Por qué la creatividad y el pensamiento crítico serán más importantes que la memoria en el futuro de tus hijos
En un mundo de respuestas inmediatas e inteligencia artificial, aprender a hacerse preguntas, contrastar información y buscar alternativas es una parte esencial de la educación
¿A quién no le gustaría recordar la historia de España como cuando terminó Bachillerato? Todas aquellas fechas, nombres, batallas y acontecimientos que estudiamos durante horas y que entonces éramos capaces de explicar con detalle. ¿Adónde fueron a parar?

Muchos de esos conocimientos se han ido desdibujando porque dejamos de utilizarlos, porque apenas los relacionamos con nuestra vida o porque los aprendimos pensando en aprobar un examen. Un historiador seguirá recurriendo a esas fechas, pero quizá necesite ayuda para operar con polinomios. Un biólogo conservará conocimientos sobre los vertebrados que otros tendremos que consultar.
Sin embargo, hay capacidades que utilizaremos independientemente de nuestra profesión: comprender una situación, valorar la información disponible, imaginar alternativas y tomar decisiones. En ellas intervienen dos habilidades que conviene cultivar desde la infancia: el pensamiento crítico y el pensamiento creativo.
Ambas adquieren especial relevancia en un mundo en el que podemos acceder a una respuesta en segundos. Encontrar información es cada vez más fácil; comprenderla, comprobarla y decidir qué hacer con ella sigue exigiendo un esfuerzo propio.
Índice
1. 1. La memoria sigue siendo necesaria, pero aprender exige algo más2. 2. Para pensar con criterio, primero hay que comprender
3. 3. El pensamiento crítico nos ayuda a orientarnos entre tantos mensajes
4. 4. La creatividad sirve para imaginar qué podemos hacer
5. 5. La inteligencia artificial hace más importante saber cómo aprendemos
6. Cómo dar espacio a estas habilidades en familia
1. La memoria sigue siendo necesaria, pero aprender exige algo más
La memorianos permite conservar palabras, experiencias y conocimientos que necesitamos para comprender cosas nuevas. Difícilmente podemos detectar un error sobre un tema del que no sabemos nada o relacionar ideas si no disponemos de conocimientos previos.
Por eso, cuando hablamos de dar más importancia a la creatividad y al pensamiento crítico, también debemos preguntarnos qué hacemos con lo que aprendemos. ¿Podemos explicarlo con nuestras palabras? ¿Utilizarlo en una situación diferente? ¿Relacionarlo con algo que ya conocemos?
Un niño puede recitar las fases del ciclo del agua y necesitar ayuda para explicar por qué se empaña el espejo del baño. Esa conversación cotidiana le ofrece una oportunidad para conectar los contenidos del colegio con su experiencia.
Recordar es una parte del aprendizaje. Comprender, aplicary hacerse nuevas preguntas permite que esos conocimientos resulten más útiles.
2. Para pensar con criterio, primero hay que comprender
Nos preocupa que nuestros hijos crean una noticia falsa o compartan un vídeo engañoso. Pero, antes de valorar si una información es fiable, necesitan entender qué está diciendo.
Aquí entra en juego la comprensión lectora, que va mucho más allá de leer con fluidez. Supone relacionar ideas, interpretar lo que no aparece de forma explícita, reconocer la intención de un mensaje y detectar contradicciones.
PISA 2022 mostró que el 24 % de los estudiantes de 15 años en España no alcanzaba el nivel básico de competencia lectora. Es un dato que ayuda a entender por qué reforzar esta capacidad resulta tan importante para el conjunto del aprendizaje.
Comprender el enunciado de un problema, interpretar unas instrucciones o distinguir qué afirma realmente una noticia requiere detenerse en el significado.
En casa podemos acompañar ese proceso con preguntas sencillas: «¿Qué quiere decir lo que has leído?», «¿Qué parte del texto te hace pensar eso?» o «¿Eso lo sabemos o lo estamos suponiendo?». Al responder, los niños practican algo fundamental: apoyar sus interpretaciones en la información que tienen.
3. El pensamiento crítico nos ayuda a orientarnos entre tantos mensajes
Un vídeo en redes socialespuede parecer convincente porque tiene muchas reproducciones. Una afirmación puede resultar familiar porque la hemos escuchado varias veces. Una imagen puede emocionarnos antes de que nos preguntemos de dónde procede.
Nuestros hijos crecen entre mensajes que informan, entretienen, venden y buscan influir en sus decisiones. El pensamiento crítico les ayuda a detenerse y examinar lo que reciben.
¿Quién lo está diciendo? ¿Es un experto en el tema? ¿Cómo lo sabe? ¿Cuándo se publicó? ¿Hay pruebas? ¿Qué cuentan otras fuentes?
