Vuelta a la escuela infantil o el colegio en tiempos de coronavirus

Consejos para padres para la nueva adaptación tras la pandemia.

Al volver de nuevo al colegio o a la Escuela Infantil después de todas estas semanas, los más pequeños pueden preguntarse: 

  • ¿Dónde están todos mis compañeros/as?
  • ¿Qué pasa aquí?
  • ¿Ahora ya no voy a estar con mi papá y mi mamá?
  • ¿Me voy a quedar aquí mucho tiempo?

Este nuevo periodo de adaptación es un proceso de evolución personal que el niño hace por sí mismo, es él quien se debe adaptar y quien tiene que asimilar de nuevo los cambios después de estas semanas tan inciertas. La profesora y los padres podrán ayudarlo, pero esta etapa de “conflicto” es inherente a la situación en la que nos encontramos. Es importante, por tanto,  preparar esta situación haciendo a los pequeños partícipes e introduciendo los cambios progresivamente, y no todos de una vez. No conviene por ejemplo madrugar de manera repentina, debemos respetar el ritmo de adaptación de cada uno para llegar finalmente a conseguir todos los propósitos y retomar la rutina.

Recuperar la rutina

La rutinarepresenta para los pequeños seguridad y orden, es necesaria porque transmite equilibrio. Después de unas semanas en casa, con horarios flexibles y actividades diversas, los niños recuperarán sus hábitos aunque al principio se resistan; nosotros somos los responsables de iniciar e incorporar las rutinas de manera placentera, después será la profesora quien se encargará de continuar nuestra labor. Una actitud paciente pero firme (no permitiremos que se entretengan a la hora de irse a dormir, por ejemplo) anticipándonos a los cambios y explicándoselos con cariño, les ayudará a volver a su ritmo de vida habitual.

Nuevo periodo de adaptación

Los primeros días que una niña o un niño viven en la Escuela Infantil tras la pandemia van a propiciar una serie de cambios importantes; se trata de una etapa de variación que influye en el desarrollo de las actividades realizadas hasta el momento y en las relaciones que este mantiene con sus padres. A partir de ahora ya no dispondrá de todo el día para estar en casa y verá mucho menos a papá y a mamá, tendrá que adaptarse al horario que  tenía antes  y en muchos casos comer fuera del hogar con otros niños de su misma edad (sus iguales). En pocas palabras, el niño pasa de nuevo de un ambiente que controla, domina y en el que se siente seguro y protegido a otro diferente aunque ya conocido produciéndole, en algunos casos, cierta inseguridad y aislamiento. De nuevo convivirá un entorno con otros códigos relacionales, pues ya no es único y tiene que compartir juegos, espacios y personas.

¿Quiénes se adaptan de nuevo? Niños, padres y educadores

Los niños piensan… “ante esta situación desconocida y amenazante utilizaremos nuestros recursos…” Aunque cuando empezó el confinamiento la gran mayoría ya estaban adaptados, podemos encontrarnos tres grupos:

En un primer grupo podemos encontrar niños que les cuesta adaptarse de nuevo y lloran, patalean, intentar escaparse, no quieren comer, se niegan a dormir, se muestran agresivos, aparece de nuevo la enuresis… es decir, rechazan la situación impuesta llamando constantemente la atención. 

Por otro lado está el segundo grupo, son los niños que se sientan en un rinconcito del aula evitando relacionarse con otros compañeros y educadores y refugiándose en objetos de apego que hayan traído de casa (son sus talismanes y permitiremos que los tengan hasta que se cansen).

En un tercer grupo se encuentran los niños adaptados desde el primer día que colaboran y participan en todas las actividades expresando sus emociones y no sufren consecuencias de este “lapsus” tan extraño.

Los padres piensan… “¿Por qué surgen de nuevo estos sentimientos diferentes y contradictorios?,  ¿por qué padecemos esta ambivalencia emotiva cuando dejamos al niño en la Escuela Infantil aunque la conocemos perfectamente?”

Para algunos padres dejar de nuevo al niño en la Escuela Infantil crea cierta ansiedad culpabilizante. Uno de los temores más frecuentes de estos es de nuevo el supuesto abandono afectivo, temor infundado, pues la incorporación del niño a la escuela no supone en ningún momento abandono o quiebra de la afectividad. Los padres deben tener presente que el educador de su hijo (a quien ya conocen desde el principio de curso) es una persona segura de sí misma, creativa, sensible… y la Escuela les brinda todas las garantías de seguridad necesarias… El niño se enriquecerá adquiriendo la seguridad necesaria para conseguir una estabilidad en el desarrollo de su personalidad y un respeto en su individualidad. 

