Biblioteca Municipal de Navahermosa, ganadores de la quinta edición de los Premios Bayard Juntos por la Lectura
Categoría Bibliotecas con su proyecto La raíz de las palabras
Publicado por Alba Caraballo, editora de Conmishijos.com
Creado: 2 de julio de 2026 13:52 | Modificado: 2 de julio de 2026 13:55
La Biblioteca Municipal de Navahermosa, en Toledo, ha sido la ganadora de los Premios Bayard en la categoría de Bibliotecas por su proyecto "La raíz de las palabras", una iniciativa que reivindica el papel de las bibliotecas rurales como espacios vivos, cercanos y esenciales para la vida cultural de los pueblos.
En un municipio de unos 3.500 habitantes, la biblioteca no es solo un lugar donde se prestan libros. Es un punto de encuentro, un espacio de memoria, una puerta abierta a la cultura y un lugar donde niños, familias, mayores y vecinos pueden compartir historias, aprendizajes y experiencias.
Hablamos con la Biblioteca de Navahermosa sobre el significado de este proyecto, el valor de la lectura para combatir el aislamiento, la importancia de implicar a distintas generaciones y lo que supone recibir este reconocimiento dentro del movimiento Juntos por la Lectura.

Índice
1. "La raíz de las palabras" es un título muy evocador. ¿Qué significa para vosotros?2. En un municipio con menos alternativas culturales, ¿qué papel cumple la biblioteca más allá del préstamo de libros?
3. El proyecto habla de combatir el aislamiento y reforzar la pertenencia. ¿Cómo puede la lectura ayudar a que una comunidad se sienta más unida?
4. ¿Qué actividades han funcionado mejor para implicar a distintas generaciones?
5. ¿Cómo se consigue que la biblioteca sea un lugar vivo para niños, familias, mayores y vecinos?
6. En un entorno rural, ¿qué retos específicos encontráis para fomentar la lectura?
7. ¿Hay alguna historia o momento del proyecto que refleje especialmente ese vínculo entre lectura y comunidad?
8. ¿Qué le diríais a otras bibliotecas pequeñas que sienten que tienen pocos recursos para crear grandes proyectos?
9. ¿Qué significa para tu biblioteca recibir este premio?
"La raíz de las palabras" es un título muy evocador. ¿Qué significa para vosotros?
La raíz de las palabras es un título con mucha fuerza simbólica. Para un proyecto de una biblioteca en un pueblo de 3.500 habitantes, transmite varias ideas al mismo tiempo.
Por un lado, remite al origen del lenguaje y del conocimiento. La raíz es el punto de partida: de dónde nacen las palabras, las historias, las ideas y la cultura. La biblioteca se presenta como el lugar donde ese conocimiento se conserva y vuelve a florecer.
También habla de las raíces de la comunidad. En un pueblo, las palabras son memoria: los relatos de los mayores, el habla local, las tradiciones, los nombres de los lugares. El título sugiere que la biblioteca ayuda a preservar la identidad colectiva.
Además, una raíz alimenta un árbol. Del mismo modo, las palabras alimentan el pensamiento, la imaginación y el aprendizaje. La biblioteca es ese espacio donde las personas echan raíces intelectuales y culturales.
El título también alude a la etimología y a la curiosidad: al deseo de descubrir el significado profundo de las palabras, fomentando la lectura, la escritura y el pensamiento crítico.
Y, por último, habla de la conexión entre generaciones. Las raíces unen el pasado con el presente. Las palabras hacen algo parecido: transmiten experiencias, conocimientos y emociones de unas generaciones a otras.
En conjunto, "La raíz de las palabras" sugiere una biblioteca que no solo presta libros, sino que custodia la memoria del pueblo, fomenta el aprendizaje y la creatividad, da valor al lenguaje como herramienta para comprender el mundo y actúa como un lugar donde las personas pueden crecer sin perder sus raíces.
En un municipio con menos alternativas culturales, ¿qué papel cumple la biblioteca más allá del préstamo de libros?
En un pueblo de unos 3.500 habitantes, donde la oferta cultural suele ser más limitada que en una ciudad, la biblioteca puede convertirse en el centro cultural cotidiano del municipio: un espacio abierto, accesible y acogedor donde la cultura deja de ser un acontecimiento puntual para formar parte de la vida diaria.
Si el proyecto lleva por título "La raíz de las palabras", esa visión cobra aún más sentido. La biblioteca sería la raíz desde la que crecen la lectura, el pensamiento, la creatividad y la memoria compartida del pueblo.
No solo conserva palabras: las hace circular entre generaciones, crea nuevas conversaciones y fortalece el tejido social. En ese contexto, la biblioteca no es únicamente un servicio público, sino un lugar donde una comunidad se reconoce, aprende y se proyecta hacia el futuro.
