Malas contestaciones de tus hijos: lo que debes y no debes hacer

¿Qué hacemos cuando el niño contesta?: trucos y consejos.

La forma que tienen los niños de manifestar sus sentimientos de rebeldía es diferente en cada edad. Cuando dejar de ser bebés y comienzan a crecer desean que todo gire en torno a sus necesidades… entonces responden a nuestra autoridad con cierto aire de provocación. En determinados momentos los niños y niñas se vuelven contestones. Cuando les reñimos responden y no aceptan lo que se les dice, quieren dar su opinión… el problema se produce cuando utilizan los malos modos… 

¿Por qué está tan rebelde? Los cambios externos favorecen esta situación.

Son varias las causas que provocan situaciones no demasiado favorables para el equilibrio psicológico y emocional de nuestro hijo. A veces el nacimiento de un nuevo hermano (cuando el niño aún no ha cumplido los 3 años) desencadena sentimientos de celos y de envidia, o la separación de los padres provoca  un sentimiento de inseguridad debido a su necesidad de cariño o protección. Las respuestas del niño son inapropiadas e incluso agresivas, necesita defenderse. 

Otras veces, ante un cambio de colegio, de casa o de ciudad  el niño se comporta de manera extraña, está irritable; los padres no asociamos esta conducta al acontecimiento en sí, y pensamos que una mudanza a una nueva casa y con una habitación más grande será lo mejor para él, dejando en cierta medida de lado sus sentimientos y no dándonos cuenta de la identificación que tiene el  niño con el colegio, la casa o la ciudad anterior que ahora estaba empezando a incorporar a su vida. 

Los desacuerdos entre los padres en lo que respecta a la educación, las desautorizaciones entre ambos y la falta de unos límites claros inducen al niño a una confusión interior, llegando a responder de forma agresiva o con reproches, incluso cuando el pequeño aún no ha cumplido los 3 años pero percibe claramente esta situación. 

¿Por qué contesta ahora tanto?, ¿está empezando a construir su personalidad? 

Cuando nuestro hijo es muy pequeño, debemos comprender que su agresividad se encuentra motivada simplemente por la incapacidad para controlar sus impulsos, aún no sabe canalizar correctamente sus enfados y no debemos preocuparnos en exceso. 

El negativismo de dos y tres años es una etapa clave en la que el niño dice “no”  a cualquier propuesta que se le hace aunque luego la acepte. Este momento indica que está formando su propio “yo” y su propia personalidad, nos dice que puede tener deseos que sólo le corresponden a él.

Más tarde, a los cuatro, cinco o incluso seis años, el niño ya ha incorporado a su forma de vida una serie de normas básicas, hábitos… y ha pasado por crisis de rebeldía producto de autoafirmaciones; le gusta mandar y alardear para manifestar su autonomía y a veces se enfada ante los fracasos.

Siempre protesta o pone cara de no querer colaborar… 

En muchas ocasiones queremos que nuestro hijo haga una cosa y él prefiere dedicarse a otra distinta. Sabemos que encontraremos una resistencia inicial por su parte en forma de protesta. La protesta es utilizada por los niños para distraernos de nuestra tarea de poner límites “estoy cansado para recoger los juguetes ahora.” Pueden contestar con reproches, excusas o quejas y lo mejor que podemos hacer es ignorarlas, no prestar atención a esos arrebatos pues no importa del tipo que sean, en realidad son llamadas de atención que ellos utilizan. Debemos hacerles ver que esta no es la mejor vía para conseguir sus propósitos pues nosotros hemos tomado la decisión que consideramos correcta para ellos “sé que estás cansado, pero tienes que recoger los juguetes ahora”.

Estaremos dispuestos a repetir la orden aunque parezcamos un disco rayado y le ofreceremos contrapartidas agradables e incentivos positivos en lugar de amenazarle “cuando hayas recogido los juguetes, haremos palomitas en el microondas”. Aprovecharemos los ratos que estemos calmados para sentarnos a dialogar sobre aquellas cosas que más le cuesta hacer, estableciendo planes activos de resolución de conflictos en los que él pueda participar aportando ideas para aplicarlas después con nuestro consentimiento, pero según sus propios métodos.