Los educadores piensan… “empezamos otra vez…nuevo reto”

Los educadores también necesitan readaptarse otra vez, acogen a los niños con paciencia y retoman la huella que en ellos ya habían dejado. Implica una gran preparación, un nuevo desgaste de energía ante un grupo que absorberá su estilo unas semanas sobre un telón de fondo de futura despedida; aún así, los educadores ocupan un lugar próximo a la familia y comprenden los sentimientos de cada niño.

Algunos consejos para los papás

  • Procura que la asistencia a la escuela sea lo más rutinaria posible hasta que haya superado la nueva adaptación: realizar los mismos preparativos, llegar al colegio a la misma hora, recogerlo puntualmente…

  • Despídete de manera efusiva pero corta y dile “hasta luego” con una sonrisa.

  • No prometas al niño cosas que no son ciertas, pues sufrirá más, como por ejemplo “voy a aparcar el coche y ahora vuelvo”.

  • No acapares a la profesora durante la hora de la entrada, dile lo que necesitas de forma escueta porque ya la conoces.

  • Asegúrate de que tu hijo puede recurrir a su objeto de apego si lo necesita: peluche, mantita… pues han sido varios días seguidos en casa y puede que lo necesite.

¿Y si no se adaptan?

Fuente: La Salud Mental de los Niños 

Después de lo ocurrido puede que algunos los niños pasen por situaciones muy estresantes que afecten la manera en que piensan y sienten. La mayoría de las veces, los niños se recuperan bien y con rapidez. Sin embargo, a veces, los niños que pasan por una situación de estrés intenso como es el caso de la enfermedad Covid-19 y, especialmente, si han perdido a un ser querido próximo, se verán afectados a largo plazo. Cuando el niño presenta síntomas a largo plazo (que duran más de un mes) a causa de ese estrés, que lo hacen sentirse mal o interfieren con sus relaciones y actividades, puede que reciba el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático (TEPT).

Muchos niños somatizan esas situaciones, por lo que pueden empezar a tener dolores de cabeza, vómitos, náuseas y/o problemas dermatológicos. En algunos casos se puede apreciar una regresión a etapas iniciales del desarrollo. El niño puede volver a mojar la cama, por ejemplo, o recuperar el miedo a la oscuridad.

Ejemplos de síntomas de trastorno por estrés postraumático incluyen los siguientes:

  1. Revivir la situación una y otra vez con el pensamiento o en el juego.

  2. Tener pesadillas y problemas para dormir.

  3. Sentirse muy mal cuando algo recuerda la situación.

  4. Falta de emociones positivas.

  5. Sentir miedo o tristeza en forma continua y de manera intensa.

  6. Irritabilidad y ataques de rabia.

  7. Buscar en forma constante posibles amenazas; asustarse fácilmente.

  8. Mostrarse indefenso, con desesperanza o retraimiento.

  9. Negar que sucedió la situación o no mostrar sentimientos.

  10. Evitar lugares o personas asociados a la situación.

Tratamiento para el trastorno por estrés postraumático

El primer paso del tratamiento es hablar con un proveedor de atención médica para hacer una evaluación. Para que se haga el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático, un acontecimiento específico debe haber desencadenado los síntomas. Debido a que la situación fue angustiante, es posible que los niños no deseen hablar acerca del acontecimiento, por lo que se podría necesitar a un proveedor de atención médica altamente capacitado para hablar con los niños y sus familias. Una vez que se hace el diagnóstico, el primer paso es hacer que el niño se sienta seguro mediante el apoyo de sus padres, amigos y la escuela y, en la medida de lo posible, al disminuir la probabilidad de que ocurra otra situación traumática. La sicoterapia —en la que el niño pueda hablar, dibujar, jugar o escribir acerca del acontecimiento estresante— puede hacerse con el niño en forma individual, con la familia o en un grupo. La terapia del comportamiento, en particular la terapia cognitivo-conductual, ayuda a los niños a aprender a cambiar los pensamientos y los sentimientos por medio de un cambio del comportamiento en primer lugar a fin de reducir el miedo o la preocupación. Puede que también se usen medicamentos para disminuir los síntomas.

Lo más importante es que nosotros, los adultos, estemos emocionalmente disponibles y creemos rutinas que brinden estabilidad.

 Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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