¿De verdad da igual tener 20 que 30 alumnos en clase? El debate que enfrenta a los datos con las aulas

Algunos estudios cuestionan que bajar las ratios mejore las notas


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 3 de noviembre de 2026 13:53 | Modificado: 3 de noviembre de 2026 14:10


Imaginemos dos clases. En una hay 20 alumnos. En otra, 30. El profesor dispone de los mismos 50 minutos para explicar, resolver dudas, controlar interrupciones, corregir, observar quién se está quedando atrás y atender al alumno con dislexia, al que termina en diez minutos y al que todavía no ha entendido por dónde empezar.

Parece bastante intuitivo pensar que en la primera podrá hacerlo mejor.

Sin embargo, cuando los investigadores analizan las notas, la respuesta deja de ser tan evidente.

Y ahí empieza una de las discusiones educativas más interesantes del momento en España.

ratios en las aulas

Los estudios dicen algo incómodo sobre las ratios en las aulas

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La OCDE reconoce que las clases pequeñas permiten, en teoría, dedicar más atención individual y perder menos tiempo resolviendo problemas de comportamiento. Pero también admite que la evidencia sobre su efecto directo en el rendimiento académico es desigual.

Un estudio publicado en la Revista de Educación del propio Ministerio analizó datos de Primaria y Secundaria en Andalucía y concluyó que el tamaño de la clase no tenía un efecto significativo sobre los resultados de lectura y matemáticas. Pesaban más las características del alumnado que componía el grupo.

Más recientemente, un análisis de EsadeEcPol con datos de cientos de miles de alumnos de Primaria de Madrid llegó a una conclusión similar: reducir una clase dentro del rango aproximado de 20 a 30 alumnos no produjo mejoras significativas en aprendizaje o repetición.

Entonces, ¿tenían razón quienes dicen que bajar las ratios sirve de poco?

No exactamente.

Las notas no cuentan toda la historia

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Ese mismo estudio encontró que cinco alumnos menos reducían alrededor de un 10 % el riesgo de disrupciones en el aula, mejoraban el bienestar del profesorado y la satisfacción de las familias y favorecían algo más el trabajo en grupos pequeños.

La Education Endowment Foundation, que revisa investigaciones educativas internacionales, calcula que reducir el tamaño de las clases tiene un impacto académico medio pequeño. Pero introduce un matiz importante: los beneficios aparecen especialmente cuando la reducción es suficientemente grande como para que el profesor pueda cambiar su manera de enseñar, ofrecer más feedback y mantener interacciones de mayor calidad. Ese efecto parece más visible por debajo de unos 20 alumnos.

Quizá entonces estemos preguntando únicamente si una clase pequeña aumenta las notas, cuando deberíamos preguntarnos también qué permite hacer dentro del aula.

Porque corregir veinte redacciones no es lo mismo que corregir treinta. Ni escuchar a veinte niños leer. Ni detectar que uno lleva semanas sin comprender las fracciones.

Y mucho menos atender una clase diversa donde varios alumnos necesitan apoyos específicos.

Los profesores siguen pidiendo menos alumnos

La reivindicación no es nueva. En 2026, el Gobierno llegó a tramitar una ley para reducir los máximos estatales de 25 a 22 alumnos en Primaria y de 30 a 25 en ESO, además de hacer que el alumnado con necesidades educativas especiales computara doble a efectos de ratio.

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El proyecto decayó en octubre tras la disolución de las Cortes por el adelanto electoral. Desde entonces, sindicatos docentes han reclamado recuperar la medida. CSIF pidió aprobarla mediante decreto-ley, ANPE continúa reclamando reducción de ratios y más recursos, y en la huelga educativa iniciada en Madrid el 14 de octubre la disminución del número de alumnos por aula figura entre las principales demandas.

Algunas comunidades, además, ya avanzan por su cuenta. Madrid ha anunciado que extenderá en 2027 a 3º de Primaria la reducción de 25 a 20 alumnos por clase.

Quizá el debate esté mal planteado

Reducir ratios cuesta mucho dinero. EsadeEcPol calcula que una reducción general como la planteada a escala estatal supondría un coste medio superior a 2.800 millones de euros anuales, y propone concentrar parte de ese esfuerzo en centros con alumnado vulnerable, tutorías intensivas y otras intervenciones con mayor evidencia de impacto académico.

Es un argumento difícil de ignorar.

Pero también lo es el del profesor que tiene delante treinta alumnos diferentes y cincuenta minutos.

Quizá una clase con 25 niños no saque automáticamente mejores notas que otra con 30.

La cuestión es si queremos medir la calidad educativa únicamente con esas notas.

Porque una ratio menor quizá no garantice que un niño aprenda más, pero puede cambiar enormemente las posibilidades que tiene un profesor de darse cuenta de que ese niño no está aprendiendo.

 

Bibliografía

  • OCDE. Class size and student-teacher ratios y Education at a Glance 2024.
  • López-Agudo, L. A. y Marcenaro-Gutiérrez, O. D. La falta de influencia del tamaño de la clase sobre el rendimiento académico de los estudiantes: evidencia empírica para Andalucía. Revista de Educación.
  • EsadeEcPol. La nueva ley de ratios escolares: estimando su impacto económico, 2026.
  • Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. Proyecto de ley para la reducción de ratios, 2026.
  • CSIF, ANPE y organizaciones convocantes de la huelga educativa de Madrid. Reivindicaciones sobre reducción de ratios, octubre de 2026.

 

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