Entrevista a Guillermo Fesser

Periodista madrileño afincado en Estados Unidos, con muchas inquietudes educativas.

"Todos, al final, estamos mirando hacia atrás a ver si nuestros padres están orgullosos de nosotros" 

Has sido padre, junto a tu mujer que es estadounidense, de tres hijos. ¿Cómo os planteasteis su educación cuando eran pequeños?

Bueno, lo primero que surge cuando te casas con una persona que no es de tu país, y que, además, no es de tu cultura ni de tu lengua, es el idioma. ¿En qué le hablamos a los niños? Y, entonces, desde el principio, decidimos que ella les iba a hablar en inglés, que es su lengua materna, y yo les iba a hablar en español, que es la mía. Y nos dijeron, también, desde muy temprana edad, que lo que no convenía era mezclar los idiomas: que no dijéramos "Ponte el shoe", ni "Tie up the zapato", sino "Abróchate el zapato" o "Tie up the shoe". Y que sin mezclar, que no había ningún problema. Que los niños son muy listos y desde pequeñitos entienden la diferencia entre un idioma y otro, y no hay problema.

Hay bastantes matrimonios multiculturales, que conocíamos, que han preferido utilizar el idioma del país en el que vivían. Si estaban en España les hablaban en español, y punto. Si estaban en Estados Unidos, les hablaban en inglés, y punto. Esto es más fácil, sobre todo, cuando los niños empiezan a ser un poquito mayores. Los niños no quieren ser diferentes, quieren ser iguales a sus amigos, y que, de repente, tu padre te hable en español, es como: "Papá, ¡qué me dices! Y te responde en inglés, ¿no? Y hay momentos en que piensas: ¡Qué complicado es esto!, pero, luego, cuando son mayorcitos, te lo agradecen, porque son bilingües.

Y ser bilingüe es una bendición espectacular, es una suerte maravillosa, porque no solamente es saber traducir, y decir que cuando llueve en inglés se dice "It's raining". No, es entender dos culturas. Y eso significa entender que las mismas cosas o las mismas emociones se pueden conseguir de formas distintas. Y cuando tú sabes que una cosa se puede hacer de dos maneras distintas, sospechas que se pueden hacer de tres y de cuatro... Entonces aprendes a escuchar y, al hacerlo, conoces gente y dejas que entren en tu vida personas que si no, no hubieras permitido nunca que esto pasara. Y, al final, ¿qué ocurre?, que tu vida es mucho más divertida. La aventura de la vida se convierte en algo mucho más interesante.

"Ser bilingüe es una bendición espectacular, es una suerte maravillosa, porque no solamente es saber traducir [...]. No, es entender dos culturas. Y eso significa entender que las mismas cosas o las mismas emociones se pueden conseguir de formas distintas"

¿Cuál ha sido vuestra relación con la lectura? ¿Qué tipo de cuentos, libros y otras publicaciones les dabais? ¿Han salido lectores?

Sí y no. Yo, desde siempre, he leído muchísimo. Leer es una de mis grandes pasiones, si no mi pasión. A Sarah, mi mujer, también le gusta mucho leer. Para que te hagas una idea, nuestra lista de bodas la pusimos en Espasa Calpe, en Madrid. Nuestros hijos siempre nos han visto leer. Y, luego, yo desde siempre he seguido una tradición que hacía mi padre con mis hermanos y conmigo que era no leernos, sino contarnos un cuento en la cama, que se inventaba él. Entonces yo, con mis peques, me inventé unas historias de un detective privado que se llamaba Anizeto Calceta y les contaba esas historias y luego, de hecho, cuando ellos ya fueron mayores y no les interesaba que les contara el cuento y yo me quedé sin público objetivo, decidí publicar las historias.

Y tengo publicados tres cuentos del detective Anizeto Calceta, con un personaje secundario, que nació después, que se llama Ruedas, que es una niña que va en silla de ruedas y juega al baloncesto y es la que le ayuda a averiguar los misterios. ¡Y quién me hubiera dicho a mí que ahora en muchos colegios de España y en muchísimos colegios de Estados Unidos, en educación bilingüe, se lee todos los años el libro de Ruedas y el enigma del campamento moco tendido!

