Los jóvenes y las drogas

Nuestros jóvenes se inician cada vez a edades más tempranas en el consumo de drogas: alcohol, tabaco, cannabis…

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La adolescencia es una edad de riesgo, señala en esta entrevista Carmen Moya, Delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, quien apuesta por la prevención.

El Plan Nacional sobre Drogas ha cumplido ya 20 años. ¿Cuál es hoy su cometido?

En su momento, el Plan se creó con unas características muy distintas. Entonces el consumo de drogas estaba casi exclusivamente vinculado a la heroína, que en aquel momento suponía un problema de orden público. Esa situación ya no es la misma. La droga más consumida ahora ya no es la heroína, sino el cannabis y la cocaína, y por supuesto el alcohol y el tabaco; en menor cantidad, las drogas de síntesis. Sigue consumiéndose heroína, pero a la baja. La droga ya no genera ningún problema de orden social. El consumidor tampoco tiene una situación de marginalidad, sino que es un consumidor integrado socialmente en su estudio, en su trabajo, que consume fundamentalmente no como un hábito de evasión, sino de recreación. Su perfil es más joven que el de años atrás. Pero los objetivos siguen siendo los mismos. El Plan Nacional no es solamente la Administración, la central y las autonómicas, son también las corporaciones locales, las organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil en una palabra, porque las drogodependencias involucran a toda la sociedad y, por tanto, su resolución también.

¿Cómo se percibe ahora, socialmente, el consumo de drogas?

Lo que no podemos decir es que el problema no existe. Ha habido durante unos años la percepción de que no era ya un problema, que había desaparecido. No es cierto. Tiene otras manifestaciones menos broncas. Sin querer alarmar a la sociedad, tenemos unos consumos que están aumentando y nos sitúan dentro de Europa entre los primeros países en consumo de cannabis y cocaína.

¿Y cuál es la explicación para esa posición de avanzadilla?

Por la situación geográfica, estamos en un punto de entrada de drogas a Europa, y estamos en la tendencia que tienen todos los países occidentales con niveles económicos de desarrollo semejantes a los nuestros. Hay una mayor accesibilidad a las drogas. Tienen un precio que las hace relativamente fáciles para una economía juvenil. La adolescencia es también la época en la que los jóvenes se acercan a experimentar todo aquello que pueda generarles nuevas experiencias. Pero también tenemos los índices más altos de aprehensión de droga de toda Europa.

En los informes se habla de un descenso en la edad de inicio: se empieza a fumar a los 13, a beber a los 14, a fumar cannabis a los 15 y a tomar cocaína a los 16. ¿Puede darse un proceso escalonado?

No hay evidencias de que uno comience a consumir una sustancia y esa sea la puerta de entrada a otras. Sí es verdad que es más fácil consumir una droga y pasar a otra si te mueves en unos ambientes donde estos consumos son frecuentes. El alcohol es la sustancia que se consume con menor edad y no debemos olvidar que socialmente está bastante admitido. Un 46% de los jóvenes reconoce haberse emborrachado en el último año. De todas formas, es difícil encontrar a una persona consumidora de una sola sustancia. Lo habitual son los policonsumos: la asociación del cannabis o la cocaína con el alcohol...

¿Se puede considerar drogodependiente a alguien que consume ocasionalmente?

Es muy peligroso hacer ese matiz. En las encuestas hablamos de aquel que reconoce, por ejemplo, haber consumido alguna vez en los doce meses anteriores. Esto no quiere decir necesariamente que esté consumiendo de forma abusiva, pero lo que sí es cierto es que la vulnerabilidad genética en el consumo de drogas es desconocida.

¿Por qué unas personas se hacen dependientes y otras no?

No lo conocemos. Lo que sabemos es que iniciarse en estos consumos es como jugársela a la ruleta rusa. Uno de los elementos que hace más complicado actuar es que muchos jóvenes piensan que controlan. Esto es un grave error. No es un tema de voluntad, sino de vulnerabilidad, porque hay muchos factores que están actuando. En el plan de acción 2005-2008 elaborado por el PNSD se hace hincapié en la prevención.

¿Qué estrategias se están poniendo en marcha?

