Entrevista a Pilar López García-Gallo

Directora del Departamento de Comunicación y Programas Públicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC

"Sería fantástico que, al salir del Museo, el visitante hubiese transformado su pensamiento y modificado sus actitudes".


Perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde 1939, el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales, además de ser uno de los museos de historia natural más antiguos del mundo, ya que se fundó en 1771, es también uno de los institutos de investigación científica más importantes del país en el ámbito de las ciencias naturales. 

El Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC se encarga, fundamentalmente, de conservar, completar y documentar sus colecciones y de que se realicen investigaciones de calidad, pero también se esfuerza en transmitir los conocimientos que generan sus más de 70 investigadores a la sociedad, a través de exposiciones (permanentes, temporales e itinerantes), talleres, cursos y publicaciones, entre otras actividades. 

El actual Museo fue creado por el rey Carlos III, y se abrió al público en 1776, como Real Gabinete de Historia Natural. El 4 de noviembre de 2016 se celebró el 240 aniversario de la apertura del Real Gabinete. Se formó con las excelentes colecciones y biblioteca del comerciante español natural de Guayaquil y residente en París, Pedro Franco Dávila, y fueron cedidas a la Corona española en 1771 a cambio de ser nombrado su primer director. 

Tras una larga y ajetreada historia, a partir de 1985 el Museo experimentó una profunda renovación. Gracias a ella, se abrieron nuevas líneas de investigación, como, por ejemplo: el cambio climático, la biología ambiental, la biodiversidad, la paleobiología... También se le dotó de mayores recursos humanos, se realzaron sus colecciones y en 1990 se inauguraron las "Actividades educativas". 

¿Qué tipo de público acude mayoritariamente al Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC?

A este Museo acude, mayoritariamente, el público familiar; familias con niños que vienen durante los fines de semana a participar, por lo general, en el programa de talleres, en un porcentaje que casi llega al 70% del total de las visitas, como ocurre en los museos de ciencia natural y centros científicos del mundo en general.   

"Hay programas específicos en los que pueden participar niños a partir de 3 años. Tenemos un clásico los domingos: Pon cara de dinosaurio'. Se llena solo".

¿En qué consiste la oferta educativa y de actividades para niños y familias del Museo?

Programamos unas actividades para el periodo no lectivo: durante el fin de semana, festivos u otros días puntuales, como el Día de los Museos, por ejemplo. Presentamos un programa para familias que suele consistir en visitas guiadas, visitas dinamizadas, incluso yincanas digitales en las que se utilizan también las nuevas tecnologías, como la tablet o el teléfono móvil. Es un museo clásico, con vitrinas y piezas, donde la interactividad viene de la mano de los educadores y de las nuevas tecnologías. 

Con los más pequeños tenemos actividades que incluyen cuentos y visitas dinamizadas. Son programas específicos en los que pueden participar niños a partir de 3 años. Tenemos un clásico los domingos: "Pon cara de dinosaurio". Está en el programa desde hace unos años y, aunque se ha ido modificando mucho, se mantiene porque no nos dejan que lo quitemos. Se llena solo. Además, los dinosaurios son un fetiche. Los niños pequeñitos vienen y se apuntan a ese taller, comprando los padres previamente la entrada, claro. Y participan en una actividad muy dinámica e interdisciplinar, ya que los niños hacen una careta, con las características principales del dinosaurio que le corresponde: con dientes, si es un carnívoro, o con dientes cuadraditos, si come plantas y es un herbívoro. Indirectamente, a través del juego y las canciones, los niños lo que hacen es acercarse a la biología de los dinosaurios. Porque, al observar los dientes, que es un trabajo que hace el paleontólogo, se sabe si comía carne o comía hierba. Y ellos, después de la actividad, cuando recorren el Museo te lo dicen: "Este come carne...". Es una pequeña introducción al trabajo que realiza el paleontólogo. 

También contamos con colaboraciones. Por ejemplo, los domingos por la tarde vienen personas que están investigando en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición del CSIC. Con ellos estamos haciendo una línea de talleres en los que se introduce el tema de la gastronomía. Uno de ellos es "¿Cómo se cocinaba en la prehistoria?", con técnicas de ahumados o de salazones. Otro es "Nuestras amigas las bacterias", en el que se habla de cómo se producen, biológicamente hablando, las fermentaciones, y se habla del queso, los yogures... Ahora, como los temas sobre alimentación y cocina están tan de moda, lo que hacemos es variar mucho el programa para que sea muy interesante, pero siempre partiendo del punto de vista científico. 