"Leer es una de mis grandes pasiones, si no mi pasión. A Sarah, mi mujer, también le gusta mucho leer. Para que te hagas una idea, nuestra lista de bodas la pusimos en Espasa Calpe, en Madrid. Nuestros hijos siempre nos han visto leer"

¿Cómo fue tu educación de niño y adolescente en España? 

Yo no tengo ni idea de cómo fue. Objetivamente no lo sé. Subjetivamente, en cuanto a mi casa, lo que sí que recuerdo siempre es mucho cariño. Divertido, porque éramos muchos hermanos, comprimidos en un espacio bastante pequeño. En un piso no muy grande vivíamos 9 hermanos, mis padres y una señora de Galicia que estaba allí para cuidarnos. Por un lado, había muchas peleas, pero también había mucha convivencia y aprendías a compartir y a aguantarte..., si no te tocaba ducharte hasta después de dos turnos. 

Yo creo que eso es una preparación para la vida estupenda. Y, sobre todo, lo que recuerdo de mis padres es que nunca nos han exigido sacar buenas notas, nunca hubo ninguna hubo bronca por las notas, preocupación por si estábamos o no estudiando... Presión cero. Lo que sí que había era tolerancia cero con la idiotez o con el desperdicio. Salías de tu cuarto y apagabas la luz. No es que hubiera una posibilidad de que no lo hicieras. No, es que en aquel momento sabías que si tú no apagabas la luz le estaba buscando las cosquillas a tu padre, porque le costaba mucho trabajo pagar la cuenta de la electricidad. O te cepillabas los dientes y cerrabas el grifo mientras lo hacías, y lo volvías a hacer después. Cosas que ahora a los niños hay que explicarles mediante el tema del reciclaje, tener respeto a no sé qué, en aquella época se hacía, porque así se tenía que hacer. No existía la posibilidad de que el agua del grifo estuviera corriendo media hora. 

Ese tipo de educación, que yo creo que es básica, de sentido común, que tristemente en esta época en la que hemos perdido el sentido común, la estamos recuperando a través de iluminados que nos lo dicen como si fueran grandes averiguaciones. 

Y, en el colegio, yo recuerdo que fui a un colegio de curas, y tuve la suerte de que mi experiencia fue maravillosa. Tuve buenas relaciones con los  profesores, con los alumnos... Era un colegio bastante liberal, los Sagrados Corazones, y yo en bachillerato era el director del periódico popular que hacía junto a otros compañeros. Y recuerdo que, con Franco todavía en vida, publicábamos temas sobre la pena de muerte y otros comprometidos y nos apoyaban. Más que las clases, recuerdo que no había dinero. Yo no podía hacer deporte porque solo había un patio, tamaño bolsillo, para todos los que éramos, pero hacíamos muchas salidas de fin de semana de camping, viajábamos por España en Land Rover, durmiendo en tienda de campaña, yendo a las casas de los curas... Pero lo recuerdo estupendamente. Con lo cual, ahora mismo, que estoy haciendo un reportaje horrible sobre los abusos sexuales de la Iglesia católica en Pensilvania, en Estados Unidos, quiero decir que también hay gente maravillosa, estupenda, dentro de la institución de la Iglesia católica, porque yo lo he vivido así. 

"Si la vida fuera un dibujo, el punto de fuga serían los padres" 

¿Cuándo surgió en ti la preocupación por la educación y por llevarla a las personas con problemas para acceder a ella? 

Surge a través de la experiencia. Juan Luis y yo, cuando creamos Gomaspuma, tuvimos una inquietud por salir fuera, por viajar y, al hacerlo, nos dimos cuenta de que a pesar de todos los problemas que tenemos, somos unos privilegiados en comparación con el ochenta por ciento de la humanidad. Entonces nos planteamos cómo echar una mano y, pensamos que, si les proporcionábamos herramientas para que ellos mismos lo averigüen dentro de sus posibilidades, de su cultura, educación, con su gente, pues podríamos hacer algo. 