El proyecto habla de combatir el aislamiento y reforzar la pertenencia. ¿Cómo puede la lectura ayudar a que una comunidad se sienta más unida?
La lectura tiene una capacidad singular para crear comunidad porque transforma una actividad aparentemente individual en una experiencia compartida. No une a las personas solo porque lean los mismos libros, sino porque les ofrece un lenguaje común para conversar, recordar, imaginar y comprenderse.
En una comunidad pequeña, esa función adquiere un valor especial.
La lectura genera conversaciones. Un libro puede ser el punto de partida para que personas de distintas edades y trayectorias compartan opiniones, recuerdos o emociones. Un club de lectura, una tertulia o un encuentro con un autor no son únicamente actividades culturales; son oportunidades para que vecinos que quizá nunca habrían hablado entre sí encuentren un espacio de diálogo.
También fortalece la identidad colectiva. Leer obras relacionadas con el territorio, recopilar historias locales o dar voz a los recuerdos de las personas mayores ayuda a reconocer que la historia del pueblo forma parte de una narración común. La biblioteca puede convertirse en el lugar donde esa memoria se conserva y se transmite.
Al mismo tiempo, la lectura desarrolla la empatía. Las novelas, los relatos y la poesía permiten mirar el mundo desde la perspectiva de otras personas. Esa capacidad de comprender experiencias diferentes favorece relaciones más respetuosas y una convivencia más sólida.
La lectura también reduce el aislamiento. Para quien vive solo, acaba de llegar al municipio o atraviesa una etapa difícil, la biblioteca puede ser el primer lugar donde participar en una actividad sin sentirse juzgado. Compartir una lectura ofrece una forma sencilla de integrarse en la vida comunitaria.
Por eso, en un proyecto titulado "La raíz de las palabras", la lectura puede entenderse como una raíz invisible que conecta a las personas. Igual que las raíces de un bosque entrelazan unos árboles con otros bajo la tierra, las palabras crean conexiones discretas pero profundas entre los miembros de una comunidad.
¿Qué actividades han funcionado mejor para implicar a distintas generaciones?
Las actividades que mejor funcionan en bibliotecas de municipios pequeños suelen tener una característica común: no se dirigen a un grupo de edad aislado, sino que crean ocasiones para que personas de distintas generaciones compartan una experiencia significativa. Cuando esto ocurre, la biblioteca deja de ser un lugar segmentado por edades y se convierte en un espacio de encuentro.
Algunas de las iniciativas con mejores resultados son los clubes de lectura intergeneracionales. No se trata solo de comentar un libro, sino de descubrir cómo una misma historia despierta recuerdos e interpretaciones diferentes según la edad de cada participante. La diversidad de miradas suele ser el principal atractivo.
También funcionan muy bien propuestas como "Los mayores cuentan", en las que las personas mayores comparten recuerdos sobre la vida del pueblo, oficios, fiestas, juegos o expresiones locales, mientras niños y jóvenes los registran en audio, vídeo o texto. El resultado puede formar parte del archivo de memoria local de la biblioteca.
Las lecturas compartidas entre abuelos, padres, madres y niños convierten la lectura en una experiencia afectiva y familiar. Y los talleres de historia y patrimonio local, a partir de fotografías antiguas, documentos o mapas, permiten que distintas generaciones reconstruyan juntas la historia del municipio.
¿Cómo se consigue que la biblioteca sea un lugar vivo para niños, familias, mayores y vecinos?
Una biblioteca se convierte en un lugar vivo cuando deja de entenderse como un espacio al que se va únicamente a buscar un libro y pasa a ser un lugar al que se va a estar, a participar y a encontrarse con otras personas.
Los libros siguen siendo el corazón de la biblioteca, pero alrededor de ellos se construyen experiencias que hacen que la comunidad la sienta como propia.
Para los niños, significa descubrir la lectura como una aventura y no como una obligación. Cuentacuentos, rincones de lectura, talleres creativos o actividades en vacaciones hacen que asocien la biblioteca con la curiosidad, el juego y la imaginación.
Para las familias, la biblioteca ofrece un tiempo compartido. Leer juntos, asistir a actividades o participar en talleres convierte la lectura en una experiencia familiar y fortalece los vínculos entre generaciones.
Para los jóvenes, puede ser un lugar donde estudiar, desarrollar proyectos, acceder a recursos digitales o participar en actividades culturales que les permitan expresarse y sentirse parte activa de la vida del municipio.
