Técnicas que funcionan para enseñar autocontrol a los niños

Controlar sus emociones es un aprendizaje esencial para los niños

Debido a la delicada situación sanitaria en la que nos encontramos y la vuelta al colegio, los niños experimentan de nuevo sentimientos encontrados. Podemos definir la auto-regulación como la habilidad para actuar en base al conocimiento previo de nuestras emociones, cuyos fundamentos los hallamos en el autocontrol, la confiabilidad, la adaptabilidad y la innovación. Esta capacidad nos permite reflexionar acerca de las emociones propias que estamos viviendo, las causas de las mismas y cómo actuar en situaciones determinadas.

Técnicas específicas de auto-regulación emocional para desarrollar con nuestros hijos

La técnica de la "tortuga" 

Fue diseñada por M. Schneider (1974) como un método muy eficaz para el autocontrol de la conducta impulsiva en el aula, revelándose muy útil en situaciones de descontrol por carga emocional. Resulta de mucha utilidad en niños preescolares y hasta los 7 años de edad en entornos familiares. A partir de esta edad, la escenificación de la tortuga se utiliza como planteamiento lúdico de una técnica de relajación y autocontrol. 

El procedimiento será el siguiente:

1. Leer al niño la historia de la tortuga.

2. Con la imagen mental que provoca el cuento, se invitará al niño a dramatizar la sensación de frustración de la tortuga, su rabia contenida e intento de introducirse en el caparazón. Cuando la tortuga se introduce en el caparazón para vencer los sentimientos de rabia y furia, el niño escenificará esta actitud pegando la barbilla al pecho, colocando los brazos a lo largo del cuerpo y presionando fuertemente barbilla, brazos y puños cerrados, mientras cuenta hasta diez. La distensión posterior provocará una relajación inmediata.

3. Esta sesión concluye invitando al niño a realizar "la tortuga" en aquellos momentos en los que el enfado o la agresividad le desborde.

4. Para motivar la aplicación de esta técnica, se propone al niño un refuerzo: una tortuguita de verdad. Si aplica la técnica de la tortuga obtendrá puntos para la tortuga de verdad.

5. Se dibujará una tortuga grande en cartulina. El caparazón de la tortuga estará cubierto de "escamas"-casillas, que serán los puntos a conseguir (se empezará poniendo un número reducido de casillas para completar los puntos necesarios para  una primera tortuga; posteriormente puede continuarse la técnica, si procede, dibujando una segunda tortuga con más casillas).

6. El niño podrá tachar o colorear una de las "escamas" en dos ocasiones: 1) si ha conseguido hacer la tortuga en un momento difícil o 2) si ha recordado que se iba a descontrolar.

7. Se reforzarán los avances en el cartel de la tortuga con algún elogio o premio. 

La caja de la rabia

Es una técnica diseñada por la psicóloga española Marina Martín que está basada en el cuento infantil "Vaya Rabieta", de la escritora francesa Mireille d´Allancé. La historia versa sobre Roberto, un niño que tiene un mal día ya que recibe varias reprimendas, por lo que termina frustrándose y expresa su enfado con una gran rabieta. En el cuento, la rabieta se ilustra como un gran monstruo que sale del niño y que controla todos sus actos, destruyendo todo lo que encuentra a su paso. Sin embargo, cuando Roberto se percata del daño que está provocando, decide arreglar todo lo que destruyó. Así, a medida que va arreglando las cosas, el monstruo se va haciendo cada vez más pequeño hasta que es tan pequeñito que Roberto lo encierra dentro de una caja para no dejarlo salir nunca más.

¿Cómo aplicar la técnica de la caja de la rabia?

  • La caja de la rabia es una técnica muy fácil de aplicar. Básicamente, cada vez que el niño tiene una rabieta o se siente frustrado debe plasmar su enfado en un dibujo libre, una estrategia que le permitirá canalizar sus emociones, relajar las tensiones acumuladas y aliviar la frustración.

