Si tu adolescente dice que este curso le da igual, quizá no es pasotismo

Cuando la indiferencia puede ser una coraza para no mostrar miedo


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 4 de agosto de 2026 08:01 | Modificado: 4 de agosto de 2026 08:09


Empieza el curso, aparecen los libros, los horarios, los mensajes del instituto y las conversaciones familiares sobre "este año hay que ponerse las pilas". Y entonces tu hijo adolescente suelta una frase inesperada: "me da igual".

Me da igual el curso. Me dan igual las notas. Me da igual repetir. Me da igual todo.

si tu adolescente te dice que le da igual el curso

La reacción inmediata suele ser enfadarse. Porque suena a desafío, a vagancia, a falta de respeto o a una provocación calculada. Pero, en muchos casos, esa indiferencia no es tan simple como parece. A veces no es pasotismo: es una defensa.

Cuando decir "me da igual" evita decir "no puedo"

Muchos adolescentes prefieren parecer desinteresados antes que reconocer que tienen miedo. Miedo a volver a suspender, a no estar a la altura, a decepcionar a sus padres, a compararse con otros o a confirmar que "no valen para estudiar".

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Algunos estudios recoge que el 59% de los jóvenes considera que los niños de hoy sienten más presión adulta por tener éxito que la que tuvieron sus padres cuando eran niños. Esa presión, en plena adolescencia, puede convertirse en bloqueo, irritabilidad o rechazo.

Por eso, cuando un adolescente dice "me da igual", quizá está diciendo otra cosa: "no quiero ilusionarme por si fracaso", "prefiero que pienses que paso antes de que veas que me cuesta", "si no lo intento, al menos no pierdo".

La autoestimaacadémica pesa mucho. Si un chico se siente torpe, etiquetado o comparado, puede dejar de esforzarse no porque no le importe, sino porque intentarlo le expone demasiado.

Cómo responder sin aumentar la distancia

Responder con "eres un vago", "así no vas a llegar a nada" o "ya verás cuando suspendas" suele cerrar la puerta. Puede que consiga silencio, pero no motivación.

Funciona mejor bajar el pulso y preguntar: "¿qué es lo que más te agobia de este curso?", "¿hay alguna asignatura que te preocupe?", "¿por dónde podríamos empezar?". No se trata de justificarlo todo, sino de separar la actitud del problema real.

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También ayuda marcar objetivos pequeños y concretos: organizar la primera semana, revisar una asignatura difícil, pactar horarios realistas o pedir ayuda antes de que llegue el suspenso. La participación de niños y adolescentes requiere espacios seguros donde puedan expresarse sin miedoy sentirse escuchados.

La motivación no siempre vuelve con una bronca. A veces empieza cuando el adolescente deja de sentirse juzgado y empieza a sentirse acompañado. Porque detrás de un "me da igual" puede haber mucho más que desgana: puede haber miedo a volver a intentarlo.

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