Y, también, nos dimos cuenta de que con poquito dinero, con lo que en España no harías nada, en un lugar como por ejemplo, Sri Lanka, donde estamos, o Nicaragua, podías hacer mucho. Y así empezamos y es una satisfacción porque en Nicaragua niños que nosotros ayudamos a que no estuvieran en la calle y que entraran en una escuela, hoy en día son graduados universitarios, que enseñan a otros niños que están en las mismas condiciones en las que ellos estuvieron. Entonces el ciclo se cierra y es muy bonito verlo. No es un granito de arena, es un trocito de un trocito de un granito de arena, pero suficiente como para hacernos sentir que se pueden hacer cosas interesantes en este planeta. 

"Ahora mismo, que estoy haciendo un reportaje horrible sobre los abusos sexuales de la Iglesia católica en Pensilvania, en Estados Unidos, quiero decir que también hay gente maravillosa, estupenda, dentro de la institución de la Iglesia católica, porque yo lo he vivido así" 

¿Cuál ha sido la experiencia más gratificante para ti en este sentido? 

¿Dentro de la Fundación Gomaspuma? No lo sé, ¡hay tantas! Sobre todo que las más gratificantes no me tocan a mí. Juan Luis y yo somos los que nos tenemos que inventar alguna fórmula entretenida para conseguir dinero. Entonces nos hemos inventado un festival flamenco en el que ofrecíamos flamenco a precios populares y el dinero que recaudábamos lo utilizábamos para esto. Flamenco pa tós, magia pa tós, comedia pa tós, cerveza pa tós... No estamos en el día a día de ver al niño o a la madre, pero nos han contado muchas de esas historias y muchas son conmovedoras. Y solo el hecho de mejorar la vida de una persona es suficiente. Esto de echarnos un cable no se mide en números, sino en emociones. Y solo una de esas emociones es tan intensa que... ¡uff!, yo me acuesto todas las noches muy tranquilo. 

Te has convertido en un autor asiduo de la Feria del libro de Madrid. ¿Cómo ves el panorama editorial español desde tu día a día en Estados Unidos?

Yo vuelvo a la Feria del Libro todos los años, porque me gusta y me dejan hacerlo todavía, pero la Feria no ha sido un sitio donde las grandes colas, ventas o atracciones del público hayan sido por títulos o por autores del mundo de las letras, sino más bien por ser gente famosa... De pequeñito iba con mis padres a todas las ferias del libro a buscar el nuevo libro de Tintín o de Mortadelo y Filemón que salía ese año. Y hacíamos dos colas, una para la firma era de Francisco Ibáñez, que es un monstruo, espectacular, y otra con la librería que nos vendía Tintín. Pero esos autores mediáticos ha pasado a ser gente que ya no es del mundo del libro. Ahora las grandes colas de la Feria del libro no son de escritores ni de gente que ha escrito un libro, son de youtubers, de bloggers, de influencers, que todavía no sabemos lo que significa eso, pero son de personas que a la gente les hace ilusión llevarse su firma. 

Vivimos un periodo en el que yo no sé muy bien qué va a pasar con el formato libro, ni sé muy bien qué va a pasar con la profesión de escritor, porque creo que ahora mismo las nuevas generaciones no tienen una gran intención de leer, porque no están acostumbrados a tener un tiempo de dedicación a las cosas mayor de catorce segundos. ¡Y no se puede leer una novela en ese tiempo, claro! Sí puedes poner un tuit, ver unas fotos de Instagram, hacer un comentario o subir un vídeo a Youtube. Por lo tanto, el mundo de la literatura leída va a cambiar mucho. Espero que no se reduzca a frases como las que vienen en las galletas que te dan al final de la comida en los restaurantes chinos o los versitos que venían en los caramelos gordos que vendían en Zaragoza. No lo sé, son tiempos de cambio. Confío mucho en el audiolibro, por eso acabo de grabar con mi propia voz mi primera novela: Mi Amigo Invisible. Yo oigo muchos libros en el coche cuando viajo por Estados Unidos y es una experiencia maravillosa. 

Yo nunca creo que unas épocas sean mejores que otras, pero echo de menos que ahora, que tengo casi 60 años, porque tengo 58, debería estar en un mundo que conozco perfectamente y estoy en uno que no tengo ni idea de para dónde va a ir, ni hacia dónde se va a menear. Eso, por un lado, crea una intranquilidad, que yo preferiría no tenerla, pero por otro lado te crea una emoción que me ha venido de regalo, el estar expectante, el no dormirte, el estar pendiente de por dónde van las cosas. La Feria del libro seguirá siendo una feria, pero la palabra libro mucho me temo que va a ir desapareciendo poco a poco. 