  • Al terminar el dibujo, es probable que su enfado también haya pasado. Entonces el niño debe contemplar lo que ha dibujado para concienciar las emociones que ha plasmado en el papel, en este momento se le puede pedir que le haga "manos" y "pies" a su dibujo para que personalice a su monstruo de la rabia, lo cual hará que la técnica sea aún más divertida. A continuación debe arrugar el papel, y con él al personaje, y depositarlo en una caja con tapa para que su monstruo de la rabia no vuelva a salir.

  • Lo más importante de esta técnica es que el niño haga consciente sus emociones descontroladas y que aprenda a controlarlas de forma sencilla. Esta simple estrategia le ayudará a redirigir su enfado hacia emociones más positivas, a la vez que le enseñará a controlar sus arranques de ira o agresividad.

  • En el siguiente vídeo podéis encontrar el cuento. 

 

Aprender a gestionar la frustración

"Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos.  Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse"

La etapa infantil se caracteriza por el egocentrismo, los niños piensan que todo el mundo gira a su alrededor y pueden conseguir consiguen al momento lo que piden. No tienen desarrollado el concepto del tiempo ni la capacidad de pensar en necesidades de los demás. Es entonces cuando hay que empezar a enseñarles a tolerar la frustración. Si les damos todo lo que piden no aprenderán a tolerar el malestar que provoca la frustración y a hacer frente a situaciones adversas, si intentamos complacer  siempre y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favoreceremos su desarrollo pleno e integral como personas. La situación actual de pandemia que estamos viviendo nos está permitiendo desarrollar tolerancia a la frustración y capacidad de resiliencia en los más pequeños, de hecho, son mucho más resilientes de lo que pensamos.

¿Cómo actúan cuando se frustran?

  • Con excesivas exigencias y demandas.
  • Con dificultades en el manejo y en la gestión de las emociones.
  • Buscando satisfacer sus necesidades de manera inmediata.
  • Con impulsividad e impaciencia.
  • Mostrándose poco flexibles ante nuevas situaciones.
  • Pensando que "todo gira a su alrededor".
  • Pensando que "todo es blanco o todo es negro".
  • Desarrollando rabietas y llanto de manera continuada.
  • Desarrollando ansiedad. 

La importancia del lenguaje positivo

En estos momentos las frases en positivo y en presente constituyen la forma más rápida de hacer cambios mentales.  Debemos tener en cuenta que todas aquellas que utilicemos en presente y positivo serán como una varita mágica que nos enfocará hacia nuestro objetivo con nuestros hijos. Cuanto más positivos seamos, mejores resultados obtendremos, ya que nos enfocaremos en lo que queremos prioritariamente y dejaremos de lado lo que no queremos. Las palabras positivas deben predominar en nuestras conversaciones.

La palabra "pero":

La palabra "pero" nos deja fuera de lugar y deja derrumbado a nuestro hijo. Veamos un ejemplo:

  • "Juan, has recogido muy bien tu habitación, pero podías haberlo hecho un poco más rápido"De esta manera, aunque recoger sus cosas haya valido la pena, la forma de decírselo  no le ha gustado y  ha quitado valor a su "hazaña".
  • Podríamos decir: "Juan, has recogido muy bien tu habitación, quizá podías haberlo hecho un poco más rápido ..."

Otras palabras: Siempre, nunca, todo, nada...son muy categóricas, es conveniente que las aprecien como percepciones de ellos que suceden de forma puntual.

Los buenos recuerdos:

Si dedicas un ratito al día para que tus hijos te puedan contar situaciones que les gustan, les impactan, todos estaréis más felices y con mejor actitud. Si, además, los buenos recuerdos se comparten, nos benefician más todavía, pues somos seres sociales y nos encanta caer bien y que nos reconozcan lo bueno que tenemos y hemos hecho.

La gratitud:

Enseñar gratitud a tus hijos te va a aportar mucha satisfacción. Agradecer te hace sentir bien y vas a dar una sensación de comodidad a los niños tanto si la gratitud viene hacia nosotros mismos o va dirigida a otros. De forma inmediata comenzaréis a sentiros más felices más relajados y más optimistas.

Se pueden ir haciendo cambios hacia una actitud mental positiva si consigues que ellos cada día tengan más pensamientos positivos.

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
https://roaeducacion.wordpress.com/

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