Ritual para la hora de dormir de los niños

Pautas para la hora de dormir de los más pequeños

La hora de dormir es un momento clave que clausura el día y da paso al sueño. Para lograr que esta transición sea lo más serena posible, ¿por qué no inventar un «ritual» a la medida de cada niño? La psicóloga Christine Brunet nos ofrece algunas buenas ideas.

Ritual hora de dormir

Algunas pautas sencillas

Hay niños que se duermen con facilidad; otros necesitan compañía. Para estos últimos, puede resultar útil un «ritual» a la hora de irse a dormir. Aunque la expresión pueda parecer complicada, se trata de algo sencillo: unos cuantos recursos, destinados a tranquilizar al niño, a pasar un rato agradable con él y a ayudarlo a dormirse plácidamente. No existe un «ritual tipo»: cada padre, en función de sus deseos y de las necesidades de su hijo, puede inventar uno. Aun así, sí cabe señalar algunas pautas para establecer un ritual eficaz y que los padres puedan tener en cuenta a la hora de crear el suyo propio.

Una repetición tranquilizadora

Sin ser excesivamente estricto, un ritual cumple mejor su función si sigue un guión preciso, con momentos que se suceden siempre en el mismo orden: por ejemplo, primero, el cuento; luego, el vaso de agua y, al final, los mimos. El niño se siente más tranquilo si puede anticipar el desarrollo de los acontecimientos. Esto le ayuda a superar las pequeñas angustias que pueden surgir en este delicado momento de dormirse y «separarse» de papá y mamá.

Límites que hay que respetar

Una vez que se ha organizado bien el ritual, más vale atenerse siempre al mismo guión y evitar ir añadiendo episodios.  Ante los intentos del niño de alargarlo todo lo posible para retrasar el momento de la separación, hay que mantenerse firmes... por el bien de todos: por el bien del niño, que no se va a sentir más seguro por mucho que se salga con la suya y sus padres no le impongan unos límites; y por el bien de los padres, que necesitan un tiempo para ellos, entre adultos, mientras el niño duerme tranquilamente.

Calma y dulzura

Luz tenue, un tono suave de voz, unos mimos dulces: hay que crear un ambiente de total distensión durante este periodo de transición entre la agitación de la tarde (los juegos, el baño, la cena...) y el sueño. Por lo tanto, prohibida la música alta o animada, los juegos demasiado estimulantes y las cosquillas, que podrían espabilar al niño en lugar de ayudarle a conciliar el sueño. Y, por último, aunque el niño pida otro cuento, insista y se levante una y otra vez, es imprescindible mantener la calma y, por supuesto, no levantar la voz para no romper esta atmósfera de relajación.

Historias relajantes

La hora de dormir es el momento ideal para contar un cuento, leerlo e, incluso, inventárselo. Al embarcar al niño en este viaje por el mundo de la fantasía, se le da la oportunidad de vivir muy distintas emociones y de identificarse con uno u otro personaje. En definitiva, es una buena manera de distanciarse de las cosas que hayan podido causarle malestar a lo largo del día y de relativizar alguna experiencia desagradable que haya podido vivir. Así, podrá dormirse tranquilo, liberado de tensiones. Hay que permitirle elegir el cuento: si pide uno concreto, es porque le «sienta» bien.

Ternura

A la hora de dormir, nada como unos mimos. Por supuesto, los intercambios de ternura tienen un lugar privilegiado en el ritual. Pero meterse en la camita con el niño no es necesariamente una buena idea: su cama es su territorio, exactamente igual que la cama de matrimonio es el territorio de los padres... A cada uno, lo suyo. Se puede, por ejemplo, poner una silla junto a su cama, o tumbarse con él en la alfombra. No hay que olvidar que las posibilidades de cercanía son muchas...

Isabelle Gravillon

 © Revista Popi

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