"Trabajamos mucho la etología animal a través de cuentos y de dinámicas, con niños muy pequeñitos. Y estos talleres se hacen tanto para escuelas como para familias".

 ¿Estos talleres y actividades para qué tipo de público son?

Hay de todo. Unos tienen un carácter más adulto. También se realizan visitas teatralizadas. Hemos tenido a un actor profesional vestido con una casaca bordada que hacía de Carlos III, en visitas con un corte más de adulto. De hecho, cuesta atraer al público adulto. Siempre viene un público familiar. En otras actividades, aunque participen los niños, fomentamos que estén acompañados de adultos, para que se genere un poco también esa relación familiar. Intentamos que los padres también estén presentes. 

Pero en algunas de las actividades, sobre todo en las que tratan de cuentos o muy concretas, sí que están solo los pequeños. Suelen ser las infantiles, de 3 a 8 añitos. En esas sí que son los niños los protagonistas y lo que hacemos es pedir a los padres que estén cerca, por que si ocurre algo. Por ejemplo, si la actividad se hace sobre dinosaurios, que estén en el ala de paleontología. 

También tenemos una actividad que está gustando mucho, "Investiga con tu hij@". Es un programa nocturno en el que los adultos pueden venir con los niños y hacer una acampada en el Museo. Es el último sábado de cada mes. Vienen a las 8 de la tarde y se quedan en el Museo hasta las 12 de la noche haciendo una serie de actividades. Y tienen que venir con saco de acampada porque, después, se quedan a dormir. Es una actividad muy especial, muy mágica. El Museo se cierra y se abre especialmente para los participantes de esa actividad. 

"Somos muy estrictos con el contenido científico de las exposiciones y los talleres. Cuidamos mucho que sea riguroso y que esté validado por los investigadores del Museo".

¿Los investigadores del CSIC trabajan también de cara al público o lo hace otro tipo de profesionales?

En estas actividades el personal está compuesto, sobre todo, por divulgadores científicos, educadores de museo (como se los llama en los museos de arte), pero la figura de este mediador es un profesional de la comunicación científica. Son personas que tienen muchísimas experiencia, con un rodaje muy cualificado. Casi todos son titulados superiores. Hay maestros, también, pero todos tienen su grado. Es una exigencia nuestra: utilizar personal formado. Hay maestros, pedagogos, biólogos, geólogos y expertos en educación o expertos en ciencias. Es un equipo multidisciplinar. 

Una de las educadoras es muy artista e incluso colabora elaborando marionetas y otros recursos educativos. Este personal es el que trabaja directamente con los visitantes. Algunos llevan 20 años trabajando con nosotros. Además, son muy vocacionales. Es gente muy apasionada con su trabajo y la prueba es que los talleres tienen muy buena aceptación por parte del público. Eso sí, cada vez que diseñamos un taller, detrás está la supervisión de los científicos del CSIC del Museo. Y tenemos la gran suerte de contar con representantes de casi todos los ámbitos de la investigación en ciencias de la naturaleza. 

Y cuando desarrollas un taller de diferente temática pues, depende, porque a veces son talleres que tienen que ver con el contenido de las exposiciones y otras son muestras que recrean el propio proyecto científico de los investigadores del centro. Es decir, que a veces la información viene directamente de las investigaciones de un proyecto científico, que nosotros transformamos con unos recursos a través de los cuales intentamos acercar ese contenido a los visitantes. E intentamos, además, que el propio visitante participe y experimente como si estuviese siendo casi investigador por un día. 

En algunos talleres está más logrado el proceso y en otros es más complejo, pero es verdad que la diferencia entre este Museo y cualquier otro museo de ciencias naturales o centro cultural –con los que podemos tener una oferta de ocio educativo y otras similitudes en muchos aspectos­–, es que nosotros somos muy estrictos con el contenido científico. Cuidamos mucho que sea riguroso y que esté validado por los investigadores del Museo. 

