Qué imagen dan las modelos a las adolescentes

Ayudar a los adolescentes a evitar los estereotipos que imponen las modelos

Las adolescentes de hoy tienen problemas para enfrentarse a la supuesta perfección de las top models. Esta imagen irreal de chicas perfectas persigue a muchas adolescentes de manera dramática ya que intentan imtarlas y lo único que consiguen es, entre otras cosas, padecer trastornos de alimentación, depresión ante la imposibilidad de tener ese aspecto ¿Cómo podemos ayudarlas a liberarse de esas imágenes impuestas? Hagamos un recorrido por el mundo de la moda para desmitificarlo.

La imagen de las modelos

La imagen que dan las modelos a los adolescentes

A principios de los años 80, según recuerda Sylvia Jorif, periodista de Elle, “las estrellas americanas habían desaparecido. Las actrices ya no apostaban por el glamur, sino que preferían la discreción”. Para hacer soñar, las revistas tenían que encontrar un “nuevo terreno de juego”. Escogieron el de la moda y su símbolo fue la modelo. En esos años de sobrevaloración del cuerpo y del fitness convertido en una religión, surgió un dream team de chicas “un poco irreales, de cuerpos increíbles”.

Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Elle McPherson...En una época en que escaseaban los ídolos, sus caras, lejos de limitarse a las páginas de moda, ocuparon también las páginas cualquier tipo de revista. Se sucedían las entrevistas, proliferaban los contratos y aumentaban los cachés. Sin ir más lejos, Linda Evangelista declaraba que se negaba “a levantarse por la mañana por menos de 10 000 dólares”.

La llegada de una inglesa filiforme complicó aún más el panorama. Kate Moss marcó “el fin de la era de las top models” y planteó el problema de la delgadez. ¿Qué imagen transmitían a la mujer de la calle estas nuevas modelos híperestilizadas? Frente a ellas, la mujer real contemplaba suspirando su cuerpo por fuerza imperfecto frente a esos heraldos de la delgadez.

Lysa Aëngel, modelo y autora de un libro muy divertido, My Beautiful Egotrip, la bible du mannequin (“Mi fantástico viaje al ego, la biblia de la modelo”), se niega a asumir el papel de chivo expiatorio: no me veo como una máquina de acomplejar a los demás. Acusar a la modelo, es como tratar el síntoma en lugar de la enfermedad. La modelo no es más que el reflejo de una sociedad y de lo que la gente quiere ver. De hecho es sintomático que los países ricos alaben la delgadez mientras que, en muchos lugares del mundo, los más pobres prefieren las redondeces”.

Aún así, el debate crece y cada vez es más frecuente que se asocie a las modelos con la anorexia. Según el profesor Philippe Jeammet, especialista en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), es una amalgama algo precipitada: “La modelo no crea la anorexia, porque el trastorno no se escoge. El problema es más bien el ambiente cultural y el discurso de los adultos, que es bastante ambiguo al respecto. La frontera entre la delgadez saludable y la delgadez excesiva está cada vez más desdibujada”.

Modelos jóvenes y muy delgadas

La psicoanalista Pascale Navarri, autora de Trendy, sexy et inconscient, regards d’une psychanalyste sur la mode (Moderna, sexy e inconsciente, visión de una psicoanalista sobre la moda), ve otro problema en la aparición de estas modelos “muy jóvenes y muy delgadas”: “privilegian a la mujer prepúber. No encaminan a la mujer hacia la idea de una feminidad adulta, gracias a la cual cada una se construye a sí misma”.

Pero ¿cómo hallar el punto de equilibrio frente a esas imágenes que nos ofrecen las revistas? “No hay que olvidar que la moda es un juego”, explica Pascale Navarri. “Pongamos por caso el esmoquin de Yves Saint-Laurent: permite jugar a ser andrógino durante una noche, lo que es constitutivo de la adolescencia. Pero la moda, para ser creativa, tiene que cambiar. Sin embargo, si abordamos la cuestión de la androginia a través del cuerpo y no de la ropa, la cuestión se vuelve peligrosa. El ´juego´ es menos reversible”.

Según Sylvia Jorif, la coyuntura ayuda a crear distancias entre la modelo y una misma: mientras que en los años 80 se celebraba el énfasis, ahora la moda se ha hecho más cerebral. Los creadores ya no quieren que una chica fagocite el vestido. Y la apertura hacia el Este, con la llegada de chicas muy guapas procedentes de Rusia o de Europa central, ha difuminado la idea de la modelo estrella”. Lysa Aëngel lo confirma: “cada vez es más difícil ganarse la vida. A la chica que suspira mientras me dice que nunca podrá ser modelo, tengo ganas de responderle que puede considerarlo una suerte”.

Joséphine Lebard. Periodista

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