¿Cómo se consigue dialogar en familia?
No es fácil crear una relación fundada en el intercambio y la escucha dentro de la familia. Crear buenas condiciones de diálogo supone colocar a padres e hijos en pie de igualdad, pero no en un mismo plano ni en detrimento de la autoridad. Gérard Neyrand, sociólogo, nos ofrece algunos consejos.
Índice
1. ¿Qué es el diálogo?2. ¿Qué condiciones hay que reunir?
3. ¿A partir de qué edad puede un niño dialogar con su familia?
4. Adolescencia, conflictos entre hermanos... ¿Qué hacer para mantener el diálogo en la familia?
5. ¿A los adolescentes les resulta más difícil hablar con su familia?
6. ¿Los problemas entre hermanos pueden perjudicar los intercambios con los padres?
7. ¿El diálogo es espontáneo?
¿Qué es el diálogo?
El diálogo va mucho más allá del simple intercambio de ideas o informaciones. De hecho, en ese caso, solemos hablar de conversación. Dialogar es elaborar juntos un sentido o, dicho de otro modo, es dar sentido al vínculo, a las relaciones que se viven en la familia. Por ejemplo, una madre puede explicar a su hijo: Cuando tu padre te ofrece salir de paseo, lo que pretende es decirte que da por terminada la discusión y que te quiere. La madre da así un significado a lo que ha pasado. En el diálogo, cada cual ofrece su punto de vista, habla de sus emociones y de sus sensaciones. Al confrontar sus puntos de vista, muchas veces contradictorios, los diferentes miembros de la familia elaboran una representación común del vínculo que les une, al tiempo que lo hacen evolucionar.
¿Qué condiciones hay que reunir?
El dialogo supone colocar a las distintas partes en pie de igualdad (entre hombre y mujer, en la pareja; entre padres e hijos, en la familia), lo que constituye un fenómeno reciente, pero esa igualdad de derecho se niega especialmente en el seno de la familia. De todos modos, no se puede poner al mismo nivel el punto de vista de un padre o una madre con el de un hijo o una hija, porque unos y otros no pertenecen a la misma generación. El niño no tiene la experiencia ni las vivencias de un adulto. Necesita la autoridad de los padres para crecer y alcanzar la madurez. Si olvidamos esta diferencia fundamental, el ejercicio del diálogo y el de la autoridad se vuelven incompatibles.
¿A partir de qué edad puede un niño dialogar con su familia?
Los primeros años de vida, hasta los 4 años más o menos, son importantes. En ese momento, el adulto ya se dirige al niño, pero sin esperar una respuesta verbal elaborada. Aún no se puede hablar de diálogo, pero la psicoanalista Françoise Dolto demostró, en la década de 1970, hasta qué punto esas palabras dirigidas a los niños favorecen el desarrollo posterior del diálogo en el seno de la familia, al instaurar una relación fundada en el intercambio, la escucha y la reciprocidad. Entrevista de Gilles Donada a Gérard Neyrand
Adolescencia, conflictos entre hermanos... ¿Qué hacer para mantener el diálogo en la familia?
¿Cómo lograr que cada miembro de la familia pueda expresar su punto de vista, aceptar el de los demás, escuchar sus argumentos y discutir, a veces incluso con vehemencia? Dialogar no es siempre fácil, sobre todo con los adolescentes o cuando existen conflictos entre hermanos. Gérard Neyrand, sociólogo, nos ofrece algunos consejos.
¿A los adolescentes les resulta más difícil hablar con su familia?
Sí. Durante la adolescencia, se produce una gran ruptura en el diálogo familiar. El niño o la niña se distancia de sus padres, los intercambios entre ellos se mantienen, pero ya no se abordan todos los temas en familia. Para tratar de temas relacionados con la intimidad, la afectividad o la sexualidad, el adolescente prefiere dirigirse a sus iguales (sus amigos) que a sus padres.
¿Los problemas entre hermanos pueden perjudicar los intercambios con los padres?
Los hermanos y hermanas ocupan una posición única frente a los padres: como hijos que son, comparten la misma experiencia familiar, aunque no la vivan del mismo modo. Esta experiencia común puede unir a los hijos frente a los padres y facilitar el diálogo, pero también puede complicar este último si lo vivido por los hijos es demasiado distinto (diferencia de edad, desarrollo del nacimiento, celos, etc.).
¿El diálogo es espontáneo?
No, el diálogo no es tan fácil como se quiere hacer creer hoy en día. En la familia, cada cual tiene que poder expresar su propio punto de vista, aceptar el del otro, escuchar sus argumentos y discutir con los demás, a veces, incluso con vehemencia. En el diálogo, hay siempre una noción de reciprocidad, de intercambio. Dependiendo del temperamento de unos y otros, de su historia personal, de su medio social o de su nivel de educación, el diálogo puede resultar más o menos sencillo. Entrevista de Gilles Donada a Gérard Neyrand
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