Tener un animal en casa

Ventajas e inconvenientes de tener una mascota

La mayoría de los peques sueñan con tener un perro o un gato. Pero, antes de adoptar un animal, hay que valorar las ventajas y los inconvenientes que supone. La psicóloga Anne Gatecel nos guía en esta reflexión.

Tener animales en casa

Argumentos para decir SÍ

Un animal le hace bien

Igual que a un niño, a un cachorro o un gatito les gusta jugar, ¡y lo necesitan! Así que niños y animales están destinados a entenderse. Pero su complicidad va mucho más allá. Ambos están sometidos a ciertas prohibiciones por parte de los padres, y eso crea vínculos. Por otra parte, con un perro o un gato no existe rivalidad respecto al amor de los padres, como puede ocurrir con un hermano: la relación es más sencilla. La mascota es también muy reconfortante: en los momentos de tristeza, el niño puede acariciarla, mimarla e incluso contarle sus problemas. Y, a menudo, el animal escucha las palabras de su pequeño amo, como si notase su tristeza y tratase de consolarlo.

Un animal le enseña a respetar

Un perro o un gato pueden ser muy pacientes, pero se rebelan si el niño se excede. Seguramente, amenazarán con un zarpazo o una dentellada: es su forma de hacerle comprender que no son juguetes, sino seres vivos a los que hay que respetar. Un animal en casa también ayuda al niño a tomar conciencia de las responsabilidades morales que las personas tienen en relación con las mascotas: preocuparse por su bienestar, alimentarlas bien, cuidarlas si enferman...

Un animal le enseña las etapas de la vida

Un perro o un gato es un ser vivo que experimenta los grandes acontecimientos de la vida: crecer, «enamorarse », tener sus crías, ponerse enfermo, morir... A través de su mascota, el niño va descubriendo las etapas de la vida y las vive muy de cerca. Son oportunidades muy hermosas para crecer; eso sí, a condición de que los padres acompañen al niño en estas vivencias y hablen con él sobre la sexualidad, la enfermedad o la muerte cuando lo consideren adecuado.

Argumentos para decir NO

El niño es muy pequeño para ser responsable

Un niño puede ayudar a cambiar el arenero o acompañar a sus padres cuando sacan al perro, pero son los adultos quienes deben asumir las necesidades del animal.

Del mismo modo, es imposible pretender que el pequeño marque los límites precisos a su compañero de juegos: la educación del animal corresponde a los adultos también. Este adiestramiento requiere tiempo y paciencia, y hay que saber si se está preparado para ello.

Un animal modifica el día a día

Hay que prever los cambios que el animal va a provocar en la vida cotidiana. ¿Quién va a cuidarlo en las vacaciones? ¿Vamos a aceptar que arañe el sofá o que deje pelos por todas partes? ¿Tenemos dinero suficiente para pagar
el veterinario? Si no estamos preparados para responder a estas preguntas de forma concreta, mejor renunciar que tener que arrepentirnos de nuestra decisión.

Por otra parte, si el niño padece algún tipo de alergia (asma, eccema, etc.), conviene hacer pruebas de alergia al pelo de perro o de gato antes de tener uno.

Un animal compromete a largo plazo

Una vez adoptado, no es justo para el animal dárselo a unos parientes o dejarlo en una asociación. Además, sería doloroso y hasta angustiante para el niño, sobre todo si se identifica con el animal: ¿sus padres podrían dejarlo también a él
si no se porta bien o si da mucho trabajo? Al pequeño le costaría confiar en los adultos, que no asumen una decisión tomada por ellos mismos. Para evitar llegar a esto, es legítimo decir «no» al niño, explicándole que no estamos preparados para asumir esta responsabilidad.

Isabelle Gravillon © Bayard Presse-Popi parents

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