¿A quién piden los niños sus regalos?

La ingente tarea de dejar regalos en Navidad a todos los niños del mundo no es exclusiva de un personaje. Afortunadamente, es un trabajo que comparten varios y lo hacen en fechas diferentes. Esto explica en parte que sea posible llegar a tantas casas en tan poco tiempo.

Uno de los momentos más esperados de la Navidad es la noche en que se dejan los zapatos en un lugar bien visible de la casa con la esperanza de encontrarlos rodeados de regalos el día siguiente. Es una ilusión común a niños y mayores cristianos de todo el mundo, que hacen realidad distintos personajes, según los países. En esta tarea, no hay duda de que el que más trabajo tiene es un anciano regordete con barba blanca que el día 24 de diciembre ha de hacer su labor en lugares muy alejados entre sí. A pesar de que es el más invocado, afortunadamente, no está solo y comparte esta misión con los tres Reyes Magos de Oriente, que hacen la distribución la noche del día 5 de enero entre los niños españoles, y con el Niño Jesús, que va fundamentalmente a América Latina y África.

Papá Noel

Este anciano bonachón es conocido en España como Papá Noel, como Santa Claus en Estados Unidos o Julemanden en Dinamarca, por citar solo algunos de los nombres que recibe, todos ellos muy alejados de su nombre original: San Nicolás. Es asombroso cómo no solo su nombre, sino también su verdadera historia, ha sufrido una transformación tan grande.

San Nicolás

Fue un obispo que nació alrededor del año 280 en Patara, una ciudad del este de Asia Menor, en lo que hoy conocemos como Turquía. Su vida fue un ejemplo de generosidad, ya que, aunque nació en una clase social acomodada, cuando se quedó solo al morir todos sus parientes en una epidemia, regaló sus bienes e ingresó en un monasterio para dedicarse a la vida religiosa. Cuenta la leyenda que se dedicó especialmente a los niños y a los más desfavorecidos. Dice la tradición que sus desvelos se centraron también en las jóvenes pobres que eran vendidas por sus familias debido a la imposibilidad de casarlas a causa de la falta de recursos para su dote. Se dice que San Nicolás les entregaba una bolsa con monedas de oro para que se compraran una dote y pudieran, de esta manera, acceder al matrimonio. Es una de las innumerables buenas acciones que se le atribuyen al santo, cuya fama fue creciendo como la espuma entre sus contemporáneos y todavía más en toda Europa tras su muerte. Bajo este halo y, según el libro de Pepe Rodríguez Mitos y ritos de la Navidad (Ediciones B), aupado por la necesidad de la Iglesia de eclipsar a otros dioses paganos, San Nicolás se convirtió a partir del siglo XIII en el encargado casi exclusivo de repartir regalos la noche del día 5 al 6 de diciembre, que coincide con la fecha de su muerte. De hecho, en Turquía, país natal del obispo, y en Holanda, donde la tradición arraigó con especial fuerza, San Nicolás sigue dejando los regalos ese día. Sin embargo, tras la Contrarreforma, paralelamente al santo, surgió otra figura, la de Christkind o Niño Jesús, que obsequiaba a los pequeños el día 24 de diciembre, lo que obligó al santo a duplicar su jornada de trabajo para no perder popularidad.

Sinterklaas

Fue la primera de una serie de transformaciones para adaptarse mejor a las sociedades y a los tiempos. Los primeros holandeses que llegaron a Estados Unidos en el siglo XVII llevaron consigo la devoción al obispo, cuyo nombre ya había sufrido para entonces una pequeña variación: Sinterklaas. En tierras americanas, la figura del mítico obispo fue adaptándose a una nueva iconografía a medida que aumentaba su popularidad. Escritores y dibujantes fueron perfilando la imagen que ha llegado hasta hoy: San Nicolás perdió la categoría de obispo, se sustituyó la túnica por un vistoso traje rojo y, en lugar de un asno, montaba un trineo volador tirado por renos. El toque exótico se lo dio el rumor -falso, por supuesto- de que provenía de un lugar muy lejano y muy frío, el Polo Norte, donde pasaba el resto del año. Además, los angloparlantes acabaron por transformar su nombre: el Sinterklaas holandés derivó, finalmente, en el actual Santa Claus. Con ese enorme cambio, la figura fue exportada a todo el mundo con una uniformidad iconográfica a la que contribuyeron las campañas de marketing de las grandes multinacionales -especialmente la Coca-Cola-, que querían hacerse eco de los valores que siempre habían acompañado al personaje: generosidad, bondad y amor por la familia. Sin embargo, en algunos países se conserva todavía la original identidad del santo. En Holanda, San Nicolás sigue siendo el tradicional obispo, que llega al puerto de Ámsterdam en una barcaza el día 4 de diciembre. En Rusia, el santo tampoco ha sufrido grandes variaciones de indumentaria, aunque deja los regalos el 31 de diciembre por la noche, igual que lo hace San Basilio en Grecia.

Krampus y Beffana

En otros lugares, como Austria, el día 5 de diciembre, aunque San Nicolás no visita las casas, sí lo hacen unos diablillos o krampus que vigilan el comportamiento de los niños y les dejan dulces. Sin embargo, en este país, el día más importante es el 24 de diciembre, cuando el Niño Jesús deja los regalos. En realidad, en la mayor parte del mundo donde se celebra la Navidad, la fecha clave es el día 25 o la noche del 24. En esto España es una excepción, ya que, aunque muchos niños prefieren escribir sus peticiones a Papá Noel, lo tradicional es encargar los regalos a los tres Reyes Magos, que los dejan el día 5 de enero por la noche, lo que supone una gran ventaja para Melchor, Gaspar y Baltasar, que cuentan con una semana más para ultimar su trabajo. Italia es el único país que tiene una tradición parecida ya que esa noche, una anciana, la Beffana, visita las casas y premia el comportamiento de los niños. Cuenta la leyenda que los Magos de Oriente, en su camino al pesebre para dejar los regalos al Niño Jesús, pararon en casa de la Beffana y le preguntaron la dirección. Ella, que en un primer momento prometió acompañarlos, luego desistió y, desde entonces, arrepentida, hace un homenaje a los Reyes dejando dulces o carbón, según su comportamiento, a los niños.

El Niño Jesús

En el resto del mundo, los regalos son repartidos por Santa Claus (en sus diferentes versiones) o por el Niño Jesús. Así, en América Latina, a pesar de la fuerte influencia norteamericana, la tradición cristiana está muy arraigada, y tiene más fuerza el Niño Jesús. En los países asiáticos, quienes celebran la fiesta suelen encargar los regalos a Santa Claus. En África, el intercambio de regalos tiene un matiz distinto según se trate de las ciudades o del campo. Según Antonio Molina, miembro del Centro de Información y Documentación Africanas, que ha sido misionero en Mozambique y Burkina Faso, en las grandes urbes, donde la situación económica es mejor, los niños reciben regalos del Niño Jesús. En el campo, sin embargo, donde hay menos posibilidades, la ilusión es estrenar un vestido. El día de Navidad, los niños hacen belenes de arcilla y los dejan en la puerta de las casas. Es costumbre invitar a los vecinos a comer, una tradición en la que participan tanto cristianos como musulmanes.

Elena Ávila

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