Malformaciones vasculares

Los hemangiomas son tumoraciones vasculares benignas que, si bien pueden estar presentes desde el nacimiento, aparecen en su mayoría durante las primeras semanas de vida. Se localizan con más frecuencia en la cabeza y en el cuello, en un 80% de los casos, y en menor medida en tronco y extremidades.

¿Cómo se tratan?

El empleo del láser y la cirugía son las posibilidades terapéuticas indicadas para tratar los hemangiomas y las malformaciones vasculares. Los hemangiomas son tumoraciones vasculares benignas que, si bien pueden estar presentes desde el nacimiento, aparecen en su mayoría durante las primeras semanas de vida. Se localizan con más frecuencia en la cabeza y en el cuello, en un 80% de los casos, y en menor medida en tronco y extremidades. En realidad, pueden aparecer en cualquier región corporal, incluidos los órganos internos. Habitualmente, se presentan como una lesión única, pero también pueden ser múltiples, casos en los que conviene descartar una afectación interna. Los hemangiomas crecen durante los primeros meses de vida y, generalmente, a partir del año de edad, involucionan o regresan. Esta desaparición progresiva puede durar entre 3 y 10 años. Por su parte, las malformaciones vasculares son lesiones benignas, es decir no cancerosas. Aunque están presentes desde el nacimiento, en ocasiones no son visibles hasta semanas o meses después. A diferencia de los hemangiomas, las malformaciones vasculares no experimentan un ciclo de crecimiento y posterior regresión espontánea. Al contrario, persisten y van creciendo lentamente a lo largo de la vida, progresión relacionada a veces con traumatismos, procesos infecciosos, cambios hormonales, etc. Ambas lesiones son susceptibles de ser tratadas con láser o cirugía. Los láseres -tanto de colorante pulsado, como de KTP, de Nd-YAG, etc.pueden resultar útiles en las fases iniciales de lesiones superficiales y en la parte superficial de un hemangioma profundo. Están igualmente indicados en los hemangiomas ulcerados de determinadas localizaciones. Tiene la limitación de la profundidad de su aplicación, ya que ninguno de estos láseres alcanza más de 2 ó 3 milímetros. En las malformaciones vasculares pequeñas y superficiales, el láser consigue generalmente una mejoría casi total. Sin embargo, el tratamiento es más complejo en lesiones extensas y profundas, cuya erradicación en la mayoría de los casos resulta prácticamente imposible. Por otro lado, la cirugía está indicada en determinados hemangiomas nasales, palpebrales o en cualquier localización aplicándola tan pronto como sea posible para evitar el desplazamiento y la destrucción de los cartílagos, con el fin de favorecer el desarrollo normal del niño. La intervención se realiza con anestesia general y requiere un tiempo de ingreso posterior de entre 1 y 2 días, según la extensión y localización del hemangioma. En cuanto a las lesiones vasculares, su tratamiento tendrá en cuenta el tipo de lesión, la localización y su profundidad. Como es lógico, la solución terapéutica habrá de ser más agresiva dependiendo de la deformidad y sintomatología generadas por la lesión.

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