Senderismo con niños por un bosque de hayas centenarias y miradores

Una ruta de senderismo entre hayas centenarias, arroyos, antiguos caminos y miradores.


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 21 de octubre de 2026 19:36 | Modificado: 21 de octubre de 2026 19:51


No hace falta viajar hasta el norte de Europa para descubrir paisajes de bosques espectaculares. A unas dos horas de Madrid, escondido entre los valles de la Sierra de Ayllón, existe un lugar donde las hayas han sobrevivido durante miles de años, creando un paisaje que parece detenido en el tiempo. Es un destino perfecto para disfrutar del senderismo con niños, especialmente en otoño, cuando las hojas se tiñen de tonos dorados, rojizos y anaranjados, y el bosque ofrece su imagen más impresionante.

ruta de senderismo por un hayedo negro

Hayedo de Tejera Negra con niños: un bosque que sobrevivió al paso del tiempo

Estamos hablando del Hayedo de Tejera Negra, situado en el municipio de Cantalojas, en Guadalajara, dentro del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. Se trata de uno de los hayedos más meridionales de Europa y de un bosque tan especial que, desde 2017, forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Su historia se remonta a miles de años atrás, cuando el clima de la península ibérica era mucho más frío. Con el aumento de las temperaturas, las hayas fueron desapareciendo de muchas regiones, pero consiguieron mantenerse en algunos valles húmedos y sombríos como este.

El bosque está protegido desde 1974, cuando fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional, y en 1978 obtuvo la categoría de Parque Natural.

La Senda de Carretas: la mejor ruta para hacer con niños

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La forma más recomendable de descubrir el Hayedo de Tejera Negra con niños es seguir la Senda de Carretas, un recorrido circular de unos 6,3 kilómetros que permite adentrarse en el corazón del bosque.

La ruta comienza en el aparcamiento de El Casarejo y sigue inicialmente el entorno del río Lillas. Durante los primeros tramos aparecen praderas, pequeños arroyos, robles y vegetación que poco a poco va dando paso a las grandes hayas.

Es una excursión muy agradecida porque el paisaje cambia constantemente. No se trata de caminar durante kilómetros por una pista sin demasiados atractivos: aquí hay agua, árboles, pequeños puentes, antiguos caminos forestales y rincones en los que apetece detenerse.

Eso sí, aunque no es una ruta técnicamente complicada, está catalogada oficialmente como de dificultad media. Tiene algunas subidas que pueden cansar a los niños, especialmente si no están acostumbrados a caminar.

De los antiguos caminos a la carbonera del bosque

Uno de los momentos más interesantes llega cuando encontramos la reproducción de una antigua carbonera tradicional.

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Este elemento permite explicar a los niños algo muy curioso: durante siglos, la madera del bosque se utilizaba para fabricar carbón vegetal. Los carboneros apilaban la leña y la cubrían con tierra y hojas para controlar su combustión.

Precisamente de esta actividad procede el nombre de la Senda de Carretas, ya que antiguamente estos caminos se utilizaban para transportar madera y carbón.

Después de la carbonera comienza uno de los tramos más exigentes, una subida que se interna entre las hayas hasta alcanzar la zona de Matarredonda.

Aquí conviene caminar sin prisas, hacer pequeñas paradas y aprovechar para observar cómo las ramas forman un techo natural sobre el sendero. En otoño, la luz que se filtra entre las hojas amarillas crea un ambiente especialmente bonito.

La pradera de Matarredonda: un mirador sobre el hayedo

Tras la subida alcanzamos la pradera de Matarredonda, uno de los lugares más especiales del recorrido.

Desde aquí se pueden contemplar las laderas cubiertas de bosque y el valle del río Lillas. Es el momento perfecto para detenerse, beber agua, comer algo y disfrutar de las vistas.

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A los niños les sorprenderá comprobar cómo cambia el paisaje desde las alturas. Los árboles que parecían enormes cuando caminábamos entre ellos se convierten ahora en una especie de alfombra de colores que cubre las montañas.

Después, el recorrido continúa por zonas donde se mezclan hayas, robles, pinos e incluso algunos tejos. De hecho, el nombre de Tejera Negra procede precisamente de estos árboles, que antiguamente crecían en un pequeño valle cercano.

La senda acaba descendiendo de nuevo hacia el aparcamiento, completando un recorrido circular muy variado.

Para qué edad es recomendable la ruta

Aunque la Senda de Carretas puede hacerse en familia, no es una ruta para niños muy pequeños que todavía caminan poco.

Lo más recomendable es realizarla con niños a partir de unos 7 u 8 años que estén acostumbrados al senderismo. Con niños de 5 o 6 años también puede ser viable si caminan habitualmente, pero conviene valorar su resistencia y el desnivel.

No es apta para carritos infantiles, ya que hay terreno irregular, raíces, piedras y algunas pendientes.

Con niños más pequeños, una alternativa es acercarse al Centro de Recepción de Visitantes de Cantalojas y disfrutar de un paseo corto por el entorno, sin intentar completar la ruta principal.

Con niños mayores o adolescentes acostumbrados a caminar existe otra opción, la Senda del Robledal, de casi 18 kilómetros. Es mucho más exigente y no sería mi recomendación para una primera excursión familiar.

Un centro de visitantes para descubrir los secretos del bosque

Antes de comenzar la excursión merece la pena acercarse al Centro de Recepción de Visitantes del Hayedo de Tejera Negra, situado en las proximidades de Cantalojas.

Se trata de un equipamiento público del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara donde podemos encontrar información sobre los senderos, la fauna, la flora y las características de este espacio

 

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