Los detalles importan

Los detalles importan

Recibir una sorpresa agradable nos hace sentir bien

El aprecio y cariño hacia los demás no sólo se demuestra con palabras o con regalos materiales, hay muchas formas de decir “te quiero” o “he pensado en ti”.

El placer de recibir y la satisfacción de dar ¿A quién no le gustan los detalles? Recibir una sorpresa inesperada de alguien que quiere demostrarnos su afecto nos hace sentir muy bien, porque nos dice con ello que nos valora, que ha pensado en nosotros o que nos agradece algo que hemos hecho por ella. Pero dar es igual de importante que recibir, porque no sólo regalamos el detalle, sino algo de nosotros mismos, nuestra generosidad, nuestras buenas intenciones. Disfrutar con los preparativos, anticipando la alegría del otro, también ilusiona a la persona que regala.

Los detalles importan
Si queremos dar una sorpresa hay que pensar en la persona que lo va a recibir y preocuparse de averiguar lo que realmente le puede gustar. No vale cualquier cosa. Hay que pensar para quién, qué, cómo y cuando. Los mejores detalles suelen ser los más sencillos, imaginativos y sobre todo, oportunos.

Lo que importa es el detalle Aunque algún caprichito material de vez en cuando hace que se disfrute de la vida, no debemos perder la noción de la realidad. No se puede caer en el consumismo. Afortunadamente existen muchas formas de sorprender y manifestar al otro nuestro afecto sin desembolsar necesariamente dinero. Un dibujo, una flor, tu tiempo, tu reconocimiento, una nota en la almohada para que la descubra al acostarse… Basta con demostrarle al otro que le tenemos en nuestro corazón.

La adicción a los regalos
Siempre y cuando no se utilicen como chantaje o premio (“te doy…., si haces….”) o como una concesión a un capricho, los regalos no corren peligro de convertirse en adicción. Hablamos del regalo inesperado, de la sorpresa, del que se hace de forma gratuita pensando en quién lo va a recibir (“me acordé de ti y como se que te gusta…”).

Dar desinteresadamente
Podemos poner mucha ilusión en preparar una sorpresa, pero no siempre la persona a la que va dirigida reacciona como nosotros esperamos. Existe la posibilidad que no le guste tanto como creíamos, que no se muestre maravillado. No debemos decepcionarnos, lo importante es la ilusión que hemos puesto en ello. Pero cuando es el niño el que tiene la iniciativa da darnos la sorpresa, no olvidemos nunca hacerle saber la ilusión que nos ha hecho, mostrarnos boquiabiertos, darles un abrazo… está aprendiendo a ser generoso.

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