Cuando tu hijo no quiere ir de campamento

Lo que puede esconder un “no quiero ir” que muchos padres interpretan mal


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 3 de agosto de 2026 10:45 | Modificado: 3 de agosto de 2026 10:55


Para muchos padres, un campamento de verano parece el plan perfecto: naturaleza, juegos, piscina, nuevos amigos, actividades al aire libre y unos días para que los niños ganen autonomía. Pero entonces llega la frase inesperada: "no quiero ir". Y lo que parecía una oportunidad maravillosa se convierte en un pulso familiar.

no quiero ir de campamento

La primera reacción suele ser insistir. "Te lo vas a pasar genial", "todos los niños van", "no puedes quedarte en casa siempre", "ya verás como luego no quieres volver". Puede que sea verdad. Pero también puede que, en ese momento, el niño no esté escuchando entusiasmo, sino presión.

No siempre es capricho, a veces es miedo

Un niño puede no querer ir de campamento por muchas razones. Puede tener miedo a dormir fuera de casa, vergüenza de no conocer a nadie, inseguridad para hacer ciertas actividades, temor a que se rían de él, preocupación por separarse de sus padres o una mala experiencia previa.

También puede haber algo más concreto: no sabe nadar bien, le preocupa cambiarse delante de otros, le cuesta dormir sin su rutina, tiene miedo a la oscuridad, no quiere compartir habitación o se agobia con grupos grandes. A veces dice "no quiero ir" porque no sabe decir "me da miedo sentirme solo".

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Forzar sin escuchar puede convertir el campamento en una amenaza. Y obligarle a ir "para que se espabile" no siempre aumenta la autonomía; a veces aumenta la desconfianza.

Cómo ayudar sin convertirlo en una batalla

Antes de cancelar o imponer, conviene preguntar con calma: "¿qué es lo que no te apetece?", "¿hay algo que te preocupa?", "¿qué tendría que pasar para que te sintieras más seguro?". La respuesta puede dar muchas pistas.

Ayuda conocer juntos el lugar, ver fotos, hablar con los monitores, elegir un campamento más corto o permitir que vaya con un amigo. También se puede pactar una llamada, preparar una mochila con algún objeto familiar o empezar por una actividad de día antes de pasar a dormir fuera.

El objetivo no es evitar todos los miedos, sino acompañarlos. Hay niños que necesitan un empujón y otros que necesitan más tiempo. La clave está en distinguir una resistencia normal de una angustia real.

Un campamento puede ser una experiencia preciosa, pero no debería empezar con la sensación de que nadie le ha escuchado. Porque la autonomíano se construye empujando a un niño al vacío, sino ayudándole a sentirse capaz de dar el paso.

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