¿Estamos obsesionados con la higiene de nuestros hijos?

Te explicamos las pautas de higiene correctas que enseñar a los niños.

Gracias a los hábitos de higiene presentes actualmente en nuestra cultura, gran parte de las afecciones contagiosas que ha sufrido la humanidad son ya prácticamente parte de un pasado no muy lejano. El mero hecho de lavarse las manos y en conjunto las pautas indicadas en el punto anterior suponen un importante elemento para el bienestar físico, social y psíquico del ser humano que vive en sociedad, y por ello es muy recomendable que los niños vean en sus padres el necesario ejemplo para aplicar tales hábitos con naturalidad en su propia dinámica diaria. Esto no quiere decir que el niño tenga que estar permanentemente vigilando “su absoluta pulcritud”, sino que aprenda a distinguir de manera autónoma los momentos en los que sí es necesario y conveniente estar atento a la limpieza… Ensuciarse es natural en determinadas circunstancias como salidas al campo, trabajos manuales y otras situaciones comunes tanto en el colegio como fuera de él.

Hábitos de higiene corporal

Adoptar unos correctos hábitos de higiene supone prevenir determinadas enfermedades, además de facilitar la aceptación social y proporcionar seguridad a los niños en su día a día.

Cuando son bebés, el momento del baño puede llegar a convertirse en algo mágico; el niño toma contacto con un medio que no es el habitual, experimenta nuevas sensaciones y siente cosquillas, mamá o papá le hablan mucho y le cantan, le acarician en un entorno calentito y con espuma que desaparece al tocarla; al final del día llega siempre ese ratito que es la antesala de la cena y de ir a la cuna para dormir limpito y relajado.

Según se van haciendo mayores, es recomendable ir cambiando el baño por la ducha, más higiénica y económica, y hacer que el niño colabore en las tareas previas que facilitan que todo vaya sobre ruedas: se preparará la ropa de cambio, la toalla, el peine, la colonia…puede ser una especie de “ritual” que haga más atractivo ese momento.

Durante el baño o ducha es muy importante que los niños vayan tomando conciencia de qué partes del cuerpo deben tener una atención especial para una correcta higiene: la zona genital, las orejas, las axilas, las rodillas, los pies… y ser conscientes de que después tienen que secarse muy bien y con cuidado para que todo quede en perfecto estado.

Una vez que están aseados es conveniente que se acostumbren a dejar todo tal y como estaba antes, la ropa sucia en su lugar, el baño limpio y preparado para que otra persona se lo encuentre “igual” que ellos mismos.

Pautas para una higiene correcta

  • Lavarse las manos antes y después de comer.
  • Lavarse las manos después de ir al servicio.
  • Cepillarse los dientes después de cada comida. Conviene que a partir de los tres años se cepillen de forma autónoma.
  • Ducharse o bañarse diariamente, especialmente después de un día con destacable actividad física. No es muy recomendable aplicar geles de baño todos los días en todo el cuerpo de forma directa, conviene rebajar su concentración utilizando una esponja; utilizar champús que no irriten los ojos y aplicar una cremita hidratante por el cuerpo al finalizar.
  • Mantener aseadas las uñas, sin morderlas. Tampoco morderse los pellejitos de los dedos.
  • Mantener limpia la ropa y el calzado.

La obsesión por la higiene

Una exposición racional en entornos no tan asépticos es recomendable para un correcto desarrollo del sistema inmunológico de los niños, sobre todo teniendo en cuenta que aunque se pueda reducir el efecto de las bacterias, es mucho más difícil atacar a los virus, por lo que la “protección” nunca está garantizada.

Existe un cierto peligro en polarizar demasiado la necesidad de estar limpios y la consecuencia de ello puede ser precisamente obtener un resultado contrario al deseado, dado que el exceso de limpieza y el hecho de que los niños no estén expuestos a ciertos agentes externos en el fondo les impiden desarrollar de forma correcta sus propias defensas. El polvo contiene ciertos agentes alérgenos que estimulan la generación de anticuerpos y que fortalecen al niño cara a muchas enfermedades; las esterilizaciones obsesivas de todos los objetos que usan los bebés, el uso continuado de productos antibacterias y desinfectantes pueden contribuir incluso a la aparición de esas alergias cada vez más frecuentes en el mundo más desarrollado. No es necesario, por tanto, querer lograr una especie de burbuja aséptica dentro del propio hogar, pues los microorganismos también contribuyen al desarrollo de los niños.

En aquellos hogares donde haya algún niño con asma sí que será necesario extremar las precauciones para evitar la acumulación polvo y el efecto que los ácaros provocan cuando existe algún tipo de afección respiratoria de esta tipología. También es conveniente realizar una labor de limpieza adicional cuando conviven animales domésticos con el niño, dado que por muy cepillados y aseados que estén, es inevitable que suelten algunos pelos que pueden ser tragados por los más pequeños.

Cuando el niño no es capaz de hacer uso de un servicio distinto al de su casa, cuando necesita tener absolutamente controladas sus pertenencias de uso diario en el baño o cuando se lava obsesivamente las manos u otra parte determinada del cuerpo, y tiende a “ritualizar” ciertas acciones con sensación de angustia, existen muchas posibilidades de encontrarnos ante un problema de carácter obsesivo y sería conveniente consultar a un profesional especializado.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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