitales abren una puerta increíble a la comunicación, a la lectura y a la escritura, pero el mensaje debe entenderse, debe ser coherente y, si puede ser, debe tener magia, la magia que transmiten las palabras bien escritas.

Las herramientas digitales abren una puerta increíble a la comunicación, a la lectura y a la escritura, pero el mensaje debe entenderse y ser coherente.

Para resolver las dudas y buscar más información, los chicos y jóvenes disponen, además, del teléfono móvil. Igual que los adultos, lo llevan en el bolsillo. El móvil es un dispositivo que los alumnos deben utilizar responsablemente. Su uso está considerado como contenido curricular y una competencia a adquirir y algunos estudios apuntan a que «el uso de los móviles para enviar mensajes de texto mejora las habilidades de lectura, de escritura y de lenguaje, en general». El futuro pasa, inevitablemente, por enseñar y permitir a los niños y adolescentes realizar búsquedas en Google, tal como hacemos los adultos, leer los códigos QR, realizar vídeos y compartirlos en youtube, escuchar música, organizarse la agenda, etc.

¿Qué crees que hace falta en el ámbito del fomento de la lectura?

Como colectivo, aún tenemos un largo camino por recorrer, si es que queremos ser, de verdad, un país lector. En el mundo escolar, de momento, los resultados de las pruebas PISA nos siguen enrojeciendo. Para mejorar habría que establecer un proyecto a largo plazo —Howard Garner apunta a que es necesaria una década para valorar el resultado de un proyecto determinado—, y llegar a un acuerdo de país para no tener prisa y establecer las bases para conseguirlo. No es difícil, es cuestión de voluntad.

Es necesario también aumentar el personal y los recursos en los centros educativos. La reivindicación histórica de dotarlos de biblioteca escolar continúa vigente y, aunque parece obvio que la B.E. es un elemento valioso para el fomento lector. Ayudaría bastante, además, que en los planes educativos de las facultades de Formación del Profesorado se estableciese una asignatura obligatoria sobre Literatura infantil. Paradójicamente, un maestro que termina la carrera puede no haber recibido ninguna formación al respecto, ni sobre organización, gestión y dinamización de la biblioteca escolar, ni sobre literatura infantil y juvenil.

La influencia de la familia es básica para que un niño o un joven se convierta en lector.

Otro aspecto que favorece el interés por la lectura es la presencia en los medios de comunicación. Si se emiten programas de radio o televisión dedicados a los libros, como sucede en Francia, por no más lejos, su presencia resulta un estímulo tanto para los padres como para los hijos. En definitiva, se trata que haya implicación de toda la «tribu» (Gobierno, ayuntamiento, biblioteca municipal, escuela, grupos de teatro, etc.)

¿Qué consejos le darías a los padres para impulsar la afición por la lectura desde el hogar?

La influencia de la familia es básica para que un niño o un joven se convierta en lector. Borges comentaba la diferencia entre leedor y lector, e interpretaba como «leedor» a aquella persona que sabe leer y descifrar un texto, lo comprende y puede ofrecerle una respuesta. Borges, más tarde, señalaba que convertirse en «lector» supone un escalón más, refiriéndose al componente emocional que afecta al acto lector. Se entiende que el peso de los padres es determinante y, desde casa, se pueden organizar algunas acciones. Las cinco más eficaces las presentamos, esquemáticamente, a continuación:

  • Habilitar una estantería para ordenar los libros, en lugar preferente. Si no se dispone de espacio, una maleta forrada como si fuera un cofre del tesoro ejerce la misma función.

  • Asignar un tiempo para leer, cada día, al volver de la escuela o antes de ir a dormir. Pero ha de ser una lectura compartida para que el niño vea a su padre o su madre disfrutar y compartiendo la misma historia. Ha de ser un momento tranquilo, unos minutos en los que las preocupaciones queden aparcadas.

  • Ir a la biblioteca pública más cercana. Las bibliotecas son uno de los establecimientos culturales más útiles y con el carnet —gratuito— los niños pueden consultar y/o llevarse en préstamo un montón de libros y revistas de sus temas preferidos.

  • Interesarse por lo que están leyendo los hijos y preguntarles sobre el comportamiento de los personajes: ¿Qué hubieras hecho tú, si fueras el protagonista? ¿A qué otro libro te recuerda esta lectura? ¿Qué otro final imaginas?, etc.

  • Ser un modelo al que imitar. Si ven que el padre o la madre es una persona comprometida con la lectura, que se apasiona, que comenta lo que está leyendo, etc. estamos propiciando la mejor de las actividades porque el niño aprende por imitación.

Otras acciones sencillas consisten en recordar que las fechas señaladas son un buen momento para regalar libros, llevar siempre en la mochila o el bolso un libro para aquellos momentos de espera en el autobús, en el médico, peluquería, etc., suscribirse a alguna revista infantil o juvenil (hay muchas y muy buenas), animarlos a escribir un diario personal, dejar esparcidos libros por todas partes, etc. Sentido común, en definitiva.

Jaume Centelles

jcentell@xtec.cat

 

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