2 técnicas para controlar la agresividad infantil

Muerde, pega, protesta… Es un niño agresivo, ¿qué hacemos?

Algunos niños muestran una baja capacidad para controlar algunas emociones como la rabia, el miedo o la angustia. Y es que, están en una etapa evolutiva de un importante desarrollo físico, personal y neurológico, por lo que algunos niños no logran, o solo lo hace de manera escasa, controlar sus impulsos agresivos y antisociales. De hecho, algunos niños con un desarrollo del lenguaje restringido o retrasos en el habla tienen pueden expresar su agresividad a través de la violencia.

En cualquier caso, a no ser que existe un problema latente, muchos niños viven esta etapa agresiva de forma pasajera y, a medida que van adquiriendo habilidades para controlar sus emociones, dejan atrás la agresividad física o verbal. En este sentido, es importente comprender las causas que provocan estas actitudes, y también hacer acopio de una importante dosis de paciencia para atajarlas, buscando un equilibrio donde los niños puedan ir desarrollando su autonomía

Conoce qué puede provocar una conducta agresiva en niños y qué técnicas para controlar la agresividad infantil puedes poner en práctica en casa. 

Causas de la agresividad infantil

Técnicas para controlar la agresividad infantil

Según algunos expertos las causas de la agresividad infantil no son los genes, ni la crianza, ni la influencia de medios de comunicación, sino una combinación de todo lo anterior. Los genes por sí mismos no pueden predeterminar un comportamiento, aunque sí puede conducir a esta conducta distintas actitudes combinadas como: 

  • Genéticas. Temperamento innato e hereditario.
  • Disciplina muy severa en el hogar.
  • Cambios bruscos. De colegio, de domicilio, separaciones de los padres, cambios en la composición de la unidad familiar.
  • Sobreprotección, con poco desarrollo de la tolerancia a la frustración.
  • Ausencia de límites en la educación familiar, rabietas incontroladas, aprendizajes erróneamente dirigidos.
  • Inseguridad de los padres a la hora de afrontar malas actitudes en sus hijos.

Cuándo la agresividad se convierte en patológica...

Es en torno a los dos años de edad cuando muchos niños muetran un fuerte temperamento, explotan con facilidad, tienen rabietas y reaccionan de forma irritada de forma frecuente. 

Sin embargo, hay que saber diferenciar entre lo que se suele llamar "la crisis de los 2 años" y el concepto conocido como "agresividad patológica". En este caso, hablaríamos de un trastorno que se manifestaría por: 

- Explosiones agresivas incontroladas.

- Niños que son agresivos con los demás y con ellos mismos.

- Se sienten provocados constantemente e interpretan los actos de los demás como ofensivos hacia ellos.

En estos casos es conveniente que el niño pueda desahogarse en un lugar retirado para canalizar su agresividad a través de juegos o deportes y reforzando sus conductas positivas y razonando en la medida de lo posible sobre la inutilidad de las rabietas cuando esté más calmado.

No es recomendable es concederle caprichos o hiperprotegerlo, sino por el contrario fomentar un clima en el que se sienta querido, con la autoridad adecuada y marcando la existencia de límites.

Ante la duda, puedes consultar con un pedagogo o psicólogo infantil que pueda detectar si se trata de una fase de su conducta o si existen otros problemas subyacentes. En cualquier caso, controlar la agresividad infantil es fundamental desde las primeras etapas para evitar que la conducta se enquiste y prosiga durante la infancia y la adolescencia. 

Para ello, podemos trabajar en casa con dos técnicas: la de la tortuga y la del oso Arturo. Son muy sencillas y se pueden realizar en casa en colaboración entre padres e hijos.

La técnica de "la Tortuga" para el control de la agresividad infantil 

La técnica de "la Tortuga" (El manual de la tortuga, M.R. Schneider y A. Robin)

La técnica de la "tortuga" fue diseñada por M. Schneider (1974) como un método muy eficaz para el autocontrol de la conducta impulsiva en el aula, revelándose muy útil en situaciones de descontrol por carga emocional. Resulta de mucha utilidad en niños preescolares y hasta los 7 años de edad. A partir de esta edad, la escenificación de la tortuga se utiliza como planteamiento lúdico de una técnica de relajación y autocontrol. 

El procedimiento será el siguiente: 

1. Leer al niño la historia de la tortuga o también podéis verla en vídeo: 


Al niño se le invitará a imitar a la tortuga cuando se sienta frustrado, con rabia o enfadado. La tortuga se introduce en el caparazón para vencer los sentimientos de rabia y furia, el niño habrá de escenificar lo mismo, pegando la barbilla al pecho, colocando los brazos a lo largo del cuerpo y presionando fuertemente barbilla, brazos y puños cerrados, mientras cuenta hasta diez. Posteriormente relajará todo el cuerpo. 

La práctica termina invitando al niño a realizar "la tortuga" en aquellos momentos en los que el enfado o la agresividad le desborde.

Para motivar al niño podéis dibujar una tortuga en una cartulina. El caparazón de la tortuga estará cubierto de "escamas" que serán las casillas donde el niño pegará gomets cuando lo haga bien. Podrá poner un gomet rojo si no lo ha conseguiro y uno verde cuando no se ha descontrolado. 

Se reforzarán los avances en el cartel de la tortuga con algún elogio o premio

La técnica del "Oso Arturo" para ayudar al niño a controlar sus emociones negativas

El niño conocerá al Oso Arturo, un personaje con el que podrá realizar aprendizajes en las distintas situaciones, actividades y tareas que se presentan en el día a día. En ellas, deberá realizar 4 preguntas en voz alta (con la ayuda de los padres): 

  • ¿Cuál es mi problema?
  • ¿Cuál va a ser mi plan para solucionarlo?
  • ¿Estoy aplicando mi plan?
  • ¿Cómo lo he hecho?

El Oso Arturo estará presente en los 4 pasos, y el niño habrá de responder a cada una de estas preguntas, puede hacerlo bien hablando o bien por medio de dibujos. 

Anatol Lapifia

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