Los niños y el comedor escolar
La comida no me gusta, hay mucho ruido, nos meten prisa... Cuando los niños se quejan del comedor escolar, los padres se hacen preguntas. ¿Cómo funcionan hoy los servicios de restauración de los colegios? ¿Qué comen los niños y las niñas y en qué condiciones? Una especialista en dietética despeja nuestras dudas y nos ofrece consejos para garantizar el equilibrio alimentario de nuestros hijos.
Índice
1. Los comedores escolares han cambiado2. Qué recomendaciones nutricionales se siguen
3. En el comedor, también se aprende
Los comedores escolares han cambiado
La restauración escolar está regida por unas normas que todos los centros deben cumplir. Esa normativa hace referencia a las dimensiones y distribución de los locales, al análisis de los alimentos, a la presencia de personal cualificado... Además, el centro está obligado a entregar el menú del mes a los padres.
Qué recomendaciones nutricionales se siguen
Es verdad que no siempre se sirve lo que al niño le gusta -afirma Christine Plawinski-. Las recomendaciones nutricionales de los textos oficiales son claras: la alimentación tiene que ser variada, equilibrada y, si es posible, apetecible (sabor, asociación de colores...). No se sirven muchas verduras de sabor fuerte, productos grasos o demasiado dulces. A menudo, hay una cocina central que prepara la comida. Luego se enfría para transportarla y se recalienta en los colegios. Es el medio más seguro para garantizar la higiene alimentaria, porque es más fácil mantener la cadena del frío que la del calor, precisa Christine Plawinski.
Destino recomendado
En el comedor, también se aprende
La hora de la comida contribuye al aprendizaje de la autonomía, de la socialización y del gusto. El objetivo es conseguir que el niño se sirva de todo, que consiga controlar lo que come y que aprenda a compartir. ¿Fuerzan a los niños a que coman? El personal encargado del comedor anima a los niños a probar aclara Christine Plawinski-. Establece un trato con ellos: si prueban una cucharadita de postre como mínimo y no les gusta, pueden dejarlo. No es fácil que un niño logre que le guste un alimento nuevo de la noche a la mañana. Es como aprender a leer y a escribir, requiere tiempo. Pero hay que probar por las buenas. Si el niño está al borde de las lágrimas, es mejor no insistir. Los responsables del comedor también se hacen cargo del tiempo que dura la comida. Sophie Coucharrière
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