¿Qué hacemos si nuestro hijo sufre un ataque de pánico?

Cómo identificar un ataque de pánico en los niños y cómo actuar.

El trastorno de pánico en los niños no es muy diferente al sufrido por el adulto. Es cierto que los pequeños interpretarán la sintomatología de una manera diferente a nosotros porque evolutivamente, en ocasiones, no se encuentran preparados.

La ansiedad activa el sistema nervioso ante situaciones que consideramos amenazantes y nos ayuda a sobrevivir por ser adaptativa; el problema surge cuando se vuelve intensa provocando malestar o sufrimiento a quienes la padecen.

Hablamos de ataque de pánico cuando nos encontramos ante un episodio de miedo extremo que altera nuestras capacidadescognitivas, fisiológicas y racionales. El trastorno de pánico puede durar unos minutos o prolongarse más tiempo, incluso más de una hora.

¿Cómo identificar un ataque de pánico en los niños?

El ataque de pánico no es frecuente en la infancia, aunque cuando aparece puede cronificarse. Se trata de un episodio de miedo extremo… Puede aparecer de manera puntual tras haber vivido una situación de ansiedad, por ejemplo la denominada ansiedad de separación que hace referencia a una sensación aversiva similar al miedo que experimentan, en algunas ocasiones, los niños cuando se separan de los padres a los que se encuentran vinculados afectivamente. Cuando la ansiedad de separación se mantiene durante bastante tiempo y se altera el comportamiento social del niño, podemos hablar de un trastorno afectivo con indicios patológicos. Una de las manifestaciones más frecuentes de este trastorno es la adaptación negativa del niño a la escuela infantil, su deseo de quedarse en casa con los papás y de no ir al colegio, la fobia escolar. También un terror determinado a un animal puede desencadenar un ataque de pánico o bien el nacimiento de un hermano.

Los ataques de pánico duran unos minutos y producen en los niños aumento de la frecuencia cardiaca, temblor, sudoración, escalofríos, mareos, vértigos, náuseas, molestias abdominales, sensación de atragantamiento, temblores, sensación de irrealidad, terror intenso… una alteración fisiológica muy intensa. Además aparece un malestar relacionado con el ahogo y tienen miedo a perder el control.

Podemos identificarlo mediante el reconocimiento de las fobias específicas que tienen los niños, aunque en algunas ocasiones pueden aparecer sin previo aviso estando en una situación segura.

¿Cómo actuar si nuestros hijos sufren un ataque de pánico?

Ante un ataque de pánico de nuestro hijo es necesario actuar con prudencia intentando calmar al niño en el momento de la crisis. Nos servirán de gran ayuda la respiración profunda y la contención mediante un abrazo, es decir, nos colocaremos junto a él, a su mismo nivel y le miraremos a los ojos comenzando a respirar… Podemos tomar sus manos e incluso sus brazos para subirlos y bajarlos mientras inspira y espira con nuestra ayuda, lo más importante es transmitirle seguridad y calma. En ocasiones, este trastorno tiende a cronificarse si no recibe el apoyo psicológico adecuado. Cuando no son tratados sus complicaciones pueden ser negativas ya que  pueden interferir con las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal del niño.

“Si no se diagnostica y se trata, el desorden del pánico y sus complicaciones pueden ser devastadores. Los ataques de pánico pueden interferir con las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal del niño o del adolescente. Los niños y adolescentes que padecen del desorden del pánico pueden comenzar a sentirse ansiosos la mayor parte del tiempo, aun cuando no están teniendo un ataque de pánico. Algunos comienzan a evitar situaciones que ellos temen le puedan producir un ataque de pánico, o situaciones donde puede que no haya ayuda disponible. Por ejemplo, un niño puede negarse a ir a la escuela o a separarse de sus padres. En los casos más severos, el niño o el adolescente pueden temer el salir de la casa. Este patrón de evitar ciertos lugares o situaciones, se llama "agorafobia". Algunos niños y adolescentes con desorden del pánico pueden desarrollar una depresión mayor y pueden correr el riesgo de un comportamiento suicida. Al tratar de reducir la ansiedad, algunos adolescentes con desorden del pánico usarán el alcohol o las drogas.

El desorden del pánico en los niños es muy difícil de diagnosticar. Ello puede ocasionar muchas visitas a médicos y muchas pruebas médicas que son caras y potencialmente dolorosas. Una vez ha sido propiamente evaluado y diagnosticado, el desorden del pánico usualmente responde bien al tratamiento. Los niños y adolescentes que presentan síntomas de ataques de pánico deben de ser evaluados primero por su médico de familia o pediatra. Si no se encuentra una enfermedad o condición física que cause los síntomas, se debe llevar al niño a un siquiatra de niños y adolescentes para que le haga una evaluación comprensiva.

Hay varios tipos de tratamiento que son eficaces. Hay medicamentos específicos que pueden detener los ataques de pánico. La sicoterapia puede también ayudar al niño y a la familia a aprender formas de reducir el estrés o los conflictos que pueden causar un ataque de pánico. Con técnicas que se enseñan en la "sicoterapia cognoscitiva del comportamiento", el niño puede también aprender nuevas formas de controlar la ansiedad o los ataques del pánico cuando estos ocurren. Muchos niños y adolescentes con el desorden de pánico responden bien a la combinación de medicamentos y sicoterapia. Con tratamiento, se puede poner término a los ataques de pánico. El tratamiento oportuno puede prevenir complicaciones del desorden de pánico, tales como la agorafobia, la depresión y el abuso de substancias.

 American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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