"Solo el hecho de mejorar la vida de una persona es suficiente. Y solo una de esas emociones es tan intensa que... ¡uff!, yo me acuesto todas las noches muy tranquilo" 

De polifacético periodista en múltiples medios, te estás convirtiendo en adalid  de la huella hispana en los Estados Unidos...  ¿Por qué es tan importante rescatar del olvido la historia de los españoles en este país? 

A mí me ha venido un poco de rebote. Yo no vine a Estados Unidos ni por motivos profesionales ni porque no me guste mi país. A mí me encanta España, estaba feliz trabajando en un programa de radio, pero tenía una situación personal que es que estoy casado con una mujer de Estados Unidos, mis hijos eran de aquí y de allí, y llegó un momento, cuando ya estaban más creciditos que pensamos que era mejor que vivieran aquí, en esta realidad, porque Estados Unidos, como digo, no es solo un idioma, sino que es una manera de ver, de sentir, de comer, de levantarte, de relacionarte con la gente... Y nos parecía que era muy bueno para ellos el que les diéramos la oportunidad de crecer en un tramo de su vida en este lado del charco y con su familia de aquí... 

Así lo hicimos. Y, de repente, me encuentro en Estados Unidos preguntándome: ¿Y qué demonios hago yo aquí? Muy bonito lo de la familia unida, los niños, el campo... Entonces empecé a descubrir más elementos de la cultura de los españoles en este país de lo que yo esperaba. Yo pensaba que iba a llegar a Nueva York, con todo en inglés, y cuál fue mi sorpresa cuando a la altura de la calle 172 de Broadway, veo que esta calle deja de llamarse así y se llama Juan Rodríguez Way. O cuando estoy viendo un tema de sinagogas de Nueva York y descubro que la sinagoga más antigua de la ciudad de Manhattan está fundada por un señor que se llama Juan Gómez, que venía de España. 

Esto me produjo una inquietud y empecé a preguntar, a hablar... Y, ¡claro!, es que nosotros llevamos desde poco más de 1500 viniendo a este país. En la guerra contra los ingleses y los escoceses las dos terceras partes del territorio actual de Estados Unidos eran un dominio que se llamaba Nueva España, cuya capital era Nueva Orleans, y su gobernador era español, y sin el gobernador de Nueva Orleans de la época, el señor Bernardo de Gálvez, el señor Washington no gana la guerra a los ingleses ¡ni de c...! Y esto ha sucedido en un momento en que en Estados Unidos se cuestiona la presencia de los latinos y se dice que si acabamos de llegar hace cuatro años, haciéndolo ilegalmente, que si estamos quitando el trabajo... En resumen, que los que hablamos español en Estados Unidos llevamos aquí desde el principio y que hemos sido fundamentales en la creación de este país, lo que cambia esta narrativa. 

Y ahí es cuando decido, aprovechando que ya tenía un libro publicado para los colegios, el de Ruedas, escribir un libro de historia con la misma editorial, y ya no solo en español para los colegios bilingües, sino también en inglés para que todos los niños, cuantos más mejor, se enteren de que los latinos, los hispanos, como quieran llamarnos, estamos aquí de pleno derecho. 

Esto está creando en los colegios a los que voy o a los que llega el libro, que cada vez son más, un fenómeno muy interesante y muy emocionante y es el ver que muchos niños latinos que estaban considerados, incluso por ellos mismos, de segunda categoría, sacan pecho, y que muchos acosadores que estaban maltratándoles, empiezan a ponerlo en duda y piensan: "¡A lo mejor este tío no es tan tonto como yo pensaba...!". Esto es importantísimo. Y los profesores también están empezando a conocer una parte de la historia que no sabían y a profundizar en ella. 

"La Feria del libro seguirá siendo una feria, pero la palabra libro mucho me temo que va a ir desapareciendo poco a poco" 

¿Qué te gustaría contarles a los papás y mamás jóvenes? ¿Y a sus hijos? 

