Enuresis infantil: enseñar al niño a asumir su responsabilidad

¿Cómo lograr que los más pequeños entiendan que la responsabilidad es suya?

La enuresis infantil es un problema que afecta a muchos niños, de edades muy dispares: desde los 4 o 5 años, en que puede ser diagnosticada con seguridad, hasta incluso la adolescencia. Ésta puede darse debido a muy diversas causas: desarrollo tardío, emocionales, ideológicas... Pero un punto en común en todas ellas es que es el niño, principalmente, quien debe ser consciente de que la responsabilidad de acabar con el problema es suya, y por tanto suyos deben ser también la mayoría de los esfuerzos encaminados a ello, a pesar de que podrá contar con la ayuda de sus padres.

Hacer entender su responsabilidad a los más pequeños

Lograr que un adolescente entienda esto es muy fácil: son ellos los principales interesados en acabar con el problema, en una edad en la que ya son conscientes de su entorno social y se preocupan por éste. Pero, ¿y los más pequeños? ¿Cómo lograr que hagan suya la responsabilidad frente a un problema cuando aún viven en un entorno en que, de las “cosas importantes”, se da por hecho que se encargarán los padres?

Hablar y participar

La primera norma es, lógicamente, explicárselo. La clave es adaptarlo a un lenguaje que puedan comprender. Puedes utilizar metáforas, historias... Incluso es posible inventarse algún cuento, una fórmula a través de la que seguro estarán habituados a aprender. Explícales en qué consiste la enuresis y por qué deben ser ellos los que se deban responsabilizar del problema: que no es algo que puedan resolver mamá y papá, y que sólo parará si participa, haciendo ejercicios y tomando su medicación si es el caso. Puedes preguntarle, para hacerle razonar, si para él o ella es agradable despertarse húmedo en mitad de la noche y tener que cambiarse; le harás ver que le perjudica, y que no es algo que pueda ignorar. La segunda clave es la participación activa. De nada servirá hablar con el niño si todo el “trabajo” de la enuresis lo llevamos nosotros. Para ello, establece una “rutina de acción” con el niño/a y exígele que la cumpla. Prémiale si lo hace, aunque siga mojando la cama, y castígale si no la cumple aunque no la moje: así el niño verá que no sólo debe cumplirla cuando amanezca húmedo, o que puede despreocuparse tras un par de noches en las que no se haya orinado. Buenas rutinas son los ejercicios para controlar los músculos que intervienen en la micción y el mantenimiento de un calendario con sus progresos.

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