10 buenas prácticas del Método Montessori

Puede que estés aplicando el método Montessori y no lo sabes.

Estamos seguro que has oído hablar del método Montessori y también puede que, sin haber leído las obras de esta famosísima médica y pedagoga, estés poniendo en práctica sus principios. Tal vez empezaste…

  1. El día que le ofreciste a tu hijo o a tu hija un taburete escalón para que pueda llegar sin dificultad al lavabo o al fregadero de la cocina.
  2. El día que pusiste en la pared un colgador a su altura para que pueda colgar él mismo su abrigo al llegar a casa.
  3. El día que por fin decidiste dejar de acabar cada frase con la cantinela «Venga, venga» o con un «Date prisa» irritado y tomaste conciencia de que hay que dejar al niño actuar a su ritmo. 
  4. El día que instalaste en su cuarto espacios a su altura para que pueda ordenar sus cosas: un armario bajo, una estantería baja y unos casilleros para sus zapatos y zapatillas.  
  5. El día que pusiste en su habitación una cama baja para que pueda tumbarse cómodamen­­te a descansar cuando se sienta cansado y para que gane en autono­mía por la mañana y después de la siesta.
  6. El día que le confiaste la tarea de cortar la verdura con un cuchillo pequeño de verdad, bajo tu supervisión, mientras preparabas la comida. 
  7. El día que decidiste sustituir su vaso de plástico por un va­­so de cristal en las comidas.
  8. El día que le diste un delantal, una escobita y una bayeta de un color bonito y le confiaste algunas pequeñas tareas de limpieza doméstica. 
  9. El día que decidiste comprar­­le ropa y zapatos fáciles de poner para facilitarle la tarea de vestirse sin ayuda.
  10. El día que le animaste a elegir entre dos opciones (por ejem­­­­­­plo, entre dos postres) para permitirle de­­s­­arrollar su capaci­­dad de elegir.

En lo relativo a los juegos Montessori, la oferta es amplísima. Muchos fa­­bri­­cantes ofrecen su propio material, ya que el nombre Mon­­tessori no es una marca registrada y pue­­de ser utilizado libre­­mente. Ante un panorama tan amplio, algunas pautas pueden ayu­­dar­­nos a elegir.

  • El juego debe abordar una sola cosa a la vez. Por ejemplo, no son adecuados unos cubos de tamaños diferentes que, a la vez, son piezas de un puzle; tampoco un juego de letras rugosas decoradas con flechas. La razón:  estos juegos movilizan demasiadas facul­­tades diferentes, cuando se supone que el niño debe centrarse en una sola tarea. 
  • La estética también cuenta porque, co­­mo señalaba María Montessori, la belleza invi­­ta a la actividad.
  • El padre o la madre debe haber probado previamente el juguete para conocer su funcionamiento y poder en­­señárselo al niño. Vale la pena haber practicado antes, en especial si la actividad es compleja, y asegu­­rarse de que el juego lleva un folleto explicativo.
  • Hay que tener siempre presente que el juego se propone, no se impone. Y es el niño quien de­­be decidir el momento de jugar con él. Correspon­­de al adulto dejarle actuar sin intervenir demasiado.

© Bayard Presse-Pomme d'Api parents 620; texto: Joséphine Lebard-octobre 2017.

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