Yo no tengo ningún mensaje para la humanidad, pero lo que sí que puedo decir, mirando para atrás en mi propia experiencia, de gente que ha tenido hijos como yo, es que una de las cosas importantes es nunca confundirte y pensar que tus hijos son tus amigos, tus colegas. Tus hijos son tus hijos. Tú eres el padre y ellos son los niños. Debes intentar quererlos mucho, pero tú estás ahí para ayudarles a que ellos tengan una mente muy abierta, para que ellos, luego, en su vida privada sean capaces, en solitario, de salir adelante. 

Entonces no les protejas demasiado, porque si les coges cada vez que se caen, no se van a saber levantar. No les des solo espaguetis con tomate, porque luego cuando viajen por ahí y prueben una sopa que pica un poco, no van a poder comérsela... A los niños no les importa que les pique un poco la sopa, lo que les importa es que si les pica la sopa ("¡Huy, cómo pica...!") y te miran... no les digas "¡Cómetela, que no pasa nada!". Luego les gustará más o menos, pero tendrán un paladar abierto a sabores distintos, que es la manera más barata y más fácil de viajar. Si les dices que se la coman, se comen la sopa, porque los niños lo que necesitan aprender son las reglas, un poco de disciplina. Si tú no les pones disciplina a los niños, dudan entre lo que está bien y mal y, luego, esos niños están muy perdidos. 

Entonces, si la vida fuera un dibujo, el punto de fuga serían los padres. Y todos, por mi experiencia en la vida, todos, desde el más humilde humano hasta la persona que nos parece que ha triunfado más, si ha llegado a la presidencia de un gobierno o conseguido un puesto en la Administración, o un premio nacional de lo que sea. Todos, al final, estamos mirando hacia atrás a ver si nuestros padres están orgullosos de nosotros. Porque necesitamos ese reconocimiento. Y ese reconocimiento no significa simplemente un abrazo, que también hay que darlos, cuantos más mejor, sino que a veces significa, también, una mirada seria que le diga: ¡No, no chaval, por aquí no! ¡Para, ya! 

Eva Frutos Lucas, periodista y Redactora Jefa de Bayard Revistas
Foto: Antonio Flores Lobos 

* Nacido en Madrid y afincado en Estados Unidos desde hace aproximadamente una década, el periodista Guillermo Fesser se dio a conocer con el programa radiofónico Gomaespuma, cuyo diseño y creación compartió con Juan Luis Cano. También ha trabajado como guionista y realizador de cine, junto a su hermano Javier Fesser; como escritor, con varios libros publicados, como, por ejemplo, A Cien Millas de Manhattan, una recopilación de relatos sobre personas de su entorno rural en EE. UU. (Rhinebeck, un pueblo de 7.000 habitantes a 160 kilómetros de Nueva York) que fue un best seller en España y dio paso a una sección en el programa 59 Segundos de TVE.

 

Centrándonos en su vertiente educativa, en 1994, Guillermo Fesser ideó un programa, de marionetas para Telecinco, también llamado Gomaespuma, realizado por su hermano Javier Fesser y con guiones de Juan Luis Cano y él mismo, en colaboración con Kermit Love, el creador de las marionetas de la factoría de Jim Henson. Además, junto a Cano, publicó tres cómics y llevó a cabo en la 2 de TVE el espacio GomaespumEnglish, un programa infantil de enseñanza de inglés en clave de humor. A partir del 2000, Juan Luis Cano y él crearon la Fundación Gomaespuma, dedicada principalmente a financiar proyectos educativos para niños de Nicaragua y Sri Lanka y a promocionar el flamenco en España y en el mundo con el festival didáctico Flamenco Pá Tós.

 

Preocupado por la falta de entusiasmo hacia la lectura de las nuevas generaciones, tanto en España como en Estados Unidos, Fesser es el autor de una colección infantil, Anizeto Calzeta (Santillana LoQueLeo), compuesta por libros, musicales, acertijos, trucos, juegos, dibujos y aplicaciones multimedia. Y, recientemente, del libro Conoce a Bernardo de Gálvez (en inglés y en español), con el que está recorriendo los colegios de Estados Unidos para que la gente que habla español (¡unos 50 millones!) conozca esta historia y se sienta orgullosa de haber contribuido a la creación de los Estados Unidos.

 

 

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