Poner a los niños al sol

Poner a los niños al sol

Ya queda menos para el verano. Y eso significa tiempo libre y sol. Niños y adultos quedan expuestos a lo largo de gran parte del día a la radiación solar. Además, son los niños los que menos protegidos están. Por un lado, su piel está menos preparada por ser más delgada, y recibe tres veces más radiación ultravioleta que la de un adulto. Por otro, en los menores de tres años el sistema de regulación de la temperatura corporal está peor desarrollado, por lo que es más frecuente la afectación por insolaciones.

La luz que llega desde el Sol a la superficie de la Tierra lo hace en forma de rayos UVA y UVB. Las células que captan en el cuerpo esas radiaciones se llaman cromóferos, y se sitúan en la retina y en la epidermis. Éstos contienen ADN y precursores de melanina, que es la sustancia que da color a nuestra piel. La exposición al sol puede producir, al afectar a esas estructuras, efectos a corto plazo , entre los que destacan el bronceado y las quemaduras, y efectos crónicos (fotoenvejecimiento y cáncer de piel). El bronceado es una reacción de defensa del cuerpo, que comienza a fabricar melanina para protegerse. Las quemaduras se clasifican en tres grados, yendo desde el enrojecimiento de las de grado I hasta la destrucción de tejidos y posteriores cicatrices de las de grado III. La predisposición a sufrir daño por luz UV se clasifica en los denominados fototipos, que van desde el 0 al 6, en orden decreciente de susceptibilidad al daño solar. Así, las pieles claras de fototipos más bajos tienden más a las quemaduras y menos al bronceado.

La exposición al sol es acumulativa a lo largo de la vida. Debemos tratar de conseguir que en la infancia no se condicione una patología que, con el exceso de exposición, puede aparecer en etapas posteriores.

Es indiscutible que debemos hacer una fotoprotección física, que incluye:
-No exponer a los menores de un año a radiación solar directa.
-Evitar la exposición solar entre las 12 y las 17 horas.
-Usar sombrillas, árboles que den sombra, etc., para proteger a los niños de la radiación directa (la indirecta que viene reflejada de las superficies de alrededor no es frenada de este modo)
-Usar ropa oscura, de manga larga. Los tejidos más protectores son nailon, lana, seda y poliéster, y las que tienen una trama más densa.
-Usar sombreros de ala ancha, con longitudes de ala por encima de 2.5 cm.
-Usar gafas homologadas que bloqueen más del 99% de la radiación UVA y UVB. Evitar el uso de gafas tintadas sin protección contra la radiación ultravioleta.

Estas medidas nunca se pueden olvidar, y deben ser complementadas con los protectores solares. Éstos pueden contener filtros químicos, físicos y biológicos. Los químicos absorben las radiaciones evitando que penetren en la piel, y tienen una estabilidad de unas 2 a 3 horas. Los físicos o pantalla reflejan o difractan la radiación sin necesidad de ser absorbidos, haciendo una capa sobre la superficie cutánea que desvía toda radiación. Los biológicos, entre los que destacan las aguas termales y las vitaminas C y E, captan los radicales libres y siempre se usan en combinación con alguno de los anteriores. En general, los protectores solares que se usan suelen contener una mezcla de los tres tipos. En los niños han de ser además muy resistentes al sudor y al agua debido a la alta actividad de éstos.

A la hora de escoger un protector solar siempre nos fijamos en el Factor de Protección Solar, que es una medida de protección especialmente frente a radiación ultravioleta B (UVB), responsable del enrojecimiento de la piel tras exponernos al sol. Se sabe que entre dos protectores con cualquier FPS por encima de 50 no existe mucha diferencia en la cantidad de radiación que llega a la piel una vez aplicado.

Recientemente se ha establecido una clasificación en cinco grados para unificar todos los nombres y cifras que las distintas marcas han ido usando. Se habla así de protección “baja” (2-4-6) hasta “ultra” (desde 50+), eliminándose el término pantalla total. En los niños se debe siempre optar por protectores que se incluyan en las categorías “muy alta” o “ultra” Sin embargo, el índice de protección frente a las radiaciones UVA no queda bien establecido en los productos, y nos tendremos que fijar bien en que al menos asegure un factor alto de protección frente a ellas.

Como ya hemos visto antes, los filtros no son excesivamente estables, por lo que la aplicación de la crema ni nos protege tiempos más largos, ni nos excusa de una nueva aplicación cada dos o tres horas. También tendremos en cuenta que el sudor excesivo o los baños prolongados deben ser seguidos de una nueva aplicación del protector solar. Otro punto que fácilmente olvidamos es que ni el viento ni las nubes son un escudo frente a la radiación, por lo que esté como esté el día, si nos vamos a exponer y vamos a exponer a nuestros niños, no podemos dejar de llevar el protector encima. Éste se debe aplicar tanto en zonas expuestas como no expuestas, sin olvidarnos de orejas, manos, pies, etc. Para que el protector actúe desde el principio, se debe aplicar unos 20 minutos antes de la exposición. Normalmente, suelen ser resistentes al agua (protegen después de dos baños de unos 20 minutos cada uno)…¡pero no al secado con la toalla!

Y sin ninguna duda, todos sabemos que los niños imitan lo que ven. Y así como queremos educarles, en una actitud sana y preventiva frente al sol, así debemos actuar.

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