Las 5 ventajas de la siesta del bebé

Beneficios de la siesta en los niños

Las 5 ventajas de la siesta del bebé

La siesta, ese sueñecito de después de comer, es muy beneficiosa para tu hijo. No tengas prisa por suprimirla. Marie-Joseph Challamel, pediatra y especialista del sueño, te ofrece sus consejos.

El sueño diurno se va reduciendo poco a poco a lo largo de la infancia. Al principio, ocupa casi la totalidad del día del recién nacido. Hacia los 6-9 meses, el niño ya solo duerme tres veces al día: al final de la mañana, después de comer y al caer la tarde. Entre los 9 y los 12 meses, lo primero que desaparece es la siesta de segunda hora de la tarde. Y entre los 15 y los 18 meses, cae la de la mañana. Entonces solo queda la siesta de después de comer, que no desaparece hasta que los niños cumplen entre 3 y 6 años, según los casos. Sería una lástima suprimir esta última siesta antes de tiempo, porque es muy beneficiosa para tu hijo.

1. La siesta se ajusta al ritmo biológico del niño

Todos experimentamos un descenso de la atención después de comer, tanto los niños como los adultos. En ese momento, sentimos una necesidad casi fisiológica de descansar. Esa pequeña caída del rendimiento es debida a la digestión. Parece que se trata de una ritmo biológico innato, genéticamente programado. Los romanos cumplían con esta exigencia de la naturaleza: cada día, cuando sonaba la sexta hora después del amanecer –la palabra “siesta” viene precisamente del término latino sexta- descansaban un rato, después de comer.

Hoy en día, muchos adultos hemos olvidado la sana costumbre de la siesta. Salvo en algunos países, como Japón, donde muchas empresas han dispuesto salas de descanso al constatar que esta pausa de mediodía mejora el rendimiento en el trabajo.

Aunque los adultos logren, mal que bien, prescindir del sueño diurno que les dicta su reloj biológico, no ocurre lo mismo con los niños. La gran mayoría necesita imperativamente dormir la siesta hasta los 5 años en aras de su bienestar, su estabilidad emocional y la calidad de sus aprendizajes.

2. La siesta prepara a tu hijo para el sueño nocturno

Si un niño no duerme la siesta cuando lo necesita, por la tarde estará nervioso, agresivo, irritable y caprichoso. Y llegará a la hora de acostarse en un estado de gran excitación, por lo que le costará dormirse. Su sueño nocturno estará hipotecado por el déficit de sueño diurno.

Por eso la siesta es la mejor garantía de una noche tranquila. Proporciona a tu hijo una interrupción salvadora durante el día, le permite desconectar del ajetreo ambiental y disminuir el estrés durante un ciclo de sueño, gracias a lo cual no llega a la noche agotado físicamente, con los nervios de punta y al borde de la ruptura.

De todos modos, hay que tener cuidado con las siestas inacabables, porque pueden resultar poco productivas. Es importante que el niño se despierte de la siesta no más tarde de las 15.30 h, de no ser así, acabará durmiéndose más tarde por la noche. Es fundamental que el periodo de sueño nocturno vaya precedido de un largo periodo de vigilia.

No dudes en despertar a tu hijo al cabo de una hora u hora y media. Hazlo cuando empiece a moverse, eso es signo de que está en una fase de sueño ligero antes de volver iniciar un nuevo ciclo. Así evitas interrumpir el sueño profundo y que esté de mal humor las horas siguientes. ¡No es eso lo que quieres!

3. La siesta relaja el cuerpo y el cerebro

El simple hecho de acostarse hace que tu hijo descanse su cuerpo, que el resto del día permanece en posición vertical. Cuando está de pie o sentado, sus vértebras están comprimidas, la circulación sanguínea no fluye con total libertad y tiene algunos músculos contraídos de forma permanente.

Al echarse, se libera de esas tensiones. Y, al cerrar los ojos, también deja durante un tiempo de captar las informaciones de su entorno y de transmitirlas a su cerebro, que por fin puede dejarse llevar. Es un reposo muy oportuno para este órgano en plena efervescencia en una época de la vida en la que los aprendizajes y descubrimientos se suceden sin solución de continuidad.

Diversos estudios llevados a cabo con niños de Educación Infantil demuestran que la siesta hace que los pequeños estén más atentos por la tarde.

4. Al no tener sueños ni pesadillas, reconcilia al niño que duerme mal con el sueño

La siesta se compone principalmente de un sueño lento y profundo, casi nunca paradójico o en muy pequeña medida, por lo que la posibilidad de sufrir pesadillas es casi nula. Poder abandonarse en los brazos de Morfeo sin que lo asalten monstruos horribles o brujas malas permite al niño al que no le gusta dormir descubrir el lado bueno del sueño.

La siesta causa menos ansiedad porque la casa sigue viva mientras el niño duerme. Sus padres o su niñera están en la habitación de al lado, despiertos. En general, lo más recomendable para no alterar sus puntos de referencia sobre la alternancia día/noche, es que el niño duerma la siesta con luz de día o en una ligera penumbra, pero nunca en la oscuridad absoluta. Lo cual es un  motivo menos de inquietud para algunos niños y puede reconciliarles con el sueño.

5. La siesta limita el riesgo de terrores nocturnos

Cuando un niño no duerme la siesta, puede sufrir una carencia de sueño lento y profundo que compensará con un aumento del sueño lento y profundo a la noche siguiente.

Entonces, a menudo el primer ciclo no contiene una fase de sueño paradójico y el niño encadena dos ciclos sucesivos de sueño lento. Ahora bien, sumirse en un sueño demasiado profundo sin lograr aligerarlo para acceder a la fase en la que se producen los sueños favorece la aparición del terror nocturno en la primera parte de la noche. Entonces el niño se pone a gritar y, como está profundamente dormido, no responde a los intentos de sus padres por tranquilizarlo.

Es una experiencia impresionante y bastante desagradable, sobre todo para los padres, porque, a la mañana siguiente, el niño no recuerda nada. De modo que si una buena siesta evita los terrores nocturnos, sin duda merece la pena.


Isabelle Gravillon, con la colaboración de Marie-Challamel, pediatra y especialista del sueño.

© Enfant Magazine

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