¿Qué hacemos cuando el niño contesta? Breves consejos: 

  1. No nos alteraremos ni emplearemos el mismo tono de reproche de nuestros hijos.
  2. Le recordaremos de manera tranquila y directa que nos preocupamos por él y que ese comportamiento no es el apropiado. “Te quiero mucho, pero no me gusta cómo me estás contestando”. También podemos utilizar el humor “Bueno, bueno, ¡vaya palabritas que estás diciendo!, ¿eres tú el que habla?”
  3. Daremos un tiempo para pensar. “Reflexiona un poquito antes de seguir diciendo esas cosas”. Cuando haya pasado un rato, retomaremos la conversación asertivamente para intentar solucionar el problema. El propio niño aportará soluciones eficaces como “jugar a cerrar la boca cada vez que sale una palabra de protesta”
  4. Reforzaremos su virtudes, cuando responda correctamente reconoceremos su buen comportamiento.
  5. Instauraremos normas negociadas con ellos de manera transparente y la menor cantidad posible.
  6. Averiguaremos qué esconde tras una mala contestación, puede que esté cansado o molesto por algo.
  7. Cuestionaremos por qué contesta así en ese momento en lugar de ponerle etiquetas como “eres un contestón” 

4 trucos para tratar con niños contestones

  1. “El saco de las palabras que suenan mal”: Cuando nuestro hijo conteste en tono inapropiado, le podemos ofrecer “el saco de las palabras malsonantes” (una simple bolsa de papel) para que las guarden con un gesto; una vez guardadas las palabras dentro del saco, repetirán el mensaje de forma adecuada. 
  2. “Las columnas”: Colocaremos en la habitación de los niños un cartel bien visible con un gran “NO” en la parte superior y el nombre de cada uno debajo en columnas separadas. Cada vez que uno de nuestros hijos conteste mal, escribiremos en su columna un “no” haciendo referencia al hecho que debe ser corregido y lo que debe hacer para que desaparezca (“no debes contestar de esta manera, debes hacerlo de esta otra”, etc.).
  3. “Contar en japonés”: Cuando queramos que nuestros hijos se den cuenta de que  sus contestaciones no son adecuadas, contaremos hasta tres en japonés: Ichi-Ni-San. Al oír estas palabras sabrán que algo no va bien.
  4. “El cuaderno de las anécdotas”: Buscaremos el lado positivo de las cosas, y una vez hayamos dejado bien claro a nuestro hijo qué conducta esperamos de él y para que nosotros mismos no perdamos el sentido del humor, escribiremos en un cuaderno cómo nos ha contestado el niño para lograr enfadarnos. Más tarde lo leeremos e intentaremos convertirlo en una simpática anécdota; no se lo enseñaremos ahora, sólo lo haremos cuando sea más mayor y pueda así compartir nuestra actitud.

¿Qué hago si se prolongan las malas contestaciones? 

  • Cuando nuestro hijo nos pida las cosas de malos modos, no debemos cumplir sus deseos por mucho que grite, hasta que lo diga correctamente. A veces el niño está perdido y lo que necesita es una simple orientación; podemos intentar enseñarle a través de los cuentos o de las historias inventadas por nosotros mismos el valor del respeto hacia los demás y hacia las otras opiniones. De esta forma iremos consiguiendo que nuestro hijo vaya ganando en flexibilidad y tolerancia a medida que crece. 

  • Si nosotros le contestamos mal cuando no responde a nuestras expectativas, lo más probable es que nuestro hijo termine por hacer lo mismo por pura imitación. Debemos evitar confundirle con mensajes contradictorios: “contestar está mal y papá y mamá tampoco lo tienen que hacer”. 

  • Si el niño sigue contestando y esta vez sucede en un lugar público, nos mantendremos al margen y después, cuando lleguemos a casa, hablaremos en privado de manera más calmada, afrontando el problema con tranquilidad, sin espectadores,  y acordando reglas de conducta. 

  • Una buena forma de erradicar las contestaciones desagradables, especialmente si se prolongan durante un tiempo, es elogiar la conducta contraria y alabar a nuestro hijo cada vez que se comporta de una forma agradable y correcta. 

  • A veces es fácil prever que nuestro hijo está a punto de contestarnos de manera inapropiada; en estos casos, lo mejor es intentar distraerle cambiando de juego o de actividad. Así, lo más probable es que termine olvidando el motivo de su disgusto.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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