¿Por qué la poesía facilita el aprendizaje de la lectura?

En el momento de iniciarse en la lectura, que a veces es algo difícil, la poesía ayuda al niño a darse cuenta de que también puede divertirse y emocionarse con las palabras. No dudes en leerle poemas a tu hijo, porque estos textos cortos le permiten descubrir toda la riqueza y la libertad de nuestra lengua.

Los primeros poemas

En la guardería, en casa y, después, durante el ciclo de Educación Infantil, el niño aprende un repertorio de pequeños poemas: cantinelas, estribillos o juegos de ritmo. A esa edad, le gusta la repetición y la música. También es la edad de las canciones... incluidas las que se repiten fonéticamente y cuyo sentido –si es que lo tiene- no comprende hasta muchos años después. Más adelante, con el aprendizaje de la lectura, llegan los juegos con las palabras y la sonoridad. Entonces domina el humor y el sentido lúdico: es una bonita manera de desdramatizar el mundo de la escritura.

El gusto por las palabras

Cuando el niño aprende a leer, se enfrenta al “mundo de los mayores”. Se trata de un formidable rito de paso. Para acompañarlo, los juegos entorno a la lengua son una herramienta nada desdeñable. Ayudan a recuperar el poder sobre las palabras, no solo para leerlas y escribirlas, sino también para modificarlas, inventar otras nuevas, observarlas a distancia y reírse de ellas. En las clases de Primaria, sin necesidad de zambullirse de golpe en Las soledades de Góngora, el niño va a abordar, poco a poco, poemas más complejos. Es de nuevo una ocasión perfecta para apelar a su inteligencia sensible, a su emoción, y cultivar el gusto por las palabras.

Cuanto mayores se hacen, menos poesía leen

“La poesía es bonita, llena la vida de colores”, asegura Marión, de 7 años, alumna de 2.º de Primaria. Pero, curiosamente, cuanto mayores se hacen, menos poesía leen. ¿Por qué les intimida? Es verdad que un poema no se cuenta como un cuento. Tiene una resonancia más íntima. Y, fuera del colegio, se leen pocos textos cortos que tengan un valor estético y dejen huella.

La poesía, ¡también en casa!

Sin embargo, cuando hacemos que un niño lea un poema, lo estamos invitando a adentrarse en lo más rico y libre de la lengua. • No lo dudes: léele poemas en voz alta, igual que le lees cuentos e historias. • Anímalo a dibujar lo que le inspira el poema. • Habla con el niño sobre lo que le sugiere el texto. A poco que el texto sea simple y evocador, el éxito está asegurado, y el niño hallará en el poema un inesperado reflejo de sí mismo y del mundo... Sylvie Thierry-Askevis

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