Cuento infantil para enseñar a cumplir promesas: El bosque y la promesa olvidada

Cuentos con valores para niños


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 12 de enero de 2026 12:55 | Modificado: 12 de enero de 2026 12:58


 En la infancia, las promesas suelen formar parte del día a día. "Te prometo que mañana jugamos", "Te prometo que no lo haré más"... Pero, ¿qué ocurre cuando esas promesas se rompen? A través de los cuentos, podemos enseñar a los niños que cumplir una promesa no es solo una cuestión de palabras, sino de respetohacia los demás y hacia uno mismo. El siguiente cuento se desarrolla en un bosque encantado, donde los animales hablan y los pactos tienen consecuencias mágicas. En él, conoceremos a una niña que olvidó una promesa importante y deberá aprender, con ayuda de sus amigos del bosque, por qué nunca hay que tomar a la ligera lo que se dice. Una historia cálida y sencilla para leer en familia o en el aula, perfecta para reflexionar sobre el valor del compromiso.

Cuento con valores para niños. Las promesas

Cuento con valores para niños: "El bosque y la promesa olvidada"

-¿Seguro que volverás mañana? -preguntó la pequeña ardilla, con sus ojos brillando de ilusión.
-Te lo prometo -respondió Clara, una niña de ocho años que todos los días paseaba por el bosque junto a su abuela-. Mañana traeré más nueces y volveré a jugar contigo.

Era verano, y el bosque de los Susurros vivía su época más mágica. Clara había descubierto que algunos animales podían hablar con quienes escuchaban con el corazón, y eso la llenaba de felicidad. Jugaba con la ardilla, hablaba con un búho sabio que vivía en el árbol más alto y charlaba con las flores cuando el sol estaba alto.

Pero al día siguiente, Clara no volvió. Ni ese día, ni el siguiente. Se entretuvo con una serie nueva, con una visita inesperada... y olvidó completamente su promesa.

PUBLICIDAD

-¿Y si no vuelve nunca? -suspiró la ardilla, decepcionada.
-Las palabras son como hojas que caen: si no las recoges a tiempo, se las lleva el viento -dijo el búho, desde su rama.

Pasaron los días, y el bosque comenzó a marchitarse. Las flores dejaron de cantar, las hojas se volvían opacas y los animales se sentían tristes. Algo estaba roto, algo que sólo podía reparar quien lo había prometido.

Una semana después, Clara regresó al bosque con su mochila llena de nueces y entusiasmo.

-¡Estoy aquí! ¡Perdón por el retraso! -gritó alegremente.

Pero el bosque no respondió.

PUBLICIDAD

-¿Dónde estáis? ¡Ardilla! ¡Búho!

La niña se adentró entre los árboles, pero todo estaba en silencio. Ni un solo canto, ni un zumbido de insectos.

-¿He llegado tarde? -murmuró Clara, sintiendo cómo la culpa le pesaba en el pecho.

Entonces apareció el búho.

-Las promesas, Clara, no se guardan en el bolsillo. Se llevan en el alma. Y tú la olvidaste.

-¡Lo siento! No quise faltar a mi palabra... Se me pasó. De verdad.

PUBLICIDAD

-Las palabras tienen poder -intervino la ardilla, que se asomaba tímidamente desde un arbusto-. Cuando prometiste venir, abrimos nuestros corazones. Pero cuando no volviste, algo se rompió aquí dentro -dijo, tocándose el pecho con su patita.

Clara bajó la cabeza. Por primera vez comprendía que no cumplir su promesa había causado un daño real, aunque no se viera con los ojos.

-¿Cómo puedo arreglarlo? ¿Cómo puedo demostrar que lo siento y que cumpliré de verdad?

El búho agitó sus alas y dijo:

-Las promesas rotas se curan con tiempo... y actos. Si quieres recuperar la confianza del bosque, deberás venir cada día durante una semana, sin faltar, y cuidar de quienes viven aquí. Sin esperar nada a cambio.

Y así lo hizo.

Clara volvió al día siguiente. Y al otro. Regó las flores marchitas, recogió hojas secas, habló con los animales y reparó los nidos caídos. Día tras día, sin falta, con una sonrisa y un corazón sincero.

Poco a poco, el bosque volvió a florecer. Las flores cantaban de nuevo. El búho sonreía en lo alto del árbol. Y la ardilla le regaló una nuez de oro, como símbolo de la promesa renovada.

-Gracias por volver y cumplir lo que dijiste. -le susurró la ardilla.

Clara sonrió y dijo:

-He aprendido que una promesa no es solo decir algo. Es demostrarlo con hechos.

Moraleja de la historia:

Cumplir una promesa es una forma de respeto. Las palabras bonitas no sirven si no van acompañadas de acciones sinceras. Cuando alguien confía en nosotros, lo mínimo que podemos hacer es ser coherentes con lo que decimos. Una promesa no es un juego.

El valor moral: El compromiso y la coherencia

Este cuento nos invita a reflexionar sobre lo importante que es ser personas comprometidas. Cuando hacemos una promesa, creamos un lazo de confianza. No importa si la promesa parece pequeña: para quien la escucha, puede significar mucho. Enseñar a los niños a no prometer a la ligera y a valorar lo que dicen es una base fundamental para su educación emocional.

Preguntas de comprensión lectora:

  1. ¿Qué le prometió Clara a la ardilla?
  2. ¿Por qué no volvió al bosque al día siguiente?
  3. ¿Qué cambios ocurrieron en el bosque cuando Clara faltó a su promesa?
  4. ¿Qué le pidió el búho a Clara para reparar su error?
  5. ¿Qué aprendió Clara sobre las promesas?

Si te ha gustado este cuento, puedes leer más historias con valores para niños aquí:
Cuentos con valores en conmishijos.com 

PUBLICIDAD

Artículos relacionados

Comentarios

¡Sé el primero en comentar!