El mundo de la ciencia

Conocer el mundo, sus leyes naturales, sus relaciones y sus paradojas, es el objeto de la Ciencia. Pero no hace falta ser cientí

Pequeños científicos
Investigar es sentir, observar, manipular, analizar las causas y los efectos, reproducir el fenómeno… Investigar es comprender el mundo, y nosotros como adultos podemos fomentar este “gusanillo” científico en los más pequeños, aprovechando las curiosidades e intereses que cada niño manifiesta en cada momento, edad y situación personal. Lo primero es propiciar un mundo sensitivo y lo segundo es orientarles a que el mundo que les rodea les provoque preguntas.

Estimular sus sentidos
Queremos enseñarles tantas cosas que se nos olvida que hay mucho más que aprender. No se trata de que contesten respuestas aprendidas, lo que hay que pretender es que comprendan su entorno a través de la propia experimentación.

Necesitan movimiento para desarrollarse y agudizar todos sus sentidos para aprender. En su niñez, están descubriendo absolutamente todo y su inagotable curiosidad y entusiasmo por saber son su mejor aliado para su continuo aprendizaje. Han de contar con gran diversidad de materiales debidamente clasificados, para ponerles en contacto con determinadas leyes de la física. Distintos envases, bolas de corcho, esponjas, tubos, rampas, pinzas de la ropa, tapones de diferentes tamaños, cordones, tornillos y tuercas (para los no tan pequeños), recipientes para experimentar con agua, colorantes, plantas, terrarios, objetos sonoros, perfumes…

Sentido crítico
Para introducir al niño en los distintos procedimientos científicos, hay que darle la oportunidad de observar, experimentar, clasificar, seriar, comparar, informarse, transportar, predecir, comprobar, descubrir… y reflexionar sobre lo ocurrido. Todo ello estimulando su curiosidad, su imaginación y respetando el ritmo de aprendizaje de cada uno. Pero aunque la ciencia es algo serio, no significa que los niños no puedan divertirse y jugar con experimentos, demostraciones y situaciones de la vida cotidiana. Podemos hacer ciencia preparando una merienda, construyendo un juguete o jugando con el agua. No hacen falta temas complicados, lo importante es dejarles “trabajar” a ellos. La ciencia incluye cometer errores.

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