¿Quién cuida de mi hijo?

Dejar al niño en casa al cuidado de una persona de confianza o llevarlo a un centro educativo, es la gran cuestión.

Dejar al niño en casa al cuidado de una persona de confianza o llevarlo a un centro educativo, es la gran cuestión. Ambas opciones tienen ventajas e inconvenientes.

A tener en cuenta

Cuando por motivos laborales o familiares no es posible cuidar del niño durante todo el día, se puede optar por contratar a una empleada de hogar cariñosa y preparada, dejar al pequeño con algún familiar entusiasta, o elegir un centro educativo adecuado para él. La decisión no es fácil. Para tomarla hay que jerarquizar los condicionantes y las pretensiones y, de este modo, se adecuará al máximo a las necesidades familiares y del niño.

En la escuela infantil

Ya nadie cuestiona la escolarización de los niños de 3 a 6 años. Por el momento evolutivo en que se encuentran, han de ir superando la dependencia absoluta de sus padres y comenzar una vida en colectividad. Pero cuando hablamos de niños más pequeños no hay tanta unanimidad. Está claro que la escuela infantil no sólo atiende a sus necesidades más básicas, sino que es además una gran fuente de aprendizaje para el niño en un entorno adecuado. Entre los 18 y los 24 meses puede ser un gran momento para que los niños se incorporen al sistema escolar, siempre y cuando sus condiciones de salud lo permitan. Antes de los tres meses no es aconsejable, ya que su sistema inmunológico es todavía muy inmaduro y están estableciendo el vínculo materno.

En casa

La gran ventaja es que el niño permanece en un ambiente familiar y que ni él ni los padres han de adaptarse a los horarios y calendarios de los centros educativos. Además, al quedarse en casa, disminuye el riesgo de contraer enfermedades infectocontagiosas, por lo que esta opción sería adecuada para el niño que enferma con frecuencia. Ahora sólo queda encontrar a la persona adecuada. Quizás no haga las cosas como los padres, pero lo importante es que sea responsable y capaz de establecer una buena relación con el niño. Y por supuesto, que no tenga tantas ocupaciones domésticas que no le quede apenas tiempo para dedicarse a él.

Lo importante: cubrir todas las necesidades

Las circunstancias no siempre nos dejan elegir. Pero en cualquier caso, no basta con atender solamente a las necesidades primarias del niño, sino que hay que proporcionarle la estimulación adecuada, procurarle la compañía de sus iguales y, además, trasmitirle alegría, ternura y comprensión.

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