Luego, lógicamente, hay licencias, porque estamos trabajando con un público general, con niños, teniendo en cuenta la accesibilidad para los diferentes colectivos, como es el caso de los ciegos. Tenemos, también, un taller adaptado para personas con problemas psíquicos, como síndrome de Down, que también funciona bastante bien. 

"Al público le gusta mucho el diplodocus, el elefante africano y el calamar gigante".  

¿Cuáles son las piezas estrella del MNCN-CSIC?

Pues es variado. Desde el punto de vista científico la pieza más valiosa sería el megaterio, porque es un fósil auténtico de un mamífero extinguido que dio nombre científico a la especie, es decir que es el holotipo. 

Al público le gusta mucho el diplodocus, Dippy, que es como le llaman en Estados Unidos al original de este molde que llegó al Museo en 1913. Y el elefante africano, que es otro de los grandes símbolos del Museo. Hay mucha gente que dice: "¡Uy!, ¿has visto el mamut?". Y te das cuenta de que en contenidos científicos también hay mucha confusión, porque un elefante africano no tiene mucho que ver con un mamut prehistórico, pues son diferentes especies. 

A los más pequeños y también a mucha gente les gusta muchísimo el calamar gigante, porque les parece algo muy sorprendente: ¡un ejemplar tan enorme, en esa vitrina... que llegó a alcanzar siete metros de longitud! Hemos hecho un taller para pequeñitos, "Archi, el gigante del mar", en el que se hace una actividad donde se trata la biología del calamar. Siempre presentamos el medio marino, la importancia de la conservación de ese entorno, y se intenta jugar con ellos para que conozcan cuáles son sus predadores, de qué se alimenta, cómo vive... Trabajamos mucho la etología animal a través de cuentos y de dinámicas, con niños muy pequeñitos. Y estos talleres se hacen tanto para escuelas como para familias. 

"El Museo es, sobre todo, un centro que se dedica a la conservación de la biodiversidad, de las especies, los ecosistemas y las interacciones entre los seres vivos".

¿Cómo se da a conocer y cómo se comunica periódicamente el Museo con el público?

A partir de la web, como todas las instituciones, en la que se publica la oferta anual. Hay muchas actividades que se realizan todos los años, como los campamentos de verano, los talleres de Navidad, de Semana Santa, la Semana de la Ciencia... Tienen su espacio y luego se va renovando el contenido de cada programa en función de cada temporada. 

Mensualmente, preparamos una newsletter. Las nuevas tecnologías nos permiten ser más ágiles en esa edición de recursos digitales y han permitido, también, que seamos más consecuentes con nuestra idea de preservar el medio ambiente, ya que empleamos menos recursos en editar materiales en papel, por ejemplo. Se envían a personas que ya han venido al Museo, a los que se apuntan o nos lo solicitan. También utilizamos las redes sociales: Twitter, Facebook y vamos a hacerlo ahora en Instagram.

Para las escuelas sí que se suele presentar en cada curso un documento que es nuestra guía de programas educativos, que recoge toda la oferta anual. Y esa sí que se edita en papel todavía, y también en PDF, porque dura todo el año y la amortizamos, pues contamos con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid y de la Fundación La Caixa, que nos ayudan a desarrollar nuestro programa educativo escolar. 

Vamos cambiando exposiciones, se van renovando actividades, eventos y luego, por otro lado, están los científicos del Museo, que cuenta con 70 investigadores de plantilla, con sus becarios y con los investigadores contratados. Hay una variada cantidad de personas produciendo ciencia que además permiten que cada vez que se publica un artículo científico, desde el departamento de prensa, se elabore una nota y se envíe a estos colectivos. 

Y luego, cada 3 meses, se prepara una revista digital que se llama Naturalmente que recoge toda la dimensión o las facetas que tiene el Museo, porque en ella se presentan artículos relacionados con la investigación, se incluyen otros que se han preparado para revistas científicas profesionales, que se bajan de nivel, o cualquier cosa que sea una novedad desde el punto de vista de las colecciones o del departamento de exposiciones o de programas públicos. Intentamos que en ese soporte digital esté recogida la dinámica del Museo durante esos 3 meses. 

¿Qué huella pretende dejar el MNCN en sus visitantes?

