Enfermedades en los bebés: síntomas y tratamiento

Enfermedades en los bebés: síntomas y tratamiento

La primera vez que unos padres visitan la consulta de un pediatra son muchas las preguntas que se plantean, especialmente si se trata del primer bebé de la pareja. ¡Hay tantas dudas que resolver en tan poco tiempo, y hay que aprender tan rápido! Los papás suelen agobiarse mucho porque la responsabilidad de una nueva criatura comporta un montón de información nueva que hay que asimilar y saber aplicar, sabiendo en todo momento que hay un montón de especialistas que les pueden echar una mano. En este blog hablaré un poco sobre las primeras preguntas que más frecuentemente los papás hacen nada más cruzar el umbral de la consulta.

Enfermedades en los bebés: síntomas y tratamiento

Fiebre en los bebés

Es uno de los miedos más importantes de los primeros meses. Fiebre es un incremento de la temperatura corporal por encima de 38ºC. La fiebre se desarrolla como mecanismo de defensa del cuerpo al enfrentarse generalmente a un agente infeccioso. Se llama febrícula a la temperatura entre 37ºC y 38ºC.

La fiebre es especialmente peligrosa durante el primer mes de vida, ya que puede ser reflejo de una infección importante que el recién nacido no sea capaz de manejar y que se convierta en una infección grave potencialmente letal. Por eso, cualquier fiebre mayor de 38ºC en un bebé menor de un mes debe ser vista por un médico, especialmente si asocian síntomas como rechazo del alimento, decaimiento o irritabilidad y vómitos.

No hay que olvidar la falsa fiebre debida al sobrecalentamiento del niño, por haberle abrigado en exceso o mantenerle en una habitación con una temperatura muy alta. Si observamos una temperatura alta, habrá que desnudar al niño y volver a tomarle la temperatura pasados aproximadamente unos treinta minutos, descartando así que no sea el exceso de calor externo lo que eleva la temperatura del bebé.

En niños mayores, la fiebre suele ser un signo precoz de infección, por lo que en fiebres moderadas, por debajo de los 39ºC, acudir al pediatra antes de las primeras veinticuatro horas y sin síntomas adicionales, no es muy rentable, ya que generalmente es imposible localizar el foco. Se tratará con antitérmicos (ibuprofeno, paracetamol) y se dejará evolucionar.

Podemos decir que cualquier infección, ya sea bacteriana o vírica, desencadena una respuesta en el organismo que incluye entre otros síntomas, la fiebre. Afortunadamente la mayoría de las infecciones en los niños son producidas por virus, dado que hay multitud de virus en el medio con los que no han tenido contacto. En general las infecciones suelen comenzar con unos síntomas inespecíficos, como la cefalea, los vómitos, la tos seca, etc. Su duración varía de unos a otros, pero lo más común suele oscilar entre 3 y 5 días. Los síntomas más concretos dependerán del tipo de virus, si afecta más a aparato digestivo, a aparato respiratorio, etc…

Catarros en bebés

Durante la época de frío hay una amplia circulación de virus en el ambiente. Cualquier adulto y cualquier niño puede ser una fuente de contagio para otro. El contagio se produce por secreciones respiratorias (las pequeñas gotitas que salen de la boca al toser, estornudar, e incluso al hablar). Hay multitud de virus respiratorios, por lo que es frecuente que si el frío se mantiene durante unos meses, los niños padezcan varios cuadros catarrales. Los virus pueden producir multitud de síntomas: congestión nasal, estornudos, tos, dolor de garganta, taponamiento de oídos con disminución de audición, fiebre, etc… Además, el aumento de secreciones en todas las vías respiratorias puede acabar produciendo complicaciones (otitis, mastoiditis, neumonías…) por sobreinfección bacteriana.

Es importante saber que un catarro es efectivamente una infección. Vírica, pero infección. Y que una infección vírica no puede ser tratada con antibiótico, porque los virus no responden a antibióticos. Sólo las sobreinfecciones por bacterias precisarían de estos fármacos.

Y otro de los grandes mitos a derrumbar es que el moco verde es reflejo de infección bacteriana: el color del moco se debe a la oxidación del mismo. Por lo tanto, cuando se prolonga un catarro, el moco puede espesarse y hacerse más oscuro y no por ello precisar tratamiento antibiótico.

Hay que tener cuidado en los bebés con cuadros catarrales, pues las bronquiolitis se inician así: un par de días antes aparece cuadro de congestión nasal, estornudos, moco transparente, y es entonces cuando el niño comienza con dificultad respiratoria y clínica más importante. Los menores de un año y aquéllos cuyos padres son fumadores tienen un riesgo aumentado de sufrir un proceso de bronquiolitis. Nunca está de más recordar a los padres que hay que intentar evitar el contacto del bebé con personas con cuadros catarrales activos y que se ha de evitar la exposición al humo del tabaco (humo directo y humo que queda en las ropas tras fumar)

Otitis en los bebés

Las otitis son infecciones frecuentes en la infancia. Se clasifican en externas y medias, dependiendo de la porción del oído a la que afectan. Las externas suelen deberse a infecciones por exceso de humedad en el conducto auditivo, muy asociadas a piscinas, especialmente en verano. Las medias se refieren a una inflamación del tímpano, que es la membrana que protege al oído medio. Éste se encuentra comunicado con la vía aérea superior a través de la trompa de Eustaquio, que es la que mantiene correctamente ventilado al oído medio.

En el caso de los niños, la inclinación de esta trompa es menor, y suele además rellenarse de secreciones de moco, por lo que muchas veces se produce lo que se llama “otitis serosa”, que no es más que el acumulo de moco a nivel del oído medio, y que puede ser vista mediante la visión del otoscopio por el pediatra. Ese moco a veces ejerce tal presión que hace que el tímpano estalle y salga el líquido al exterior.

Las otitis medias agudas, al contrario que las serosas, llevan implícita una infección y lo que sale a través del tímpano es pus. En general las otitis medias suelen venir precedidas de fiebre e intenso dolor, que en los bebés se expresa a través de una importante irritabilidad y rechazo del alimento, pues aumenta el dolor con la deglución.

El acumulo de líquido detrás del tímpano, ya sea pus o moco, puede producir disminución de la audición.

Diarrea en los bebés

La diarrea aguda suele tener un origen infeccioso, aunque existen múltiples causas de diarrea. En el caso de una gastroenteritis aguda, la diarrea puede acompañarse de vómitos en las primeras horas, que irán disminuyendo hasta desaparecer. Puede haber fiebre también y dolor abdominal en forma de retortijones.

Lo más importante en una diarrea es reponer todo el líquido, la glucosa y los iones que el cuerpo está perdiendo. Si no hay vómitos, la cosa es mucho más sencilla, pues se pueden aportar suplementos orales. Sin embargo, cuando el niño vomita, el manejo es un poco más complejo, debiendo intentar una rehidratación con un suero de farmacia en pequeñas cantidades cada poco tiempo, para controlar las pérdidas digestivas superiores.

Se debe evitar el consumo de alimentos ricos en grasas y golosinas, manteniendo una dieta variada con preferencia por alimentos como el arroz, la patata, las carnes a la plancha, etc. No se deben retirar los lácteos de la alimentación salvo en diarreas muy prolongadas, en que se puede haber desarrollado una intolerancia transitoria a la lactosa, que puede alargar la diarrea con el consumo de los mismos.

Vigilar el estado de hidratación es lo fundamental para evitar el riesgo de deshidratación, especialmente en niños muy pequeños.

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