También implica reconocer nuestros propios límites. A veces nos falta información, interpretamos mal algo o damos más credibilidad a aquello que coincide con lo que ya pensábamos. Aprender a decir «no lo sé» o «he cambiado de opinión», y compartirlo con nuestros hijos, forma parte de construir un criterio propio.
Los adultos podemos mostrarles cómo lo hacemos. Ante una información sorprendente, basta con comentar: «Vamos a comprobarlo antes de compartirla». Así convertimos una situación cotidiana en una oportunidad para aprender juntos.
4. La creatividad sirve para imaginar qué podemos hacer
Cuando hablamos de creatividad infantil, solemos pensar en dibujos, pinturas o manualidades. Pero también aparece cuando un niño inventa las reglas de un juego, encuentra otra forma de construir una torre o propone cómo resolver un desacuerdo.
El pensamiento creativo permite generar posibilidades, conectar ideas y explorar caminos diferentes. Después necesitamos examinarlos, probarlos y mejorarlos. Por eso, creatividad y pensamiento críticose complementan.
PISA 2022 evaluó por primera vez el pensamiento creativo mediante tareas que incluían generar ideas diversas y originales, así como evaluar y mejorar propuestas. Además de la expresión escrita y visual, incorporó la resolución de problemas científicos y sociales.
Esta mirada amplía lo que entendemos por ser creativo. Un niño puede mostrar creatividad al explicar un concepto, organizar una actividad o encontrar una solución práctica, aunque no disfrute especialmente dibujando.
En casa podemos darle espacio ante cualquier situación cotidiana con una pregunta tan sencilla como «¿de qué otra manera podríamos hacerlo?». Y concederle tiempo para pensar antes de ofrecer nuestra solución.
5. La inteligencia artificial hace más importante saber cómo aprendemos
Hoy podemos pedir a una herramienta que resuma un texto, proponga ideas o resuelva un problema. Esto abre posibilidades interesantes y también plantea una pregunta educativa: ¿qué parte del trabajo necesita hacer el niño para aprender?
La tecnología debería acompañar el razonamiento de los niñosy ofrecerles oportunidades para explorar, hacerse preguntas y comprobar sus ideas. Nuestro papel como familias y docentes es guiar esa curiosidad, combinando las posibilidades de las herramientas digitales con el rigor, la creatividad y el pensamiento crítico. Para ello, necesitamos dejarles espacio para inventar, equivocarse y encontrar sus propias respuestas.
Pensemos en un problema de matemáticas. Podemos trasladar esa reflexióna una situación concreta. Si un alumno recibe inmediatamente la solución de un problema, puede terminar la tarea sin comprender el procedimiento, o incluso el propio problema. Si intenta resolverlo, recibe una pista y revisa dónde se ha atascado, tiene una oportunidad para avanzar en su aprendizaje.
Además, una respuesta generada por IA puede contener errores aunque esté escrita con seguridad. Comprenderla y contrastarla sigue siendo necesario.
Por eso conviene interesarnos por el proceso: «¿Qué has entendido?», «¿Cómo podrías comprobarlo?» o «¿Puedes explicarlo sin mirar la respuesta?». Estas preguntas nos ayudan a valorar qué está aprendiendo nuestro hijo mientras utiliza la herramienta.
Cómo dar espacio a estas habilidades en familia
No necesitamos convertir cada tarde en una actividad educativa. Podemos aprovechar situaciones que ya forman parte de nuestra vida:
- Conversar sobre las decisiones de un personaje cuando estamos leyendo o viendo una película juntos. Preguntar qué otras opciones tenía y qué consecuencias podrían haber tenido.
- Dejar que propongan soluciones. Organizar una habitación compartida o adaptar un juego ofrece oportunidades para imaginar, negociar y probar.
- Comparar informaciones. Con los mayores, observar cómo dos fuentes cuentan una misma noticia y buscar qué datos aporta cada una.
- Permitir que revisen sus ideas. Cuando una construcción se cae o algo en casa se rompe o no funciona, preguntar cómo lo solucionarían ellos antes de arreglarla nosotros.
- Escuchar sus razones. Pedirles que expliquen su punto de vista, tomarlo en cuenta y mostrar disposición a reconsiderar el nuestro.
El colegio también puede ofrecer oportunidades para investigar, debatir, crear y aplicar los conocimientos a situaciones diferentes. Familias y docentes compartimos el reto de acompañar ese aprendizaje, ofreciendo orientación y dejando espacio para que los niños hagan su parte.
No sabemos qué profesiones tendrán nuestros hijos ni qué herramientasutilizarán dentro de veinte años. Sí podemos ayudarles a adquirir conocimientos y aprender a trabajar con ellos: comprender lo que encuentran, comprobar lo que les cuentan, imaginar alternativas y revisar sus decisiones.
En un mundo lleno de respuestas, saber hacerse buenas preguntas será una de las capacidades más valiosas que podamos ayudarles a desarrollar.
Autor: Naiara Briones Araluce
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