Depresión y embarazo

Se habla de la depresión postparto, pero ¿qué hay de la depresión durante el embarazo?

Diversos estudios corroboran que tener un historial de depresión o de síndrome premenstrual severo (irritabilidad, cambios de humor, retención de líquidos, hinchazón, molestias abdominales... que se dan en algunas mujeres durante los días previos a la regla) aumenta el riesgo de depresión durante las diferentes etapas del embarazo.

Factores de riesgo para la depresión en el embarazo

• La edad en que se produce el embarazo (cuanto más joven, mayor el riesgo). • No tener pareja estable. • Tener pocos apoyos familiares o escaso apoyo social. • Tener más hijos (cuantos más hijos se tienen, mayor el riesgo de depresión en los embarazos siguientes). • Tener problemas de pareja (de malos tratos físicos o psíquicos, incomunicación, falta de afecto o apego a la pareja...) • Experimentar sentimientos ambivalentes acerca del embarazo. • Estar estresada. La propia ansiedad derivada de la gestación y sus inconvenientes (aumento de peso y otros cambios físicos, cansancio...) puede aumentar el riesgo de depresión, y también el riesgo de recaída o empeoramiento cuando ha habido una depresión anterior. Además, la depresión durante el embarazo aumenta el riesgo de sufrir una depresión postparto.

¿Qué hacer si estás embarazada y deprimida?

Los psicólogos especializados en temas de embarazo y maternidad recomiendan: 1. Cuidar de la propia salud. La embarazada que cuida de sí misma, cuida también de su bebé. 2. Prestar atención al aspecto físico (el embarazo no supone una licencia para el abandono). 3. Hablar de las preocupaciones con la familia, amigos o personas de confianza. (Recuerda que las personas que saben pedir ayuda suelen encontrarla generalmente y que, a veces, la falta de apoyo es consecuencia de falta de comunicación). 4. Consultar al médico de cabecera, ginecólogo u obstetra acerca de la conveniencia de seguir alguna terapia psicológica. 5. Dedicar un tiempo cada día al ocio o alguna actividad que nos guste especialmente. 6. Rodearse de personas positivas y huir de las compañías ?tóxicas• (que minan nuestro optimismo). 7. Hacer vida al aire libre y dedicar media hora al día al ejercicio físico. 8. Consultar al médico acerca de la conveniencia de recurrir a algún tipo de medicación para la depresión, y preguntarle sobre los riesgos y beneficios de la misma. En las dosis y casos adecuados, muchos de los fármacos antidepresivos actuales son seguros durante el embarazo, al menos en lo que se refiere a los efectos a corto plazo en el feto (los efectos a largo plazo no han sido debidamente estudiados aún).

Quizá lo más importante es recordar que la depresión puede interferir en la capacidad de la embarazada para cuidarse adecuadamente (por ejemplo, puede comer o dormir peor y no acudir a los chequeos y visitas indicados) Además, los estados depresivos aumentan el riesgo de consumir tabaco, alcohol o estupefacientes, justo lo que menos conviene cuando se está gestando un hijo.

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