Miedo a los animales del campo

Los animales del campo puden dar miedo a los niños

Vacas, caballos, cerdos... normalmente, los pequeñines descubren estos animales en los cuentos antes de verlos «de verdad». Pero, en la granja o en el campo, este encuentro no es como esperabais: tu hijo o hija reacciona con miedo. ¿Cómo tranquilizarlos? Christine Brunet, psicóloga y asesora de la redacción, nos lo explica.

Miedo a los animales Educación Niños

¿Es frecuente que los niños tengan miedo a los animales grandes de la granja?

Es frecuente ¡y es normal! Las vacas y los caballos no son, precisamente, mascotas domésticas... Desde luego, están muy presentes en la fantasía infantil, especialmente a través de los libros. Pero, a la hora de la verdad, es otra historia: por lo general, nuestra vida urbana no favorece el acercamiento de los niños a la realidad de los animales, excepto en el trato con algunos, tales como perros, gatos, conejos o hámsteres. En consecuencia, no puede resultar sorprendente que un pequeñín se muestre desconcertado ante la presencia real de animales tan grandes.

Entonces, ¿el tamaño de estos animales puede explicar el temor que inspiran en los pequeños?

En buena parte sí, pero no totalmente. A un niño, estos animales, que a veces pesan cientos de kilos, le resultan completamente desproporcionados. De forma intuitiva, percibe que podría ser aplastado por ellos o proyectado de una coz...

Las advertencias de sus padres, que les transmiten la orden de no acercarse, refuerzan todavía más este recelo.

Sin embargo, también puede darse una especie de decepción en el niño: las vacas, los caballos, los cerdos... no son como los había visto en sus cuentos. Incluso pueden tener comportamientos extraños e inquietantes, como sacudir violentamente la cola, golpear el suelo con las pezuñas, gruñir o relinchar...

Además, no hablan, no se prestan a la más mínima comunicación o interacción. ¡Por lo tanto, más vale no fiarse...!

¿Es decepcionante para el niño que su primer contacto con los animales grandes no sea satisfactorio?

No, realmente no es nada dramático, ¡incluso puede tener efectos muy positivos! Sentir miedo es útil: el miedo incita al niño a estar atento, a tener cuidado y, de este modo, le protege de daños potenciales.

Por otro lado, aunque hasta ese momento el niño pueda haber creído que los animales hablan y se comportan como los humanos –puesto que es así como se le presentan en la mayoría de los cuentos y, más adelante, en los dibujos animados-, al verlos en directo, se da cuenta de que no es así: una vaca no coge en brazos a su ternero, no le canta nanas, ¡no le habla!

Gracias a esta experiencia, el niño toma conciencia de su condición de ser humano y comprende de forma práctica que las personas y los animales no pertenecemos exactamente al mismo «mundo».

¿Esta reflexión refuerza el miedo a los animales?

Si el miedo ha sido muy intenso, será necesario estar pendientes para evitar que se asiente en su interior y se convierta en un pánico permanente. Los padres pueden ayudar al niño, dándole la oportunidad de hablar sobre el asunto. ¿Cómo? Por ejemplo, leyéndole una historia cuyos personajes sean vacas o caballos, o enseñándole fotos tomadas durante el famoso paseo, y preguntándole: «¿Te acuerdas de que la vaca te daba miedo? Y ahora, ¿crees que todavía tendrías miedo? Si quieres, podemos volver a ver cómo espanta las moscas con el rabo o cómo mastica la hierba el caballo...».

Se trata de ayudarle a controlar su miedo, a suavizarlo a distancia, verbalizándolo. Y, al explicarle cosas sobre ellos, también le ayudamos a comprender mejor el comportamiento de estos animales grandes y sorprendentes.

Entrevista realizada por Isabelle Gravillon para Popi 298

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