A mi hijo no le gusta jugar al fútbol
10 consejos prácticos sobre cómo actuar si a tu hijo no le gusta jugar a fútbol
Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 11 de febrero de 2020 13:00 | Modificado: 2 de marzo de 2026 12:47
Que a tu hijo no le apetezca jugar al futbol no es el fin del mundo, pero tampoco conviene restarle importancia. El fútbol sigue siendo un gran "pegamento social" en muchos patios y equipos. La clave está en acompañar, entender qué pasa y abrir puertas: al fútbol, si quiere, y a otras opciones, si no.
Índice
1. Por qué jugar al futbol sigue siendo una buena idea, aunque no le entusiasme2. Cuando no le gusta jugar al futbol ¿qué suele haber detrás?
3. Dos causas muy frecuentes: habilidades y timidez
4. El colegio y el patio. Cuando el fútbol ocupa demasiado
5. 10 consejos prácticos si a tu hijo no le gusta jugar al futbol
6. Y si sí le gusta jugar al futbol: 10 reglas para padres que ayudan
7. Defender el fútbol sin convertirlo en una obligación
Por qué jugar al futbol sigue siendo una buena idea, aunque no le entusiasme
Seamos claros: jugar al futbol tiene muchísimas cosas a favor. Es actividad física completa (carrera, coordinación, cambios de ritmo), suele ser accesible (un balón y poco más), entrena la cooperación y, en muchos contextos escolares, facilita la pertenencia al grupo. Además, practicar deporte con regularidad se asocia a mejor salud, menos sedentarismo y mejores rutinas de sueño y concentración.
Ahora bien, que sea positivo no significa que haya que convertirlo en obligación. Defender el valor de jugar al futbol no es lo mismo que imponerlo. La diferencia es enorme.

Cuando no le gusta jugar al futbol ¿qué suele haber detrás?
Antes de sacar conclusiones, conviene investigar con calma. A veces el "no me gusta" significa "no me siento capaz", "me agobio", "no entiendo las reglas", "me han ridiculizado" o "me cansa el ambiente competitivo".
Puedes empezar con preguntas sencillas, sin tono interrogatorio:
"¿Qué es lo que menos te gusta de jugar al futbol: el balón, los compañeros, las normas, el ruido, que te miren...?"
"¿Te pasa también con otros deportes, o solo con el fútbol?"
"¿Hay algo que te diera vergüenza o te hiciera sentir mal en el patio?"
Esta conversación es clave porque, si el problema es social (burlas, exclusión) o emocional (ansiedad), la solución no es "apúntalo a fútbol y ya se le pasará".
Dos causas muy frecuentes: habilidades y timidez
1) Escasas habilidades psicomotrices o poca confianza
Hay niños a los que el balón se les da regular, y lo saben. Si cada partido termina en "me quitan la pelota", "me tropiezo" o "no marco nunca", es lógico que rechacen jugar al futbol. Aquí el foco debería ser quitar presión y construir seguridad.
Qué suele funcionar:
Practicar en un entorno seguro (en casa, parque, con un adulto o un amigo amable).
Entrenar microhabilidades: conducción corta, pases suaves, tiros a portería sin público.
Celebrar mejoras pequeñas: "hoy has controlado mejor", "has dado dos pases buenos".
Cuando el niño nota progreso, cambia el relato interno: de "soy malo" a "estoy aprendiendo".
2) Timidez y miedo a la exposición
Jugar al futbol a veces implica escenario: gritos, miradas, comparaciones. Para un niño tímido, eso puede ser demasiado. La salida no es empujarlo "para que espabile", sino acompañarlo con exposición gradual.
Ideas realistas:
Primero mirar, luego participar cinco minutos, luego un rato más.
Elegir espacios con menos presión (partidos con pocos niños, sin "capitanes mandones").
Acordar una "frase de salida" si se bloquea ("paro un momento", "necesito agua") para que sienta control.
Y algo importante: ayudar no es sustituir. El objetivo es que él ensaye, se equivoque y se recupere, porque esa experiencia le prepara para la vida.
El colegio y el patio. Cuando el fútbol ocupa demasiado
En muchos recreos, jugar al futbol se convierte en "lo único". Y ahí aparecen dos problemas: los que no juegan quedan en los márgenes, y los que sí juegan a veces monopolizan espacios y normas.
Si tu hijo se queda "en un rincón" por no jugar al futbol, merece la pena hablar con el centro. Se pueden promover alternativas: juegos dirigidos, turnos de uso del patio, zonas de deportes distintos, material variado (cuerdas, bádminton, mesas, circuitos). La labor del profesorado y del equipo de convivencia es fundamental para que el patio no sea un filtro social.
10 consejos prácticos si a tu hijo no le gusta jugar al futbol
No presiones. Cuanto más insistes, más resistencia generas.
Respeta sus gustos. Defender jugar al futbol no significa invalidar su "no".
No cedas a la presión de otros padres. Tu hijo necesita encontrar su deporte (o su forma de moverse).
Refuerza autoestimay autoconcepto. Que no se etiquete como "torpe" o "raro".
Valora sus esfuerzos, no sus resultados. Un intento cuenta. Dos, más.
Recuerda que el fútbol no es el único deporte. Pero tampoco lo conviertas en "el enemigo".
Elogia cualidades y aptitudes. Quizá su talento está en la resistencia, el equilibrio o la estrategia.
Juega con él a fútbol, o a lo que sea. Si jugar al futbol se asocia a vínculo, mejora la experiencia.
Fomenta su autoestima fuera del deporte. Música, dibujo, ajedrez, teatro... todo suma identidad.
Descubre nuevas actividades en familia. El movimiento también puede ser excursión, bici, baile o piscina.
Y si sí le gusta jugar al futbol: 10 reglas para padres que ayudan
Si tu hijo disfruta jugar al futbol, perfecto. Aquí lo importante es proteger lo que lo hace valioso: que sea juego, aprendizaje y socialización. Este decálogo está inspirado en recomendaciones publicadas en eurosport.
El fútbol es un juego; deja disfrutar a tu hijo. No tiene que ser Messi.
Nunca pierdas las formas; ni victoria ni derrota. El resultado dura diez minutos; el aprendizaje, toda la vida.
Valora el entorno, no la categoría del club. Que crezca como persona y deportista.
Respeta las decisiones del entrenador. Es una figura de referencia y suele hacerlo con enorme dedicación.
Respeta al árbitro. Sin árbitro no hay competición, y también está aprendiendo.
Respeta a los compañeros. Son amigos, no rivales. Las comparaciones en la grada sobran.
Cultura del esfuerzo, no del resultado. Lo importante es entrenar, mejorar, insistir.
Compromiso con tu hijo y con el equipo. Si hay equipo, hay responsabilidad compartida.
Castigado sin entrenar: ojo. A veces castigas al grupo; busca consecuencias que no rompan la dinámica.
El "tercer tiempo". Convivir después fortalece el vínculo (y baja la tensión de los adultos).
Defender el fútbol sin convertirlo en una obligación
Jugar al futbol puede ser una herramienta magnífica para salud, amistad y autoestima. Pero el camino sano no es imponer, sino hacer que el fútbol sea accesible, amable y opcional. Si tu hijo acaba acercándose al balón, que sea porque se siente capaz y bien acompañado. Y si no, que encuentre otro deporte o actividad donde también se mueva, pertenezca y brille.
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