¿Existe una crisis de valores en la educación de nuestros hijos?

Crisis de valores, crisis de identidad social.

En la calle, con los colegas, en charlas con amigos, es habitual escuchar que estamos perdiendo valores, que nuestros hijos y la juventud en general ya no comparten valores que considerábamos universales, necesarios e imperecederos.

Los valores que en otra época (década de los 70-80) fueron reivindicaciones de los jóvenes de esos años, de mayo del 68, las huelgas estudiantiles… como la paz, la convivencia armónica, respeto a los demás, educar para convivir y respetar la libertad de los demás…hoy en día están en crisis.

Pero ¿Qué está pasando, por qué valores se están sustituyendo?

El contexto socio-cultural actual preponderante (medios de comunicación, acceso a internet, redes sociales, uso masivo del móvil…) nos lleva al poder de la individualidad y la inmediatez. Se fomenta socialmente el goce directo sin dilación, la imagen por delante del pensamiento. Sólo tenemos que observar nuestro comportamiento ante las redes sociales y lo que prima: sin duda la imagen. Nos contamos nuestra propia vida a través de imágenes, se nos termina la narrativa tan necesaria para comprender, aceptar y conseguir elaborar conflictos y pérdidas. El futuro y el pasado carecen de importancia, por lo tanto generar proyectos es complicado.

El valor de la inmediatez, nos lleva a desarrollar escasa capacidad de espera y poca tolerancia a la frustración cuando se demora el resultado o la expectativa esperada.

Se pierde la vivencia de observar y sentir el proceso del paso del tiempo hasta que consigues una meta, porque se privilegia el goce inmediato y si no se obtiene se abandona o se actúa la frustración. La frustración es el producto de la no reflexión y de la imposibilidad como tal de simbolizar, con lo cual cuando el impulso supera la capacidad del yo de autocontrolarlo, se producen los cortocircuitos y aparece la acción impulsiva (acting-out) con conductas autodestructivas o hetero-destructivas a modo de descarga para liberarse de la sensación física y mental tan desagradable que genera la frustración no tolerada. Esto es lo que significa actuar la frustración.

En terapia familiar y en cualquier psicoterapia,  nuestro principal instrumento o herramienta de trabajo es la palabra desde la empatía, porque la palabra tiene valor, a través de la palabra y la reflexión llegamos a la simbolización, al reconocimiento de nuestras limitaciones y de la castración aceptando la necesidad de ayuda y dejando de lado fomentar la omnipotencia y el narcisismo infantil tan extendido actualmente.

El dilema está en cómo podemos ayudar a nuestros hijos para que se empapen de otros valores sin que les arrastren los de su contexto cultural. Difícil. Los hijos son el resultado emergente de la familia de origen que funciona como modelo social y de las instituciones sociales de su cultura (escuela, leyes, medios de comunicación…). La familia está en clara desventaja en cuanto a la transmisión de valores, únicamente la propuesta es seguir aportando nuestro granito de arena y atrapar y apropiarnos de la herencia de nuestros padres, para que en el futuro los que ahora son nuestros hijos y cuando ya no estemos aquí, hagan lo propio, la transmisión transgeneracional de valores.

Dra. Olga Córdoba Grasa
Psiquiatra y Psicoterapeuta de familia y de parejas acreditada por la FEAP.

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