La oveja negra. Fábula de animales para niños

Cuentos infantiles para educar en valores

En esta fácula de animales para niños, La oveja negra, se tratan varias materias que nos pueden ayudar a reflexionar con nuestros hijos y a educarles en valores. 

Una de ellas es sobre educar en la tolerancia para aceptar las diferencias de los demás, y es que, todo lo que ocurre en este cuento, se inicia porque una oveja negra se siente distinta de las demás. Cuando nos reímos o nos burlamos de alguien porque es distinto, no solo le humillamos, sino que le hacemos sentir triste y solo. La empatía es un valor a desarrollar desde la infancia para evitar estas conductas de desigualdad.

Por otro lado, esta fábula de La oveja negra, enseña a los niños que nunca han de fiarse de los extraños

Ver también: Más fábulas de animales para niños

Cuento para niños con moraleja: La oveja negra

Oveja negra, cuentos para niños

Érase una vez una ovejita negra que vivía triste y amargada entre sus blancas hermanas y su propia madre, que parecía quererlas más a ellas. Todos se reían de ella porque era diferente y tenía que soportar sus burlas constantes.

Un buen día, salió del rebaño y caminó pensativa hasta un arroyo donde se tumbó a descansar. Y allí mismo, apareció un tigre que había estado observando al rebaño desde hacía días y viéndola tan afligida le dijo: 

- Ovejita triste, para soportar golpes y desprecios de tus hermanos y tu madre, mejor estarías en los cerros, sin pastor que te trasquile y esas ovejas blancas que tanto te fastidian.  

- Pero si yo me fugo de aquí, me vas a comer en cualquier matorral.

-Ovejita mal pensada - contestó el felino, haciéndose el disgustado - Inténtalo y te convencerás de que nunca has tenido mejor amigo, te doy mi palabra. Además, para tu tranquilidad te informo que la carne de cordero se me indigesta: lo mismo debe pasar con la de oveja.

Entonces la ovejita negra pensó que aquella propuesta se la hacía, de la mejor buena fe, ese nuevo amigo que parecía tener.

Y ya sin la menor desconfianza, se escapó del corral y se perdió en el cerro en donde, en verdad, no escaseaba el pasto.

Las primeras noches tuvo miedo de la soledad y también un poquito del tigre, pero después de una semana comenzó a gozar de los privilegios de su nueva vida.

Saltaba alegre debajo de los árboles, se echaba al sol en los pastos, se quedaba dormida junto al arroyo, oyendo el rumor del agua, y se paraba a balar en lo más alto del cerro, como proclamándole al mundo su alegría.

Una mañana se encontró con el tigre, que la saludó de esta manera:

- Buenos días, doña ovejita distinta. Y te digo así porque en poco tiempo de buena vida eres realmente otra. Antes impresionabas por lo flaca y desmirriada. Ahora luces rellenita, imponente, hermosa. Además de que en el balido se te notan la salud y el buen genio.

- En realidad me siento distinta de lo que era, contestó la oveja.

- Y eso, ¿a quién se lo debes?

- A ti, buen amigo.

- Es apenas justo que lo reconozcas, observó el tigre. Y agregó: Valdría la pena que te vieran las otras ovejas: las que se quedaron en el fétido corral. Estoy seguro de que se morirían de envidia.

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No se necesita mucha inteligencia para saber que esa misma tarde la oveja fue a visitar a sus antiguas compañeras.

- ¡Qué llena y fuerte estás!, le dijo la oveja que más la mortificaba con sus burlas.

- Es increíble tu cambio, le confesó la oveja madre. Me parece que ahora eres la mejor de la familia.

- ¡Qué preciosa estás!, fue el piropo del carnero que nunca antes había puesto en ella los ojos.

- Que te ves muy bien ni lo dudo, observó la oveja de ojos claros que por el exceso de lana era llamada La Mechuda. Ahora, lo importante es saber a qué se debe tan ventajoso cambio.

- A la vida libre del cerro, a la hierba fresca y al agua limpia disfrutada a voluntad, explicó la oveja.

- Y ¿el tigre?, preguntaron con afán más de dos baladoras a la vez.

- Esos temores los han creado los chismes del pastor, para que no nos alejemos, respondió la aventurera. Puedo jurar que el tigre es un buen amigo nuestro. Si les dijera que justamente es él quien me indica en dónde están los mejores pastos, ustedes no lo creerían.

- La conducta del tigre con nuestra hermana negra me parece bastante sospechosa. Yo no me movería de aquí, afirmó La Mechuda, cuyos reparos pusieron recelosas a muchas ovejas.

Habló así, entonces, La Motosa, la de los rulos en la lana, que por su continuo mirar a las lejanías de los páramos tenía fama de clarividente:

- No niego que el tigre sea uno de los riesgos de la libertad: pero, ¿qué es preferible: la pradera abierta con tigre o el corral perpetuo?

Después de este concepto, la oveja negra no tuvo necesidad de aclarar que al tigre le hacía daño la carne de cordero, porque dejando a La Mechuda con su desconfianza, el resto del rebaño atropelló la cerca dé alambre y se perdió por los cerros en busca de pastos en flor.

No es difícil imaginar que las ovejitas estuvieron muy contentas durante los primeros días de hierba fresca y de libertad; pero no así cuando comenzaron a notar que ciertas madrugadas desaparecía una de ellas.

A medida que el rebaño iba menguando y cada vez había menos ovejas, el tigre cada vez se volvía más gordo y dormilón.

Y colorín colorado, que este cuento se ha acabado.

Moraleja: no debemos fiarnos nunca de los extraños o de aquellos que tratan de atraernos con engaños hacia su terreno para allí, poder manejarnos a su antojo o incluso aprovecharse de nosotros.

Autor: Joaquín Piñeros Corpas

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Comentarios (1)

08 nov 2015 07:41 yaoshiranui

bonita historia, pero que final mas desagradable.