Educa a tus hijos para que sean personas optimistas

Cómo crear un hogar optimista. Educar en el optimismo.

Cuando hablamos de pensamiento positivo, contemplamos las posibilidades agradables y óptimas de cualquier acontecimiento o problema, independientemente de las dificultades que estos lleven consigo. Ante situaciones que quizá no son “tan terribles como parecen” podemos practicar optimismo. Lo contrario a optimismo es pesimismo, el pesimismo o pensamiento negativo sólo nos muestra errores y lamentos.

El estilo de pensamiento, igual que la autoestima y el autoconcepto, se va aprendiendo durante nuestro desarrollo evolutivo, los niños contemplan cómo van reaccionando mamá, papá o las personas de sus entornos más inmediatos ante los problemas que se les presentan.

Un niño optimista se ilusiona con los acontecimientos que van guiando su vida, está motivado y no se imagina que puedan ocurrirle una serie de desgracias encadenadas. En las situaciones más adversas, en un hogar optimista se reflexiona se piensa que los propios errores o fracasos servirán de ejemplo para una posterior superación (“la próxima vez será mejor”) y se esfuerza en modificar determinados aspectos que han influido en el resultado no logrado. Un hogar menos optimista (que roza el pesimismo en ocasiones) se aferra a una serie de circunstancias que según sus componentes están lejos de su ámbito de influencia y que, por tanto, no pueden hacer nada para modificarlas y determinar un resultado más beneficioso. Estos últimos se aferra a “no cambiar las cosas”, la conocida indefensión aprendida ejemplificada en el magnífico relato de Jorge Bucay, “El elefante encadenado”.

Como comentábamos antes, desde pequeños/as aprendemos un estilo de pensar y comenzamos a aplicarlo. Poco a poco empezamos a interiorizarlo, forma parte de nosotros, y cuánto más mayores somos, más nos cuestan sus modificaciones; si desde la infancia se aprende a funcionar en “positivo”, se triunfará con más facilidad.

¿Cómo se puede enseñar a un/a niño/a a ser optimista?

El estilo de pensamiento tiene un niño se conoce por medio de su lenguaje. Sus expresiones frecuentes y sus narraciones nos darán pistas de cómo encauza los conflictos.

El niño aprenderá el optimismo educando su estructura de pensamiento.

Primero se entrenará identificando su emoción y qué pensamientos le provocan reacciones negativas. Posteriormente le enseñaremos a gestionar todo este proceso.

Si nos encontramos con expresiones catastrofistas, en las están presentes las palabras “siempre” o “nunca”, será conveniente que el niño aprenda a sustituir estos mensajes por otros con palabras más ocasionales y menos absolutas.

Quizá en algún momento, el niño permanezca en silencio y se decante en última instancia por rendirse. Por ejemplo, “esos niños me van a decir que no quieren que juegue con ellos”; lo más adecuado en este caso sería reformular la frase en positivo, “voy a intentar jugar con esos niños”.

¿Cómo son los niños otpimistas?

  1. Describe una situación difícil y un error que ha cometido por actuar de una determinada manera, pero no se descalifica a sí mismo.
  2. Sabe que los problemas son temporales y busca soluciones para atajarlos.
  3. Saca provecho de los conflictos desarrollando hábitos saludables de crecimiento y superándose a sí mismo.
  4. Desarrolla al máximo sus capacidades.
  5. Su fortaleza frente a las enfermedades es mayor.
  6. Sabe que si actúa correctamente vencerá las dificultades y podrán hacerse realidad sus expectativas.

“CUANDO HABLAMOS DE EDUCAR EN EL OPTIMISMO NOS REFERIMOS A ADOPTAR EL PENSAMIENTO POSITIVO COMO HÁBITO DE VIDA”

Educar en el optimismo

Educar y formar niños optimistas es una labor diaria,  nosotros como padres podemos enseñar y ellos pueden aprender, somos sus modelos.

Nuestras acciones cotidianas serán las respuestas a sus preguntas más básicas, y, observándonos, aprenderán e interiorizarán optimismo o pesimismo. Una actitud optimista nos servirá para diferenciar “aquello que los niños hacen” de las características que conforman su personalidad “aquello que los niños son”.

Tendremos en cuenta que el hecho de equivocarse forma parte de su crecimiento, estamos hablando del aprendizaje ensayo-error; por todo esto cuidaremos la forma en que corregimos a nuestros hijos, puesto que con palabras positivas llegarán a valorar y a resolver situaciones complejas y no se descalificarán a sí mismos.

Si en casa utilizamos el sentido del humor y les enseñamos a valorar lo que realmente importa, evitando preocuparse en exceso de aquello que sin duda pasará pronto, aprenderán a gestionarse mucho mejor en el día a día.

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com/

 

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