Para las personas mayores, la biblioteca representa un espacio de encuentro, aprendizaje y reconocimiento. Los clubes de lectura, las actividades de memoria, los encuentros sobre historia local o la alfabetización digital ayudan a mantener una vida cultural activa y a combatir la soledad.
Y para el conjunto de los vecinos, la biblioteca puede convertirse en una plaza interior: un lugar donde asistir a la presentación de un libro, visitar una exposición, escuchar música, participar en una conversación o simplemente coincidir con otras personas.
Lo que realmente hace que una biblioteca esté viva no es el número de actividades, sino la participación de la comunidad en su construcción. Cuando los vecinos proponen ideas, comparten conocimientos, donan fotografías antiguas, organizan clubes de lectura o colaboran en proyectos culturales, la biblioteca deja de ser un equipamiento que ofrece servicios para convertirse en un proyecto colectivo.
En un proyecto como "La raíz de las palabras", esta idea adquiere un significado especial. Así como las raíces de un árbol se fortalecen al extenderse y entrelazarse bajo la tierra, una biblioteca se fortalece cuando crea conexiones entre las personas. Su vitalidad no depende únicamente de los libros que alberga, sino de las conversaciones que provoca, de la memoria que preserva, de las historias que inspira y del sentimiento de pertenencia que ayuda a cultivar.
En un entorno rural, ¿qué retos específicos encontráis para fomentar la lectura?
En un entorno rural, fomentar la lectura implica afrontar retos que van más allá de despertar el interés por los libros. Tiene que ver con las oportunidades de acceso, los hábitos culturales, la demografía y la capacidad de la biblioteca para llegar a toda la población.
Uno de los principales retos es la dispersión de la población y la movilidad. No todas las personas pueden acercarse con facilidad a la biblioteca, especialmente quienes viven en núcleos alejados o tienen dificultades de desplazamiento. Esto exige pensar en servicios más próximos, horarios flexibles o actividades que salgan al encuentro de los vecinos.
Otro reto es el envejecimiento de la población. En muchos municipios rurales aumenta el número de personas mayores, algunas de ellas en situación de soledad. La lectura puede convertirse en una herramienta de bienestar y participación, pero requiere propuestas accesibles y adaptadas a sus intereses y necesidades.
También está la oferta cultural limitada. Aunque esto supone un desafío, también convierte a la biblioteca en un espacio especialmente valioso. Al ser uno de los principales referentes culturales del municipio, puede asumir un papel dinamizador que trasciende el préstamo de libros.
Como en cualquier lugar, las pantallas y el entretenimiento digital compiten por la atención. El reto no es enfrentar la lectura a la tecnología, sino demostrar que la lectura sigue ofreciendo experiencias de reflexión, creatividad y encuentro que ningún algoritmo puede sustituir.
También es importante mantener la continuidad de los hábitos lectores. Es frecuente que exista una buena participación en la infancia gracias a las actividades escolares, pero resulte más difícil mantener el vínculo con adolescentes y jóvenes. La biblioteca debe ofrecer espacios y propuestas en las que también ellos se sientan protagonistas.
Por último, están los recursos disponibles. Las bibliotecas rurales suelen trabajar con presupuestos y equipos reducidos. Esto hace especialmente importante la colaboración con centros educativos, asociaciones, voluntariado, clubes de lectura y otras instituciones del territorio.
Sin embargo, el entorno rural también ofrece ventajas que no siempre están presentes en las ciudades. La cercanía entre vecinos, el conocimiento mutuo y el fuerte sentido de comunidad facilitan que la biblioteca pueda convertirse en un auténtico punto de encuentro.
¿Hay alguna historia o momento del proyecto que refleje especialmente ese vínculo entre lectura y comunidad?
Sí. De hecho, los momentos que mejor reflejan el sentido de un proyecto como "La raíz de las palabras" no suelen ser los grandes eventos, sino esas pequeñas escenas cotidianas en las que la biblioteca deja de ser un edificio para convertirse en un lugar de encuentro.
Durante una actividad sobre la memoria del pueblo, se invitó a varias personas mayores a contar cómo era la vida cuando eran niños. Llevaron fotografías antiguas, recordaron palabras que apenas se usan ya y explicaron el significado de lugares que los más jóvenes conocían solo de nombre.
Los niños escuchaban, preguntaban y tomaban notas. Al terminar, una de las personas mayores comentó: "Pensaba que estas cosas ya no le interesaban a nadie". Uno de los niños respondió: "Ahora también son un poco nuestras".
En ese momento se entendió que la biblioteca no había organizado solo una actividad de lectura; había conseguido que una historia personal pasara a formar parte de la memoria compartida del pueblo.
Aunque sea una escena representativa, ilustra muy bien lo que ocurre cuando la lectura y las palabras sirven para conectar generaciones.
