El maestro amable y el niño travieso. Cuento infantil sobre el mal comportamiento

Cuento para niños con mala conducta

Este cuento habla de un niño con mal comportamiento que, no cambiaba de actitud con castigos o cachete. Habla de un niño que, sin embargo, comenzó a portarse bien cuando un profesor logró llegar hasta su corazón, ¿cómo lo hizo? Os invitamos a leer este bello cuento: El maestro amable y el niño travieso para enseñar a los niños con mala conducta a portarse mejor.  

Cuento infantil sobre la mala conducta: El maestro amable y el niño travieso 

Cuento del maestro amable y el niño travieso

Hace mucho tiempo había un niño que era tan lindo, como travieso; de hecho, travieso, quizás, se quede corto para describir su carácter. Digamos que era un verdadero trasto. Su nombre era Luis. 

Luis simplemente no podía quedarse quieto. Este temperamento a menudo le costaba caro, especialmente en la escuela. Es posible que te preguntes por qué le sucedía esto al niño. Bueno, debes saber que los hechos que vamos a contar se remontan a mucho tiempo atrás, prácticamente a la época en que tus abuelos y abuelas también asistían al colegio.  

En aquel entonces, muchos profesores tenían la costumbre de dar castigos muy severos a los alumnos que cometían algún error. Las duras lecciones de los maestros eran estas:

  • Tirar de las orejas
  • Golpear con la regla en la palma de la mano
  • Poner al niño de rodillas
  • Llevar un gorro con orejas de burro. 
  • Tener que escribir frases en la pizarra como "Soy un niño malo porque no escucho a los maestros cuando explican"

De todos estos castigos, no había ninguno que Luis no hubiera recibido y sufrido. Con su nerviosismo e inquietud, prácticamente recibía un castigo todos los días.

Debido a su temperamento tan inquieto,  nuestro protagonista fue castigado todos los días. Por eso la escuela para él era más un lugar de tormento que un lugar para aprender y crecer.

Durante algún tiempo (estamos hablando de al menos un par de años), Luis siguió recibiendo castigos. Pero un buen día llegó a la escuela un nuevo maestro. Se presentó a los niños y les dio este discurso:

- Niños, soy un maestro al que no le gusta dar castigos y aunque algunos de ustedes sean unos traviesos, seguiré fiel a mis principios. Y si hay algún niño entre ustedes que sea tan indisciplinado como para impedirme trabajar y explicar las lecciones, no recurriré al uso de castigos, sino que me iré, para no ir en contra de mis valores. ¿He sido claro?, dijo el profesor muy tranquilo y seguro.

- Síííí - respondieron a coro todos los niños de la clase de Luis (y obviamente él también estaba en el coro).

Luis no podía creer lo que oía, un maestro que no castigaba ni golpeaba, ni siquiera si se portaba mal. Así Luis, a partir de ese día, se entregó aún más a la loca travesura y fue más indisciplinado que nunca

Después de un tiempo sucedió que el nuevo maestro llegó a la clase y comentó que tenía algo importante que decirles: 

- Escúchenme bien niños. ¿Recuerdan el día que nos conocimos, cuando les dije que soy un maestro al que no le gusta castigar?, ¿Recuerdan cuando les dije que si hubiera algunos alumnos demasiado indisciplinados y no lograba hacerme con ellos, no rompería mi pacto y me iría?" 

- Sí, sí, dijeron sorprendidos los niños.

- Bueno niños, ya que al parecer hay alguien entre ustedes que en realidad me está impidiendo trabajar, y no logro que atienda, he decidido irme. Antes de recurrir al castigo, a los gritos y a los golpes, me marcho, dijo muy serio el maestro.

Cuando el pequeño Luis se dio cuenta de lo que acababa de decir el nuevo maestro, aquel maestro tan amable, algo se rompió dentro de él. La idea de que pudiera irse le recordó todos los castigos que había recibido hasta el día en que él mismo llegó. 

Luis entendió que, si este nuevo maestro se iba, volvería uno de los maestros habituales, uno de esos que no se lo habrían pensado dos veces antes de recurrir al cachete para disciplinar a chicos como él. Ante este pensamiento, Luis comenzó a temblar; empezó a comprender la grave pérdida que sufriría si este nuevo maestro los dejaba. 

Entonces Luis, pidiendo permiso al maestro para hablar, dijo:

- Maestro, no quiero que se vaya, no quiero otro profesor, quiero que usted nos dé clases.

- Querido Luis, no habría pensado en irme si se hubieras portado bien; pero fue usted, con su comportamiento, quien me empujó a tomar tal decisión. 

- Maestro, por favor - respondió Luis -, no se vaya. Le prometo que cambiaré. Le prometo que nunca volveré a portarme tan mal. No quiero que  se vaya. Voy a cambiar. Y diciendo eso, Luis comenzó a llorar.

Ante esa escena, el maestro se emocionó y, volviéndose hacia nuestro pequeño alumno, dijo:

- Luis le doy una oportunidad más. Úsela bien, no habrá otra, - sentenció el maestro. 

- Sí, sí, maestro. Le prometo que cambiaré, dijo Luis muy seguro.

Y así fue como Luis cambió a partir de ese día. Ya no parecía la misma persona. Había aprendido la lección y se convirtió en un alumno verdaderamente ejemplar, tan ejemplar que el nuevo maestro empezó a tomarlo como ayudante. Y desde entonces los dos han colaborado juntos. Luis ya no se aprovechó de la bondad del nuevo maestro y dejó de portarse mal sin recibir ningún castigo. Luis realmente había cambiado. Ya de mayor, estudió para ser profesor, quería ser tan bueno como su maestro. Le tuvo siempre en el recuerdo, porque era uno de esos profesores que dejan huella en el corazón de sus alumnos.

Preguntas para que los niños reflexionen

Luis recibía castigos por portarse mal en clase, ¿quién lo hacía mal, Luis por portarse mal o los profesores por ser tan duros?

¿Cómo definiría al nuevo profesor? ¿Qué tenía de especial en comparación con los demás?

¿Qué aprendió Luis sin que nadie le diera una cachetada o un grito?, ¿cómo lo hizo? 

¿Por qué el profesor dejó una huella imborrable en Luis? 

Anatol Lapifia

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