La prevención pasa por toda la franja de actuaciones, desde el ámbito familiar, el educativo, el ámbito de los jóvenes... También es muy importante que los medios de comunicación se corresponsabilicen en el tratamiento que dan, porque son un referente para muchos jóvenes. ¿Resultan eficaces las campañas informativas que se hacen? Las campañas de prevención son un golpe de atención, pero por sí solas no resuelven los problemas. Las campañas hay que mantenerlas, pero hay que complementarlas con otros niveles de actuación que también lleguen a los ciudadanos y sobre todo a la población más vulnerable.

La familia en ocasiones se enfrenta de buenas a primeras con la necesidad de hacer frente a una de estas situaciones. Muchas veces dicen no haber tenido ningún indicio hasta que alguien les llama desde el colegio o desde una comisaría. Creo que aquí tenemos un problema generacional. Hemos pasado de una generación de padres en la que todo estaba impuesto a otra a la que le es muy difícil imponer y le crea mala conciencia. Un padre o una madre tiene que ser consciente de su responsabilidad, que muchas veces supone imponer cosas. Es fundamental que los padres dialoguen con sus hijos, un elemento clave para el abordaje de las drogas y para cualquier otra relación. La adolescencia es una época compleja, pero sin diálogo es difícil que los padres puedan captar situaciones que los alerten de los derroteros que están tomando sus hijos, que a lo mejor en sus fases iniciales son fácilmente solucionables. Hablar, conocer bien al hijo es de todas formas lo más importante... Es fundamental. Muchas veces los padres se enteran porque han cogido al hijo consumiendo en un local. Vivimos en una sociedad informada. Hoy nadie puede decir que no sabe qué son las drogas. Hay elementos que pueden hacerle sospechar a un padre que ocurre algo: que el muchacho cambie de comportamiento, de amigos, de costumbres, trasnoche, vuelva a casa en unos estados no normales. Esto está relacionado a veces también con cambios en comportamientos escolares. En estos casos más vale que uno se exceda y se pase a que no le dé ninguna importancia.

¿Desde la escuela se está dando toda la información que se debería? ¿Los profesores están suficientemente formados?

España es uno de los países que más materiales formativos tiene en el ámbito educativo. Nuestros jóvenes están informados de lo que son las drogas, y no por eso muchos dejan de acercarse a ellas. Ya digo que es una época de experimentación. Es importante también el reforzamiento de la personalidad de los chavales: su autoestima, su autonomía. Es muy importante que puedan decir ‘no a la droga’ sin que esto suponga ningún quebranto en su relación con sus amigos, que eso no signifique que uno pierde protagonismo, capacidad de relación o posibilidad de divertirse. Desciende el consumo de tabaco en los chicos, pero está aumentando en las chicas... Las chicas fuman ahora más, pero esto forma parte del análisis de género, de la incorporación de la mujer a la vida activa, al reconocimiento social. Eso hace que, aunque hayan decrecido los consumos, aumenten en el caso de las chicas.

¿A quién hay que dirigirse a la primera sospecha?

A quien se tienen que dirigir los padres es a su hijo, pero sin recriminarle. Si la situación es inicial, más vale conocerla en su dimensión para poder actuar que recriminar y provocar que el hijo no quiera comentar absolutamente nada. En nuestro país tenemos afortunadamente una red de profesionales muy potente y muy bien formada técnicamente para poder abordar esto. En las distintas Comunidades Autónomas, los padres pueden recurrir al órgano correspondiente de la Consejería de Sanidad o de Bienestar. Desde aquí, desde el Plan Nacional también podemos, en función de la problemática, derivarlos a la atención y a la información más adecuada. www.pnsd.msc.es Perfil Licenciada en Medicina y Cirugía, y especialista en Medicina Preventiva y Salud, Carmen Moya (Valencia, 1952) asumió en mayo de 2004 el cargo de Delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD). Puesto en marcha hace ya 20 años, los principales objetivos del Plan, situado de nuevo en el organigrama del Ministerio de Sanidad, son los de evitar el inicio en el consumo de estas sustancias y actuar sobre el daño que pueden producir.

Javier Sanz

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