Hay otra imagen que resume esa misma idea: en un club de lectura, una novela provoca que una vecina recuerde la emigración de sus padres, otra persona hable de su llegada al municipio hace pocos años y un joven compare esa experiencia con la de un personaje del libro. Al finalizar, el libro ya no es el protagonista. Lo importante es que personas con trayectorias muy distintas han encontrado un espacio para escucharse y descubrir que comparten inquietudes y emociones.
En realidad, el mayor logro de una biblioteca no es que aumente el número de préstamos o de asistentes a una actividad, sino que empiece a generar momentos como estos: conversaciones que continúan en la plaza, familias que regresan cada semana, personas mayores que recuperan el deseo de participar o niños que crecen viendo la biblioteca como un lugar propio.
¿Qué le diríais a otras bibliotecas pequeñas que sienten que tienen pocos recursos para crear grandes proyectos?
Les diríamos que el valor de una biblioteca no se mide por el tamaño de su presupuesto, sino por la capacidad que tiene para generar vínculos. En las bibliotecas pequeñas, la cercanía con las personas es un recurso tan importante como cualquier inversión económica.
No hace falta organizar grandes eventos para tener un impacto significativo. A menudo, los proyectos que dejan más huella nacen de ideas sencillas: un club de lectura que se mantiene en el tiempo, un cuentacuentos donde las familias se sienten bienvenidas, una conversación con los mayores del pueblo, una exposición creada con fotografías de los vecinos o un rincón donde cualquier persona pueda detenerse a leer y conversar.
Lo que convierte una actividad en importante no es su dimensión, sino el significado que adquiere para la comunidad.
Las bibliotecas pequeñas cuentan, además, con una fortaleza que las grandes instituciones en ocasiones envidian: conocen a sus lectores por su nombre. Saben qué preocupa a las familias, qué intereses tienen los jóvenes, quién vive solo, quién acaba de llegar al municipio o quién guarda historias que merecen ser contadas. Ese conocimiento permite diseñar proyectos profundamente conectados con la realidad del lugar.
También merece la pena recordar que una biblioteca no tiene que hacerlo todo sola. Las escuelas, las asociaciones, los clubes deportivos, los grupos culturales, los comercios o los propios vecinos pueden convertirse en aliados. Cuando la comunidad participa, los recursos se multiplican y el proyecto deja de ser únicamente de la biblioteca para convertirse en un proyecto del pueblo.
Quizá el mensaje más importante sea no caer en la comparación con las grandes ciudades. El éxito de una biblioteca rural no consiste en replicar grandes programaciones, sino en responder a las necesidades de su entorno con creatividad, continuidad y cercanía.
Porque las grandes transformaciones no siempre comienzan con grandes recursos. Con frecuencia empiezan con una puerta abierta, una persona que se siente bienvenida y una historia compartida. Y eso está al alcance de cualquier biblioteca que crea en el poder de las palabras para reunir a las personas.
¿Qué significa para tu biblioteca recibir este premio?
Recibir este premio es, ante todo, un reconocimiento al papel que una biblioteca puede desempeñar en un municipio pequeño. Nos hace especial ilusión porque pone en valor un trabajo que muchas veces se construye día a día, con constancia, cercanía y la participación de toda la comunidad.
Este reconocimiento no pertenece solo a la biblioteca. Es también de los niños que llenan de vida nuestras actividades, de las familias que han hecho de la lectura un espacio compartido, de las personas mayores que han confiado en nosotros para conservar su memoria y de todos los vecinos que sienten la biblioteca como un lugar propio.
El premio nos anima a seguir creyendo que, independientemente del tamaño del municipio o de los recursos disponibles, una biblioteca puede convertirse en un motor cultural y social. Nos recuerda que la lectura no solo abre puertas al conocimiento, sino que también crea vínculos, fortalece el sentimiento de pertenencia y ayuda a construir comunidades más cohesionadas.
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Además, supone una oportunidad para dar visibilidad al trabajo que realizan tantas bibliotecas rurales. Son espacios esenciales para garantizar el acceso a la cultura, la educación y la participación, y demuestran cada día que la innovación no depende únicamente de los recursos, sino de la capacidad para escuchar a la comunidad y responder a sus necesidades.
Recibimos este premio con gratitud, pero también con responsabilidad. Es un estímulo para seguir desarrollando proyectos que acerquen la lectura a todas las personas y para continuar haciendo de la biblioteca un lugar vivo, abierto y acogedor.
Si "La raíz de las palabras" tiene un significado, este reconocimiento nos confirma que merece la pena seguir cuidando esas raíces: las palabras que nos unen, la memoria que compartimos y los vínculos que hacen más fuerte a nuestra comunidad.
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