Si tenemos en cuenta que el Museo es una institución que realiza una importante labor  científica, que tiene el compromiso de conservar y que siempre se ha dedicado a la divulgación de la ciencia, el objetivo del Museo es aunar todos esos factores y transmitirlos en la oferta expositiva y educativa en general. Creo que los museos tenemos el compromiso actualmente de “remover” al visitante. Intentamos hacerlo. No es fácil. Es verdad que se aprende en la escuela, que el profesor tiene un año y que aquí solo viene una hora. Así que jugamos mucho con las emociones. Nuestro objetivo sería que el visitante, al salir de aquí, hubiese transformado su pensamiento de alguna manera. Si luego conseguimos que, además, se modifiquen las actitudes, pues sería fantástica la labor. 

El Museo, sobre todo, es un centro que se dedica a la conservación de la biodiversidad, de las especies, los ecosistemas y las interacciones entre los seres vivos, y en diferente forma y con diferentes recursos intentamos que ese sea el mensaje del Museo. Está claro que los investigadores lo hacen a un nivel muy elevado y, por eso, la necesidad de hacerlo a través de exposiciones, de los programas para el público, que son tan variados. La apuesta es una oferta muy amplia de actividades para poder transmitir ese mensaje científico de manera accesible y amena. Es difícil, porque el perfil del visitante es muy variado. 

"Una ciudad como Madrid debería tener un espacio similar al que tienen los otros museos de ciencias naturales".

Extraña ubicación del Museo en dos edificios, uno dedicado a la biología y otro a la geología, separados por la Escuela de Ingenieros Industriales... ¿Por qué? ¿Hay esperanza de contar en el futuro con un espacio físico suficiente para preservar, investigar, exhibir y difundir como se debe nuestro patrimonio natural?

Nosotros estamos aquí desde 1910. Compartimos el edificio con la Escuela de Ingenieros Industriales. El edificio del Museo del Prado se concibió para que fuera el destino de este Museo, pero no fue así y al llegar aquí tuvimos que ir acoplándonos en los espacios, según íbamos teniendo necesidad. 

Actualmente es insuficiente para un museo de historia natural con la envergadura que tiene este Museo, con casi 8 millones de ejemplares en colecciones, el equipo de investigadores... Tenemos ahora una oferta expositiva muy completa con una programación a dos años vista, casi hay lista de espera de propuestas para exponer en el Museo. Hemos aumentado el año pasado un 20% en número de visitantes... 

El objetivo ideal a medio-largo plazo sería disponer de todo el edificio. Lo que ocurre es que es una misión casi imposible, porque los ingenieros que ocupan las tres cuartas partes del espacio no tienen ninguna intención de irse, porque pensarán un poco lo mismo que nosotros. Si me preguntas a mí, que no soy nada neutral, que llevo más de 20 años trabajando aquí, creo que deberían ocupar un espacio nuevo, moderno, con buenas instalaciones en la Universidad Politécnica, posiblemente, o en otro lugar. Y que este edificio emblemático, histórico, situado en el Paseo de la Castellana, con el CSIC amparándolo en la Colina de los Chopos, se presta más para un museo nacional o con dimensiones equiparables a las de los museos de Londres, París, Linz... 

Todos compartimos un modelo de diplodocus, porque del original, que está en Pittsburgh, se hicieron 10 réplicas que están en los diferentes museos... Los regaló Mr. Andrew Carnegie a los diferentes centros y deberíamos tener ese espacio. Tenía que ser una decisión política, del Gobierno. Comprendo que no es fácil porque es un proyecto ambicioso, pero una ciudad como Madrid que tiene una oferta artística tan potente como la que tenemos con el Thyssen, el Prado, el Reina Sofía, en el eje de la Castellana, debería tener un espacio similar al que tienen los otros museos de ciencias naturales, incluso la ciudad de Madrid ganaría. Ahora tenemos el MUNCYT, en Alcobendas, que es un museo de ciencia y tecnología, y a nosotros nos ha quedado la oferta de las ciencias naturales.

Una solución a corto plazo es la de proyectar un edificio en la parte alta del Museo para albergar las colecciones. Es lo que están haciendo en otros de los museos similares al nuestro. 

"Casi toda la gente que empieza a trabajar en el Museo se contagia porque hay mucho entusiasmo". 

Y otra peculiaridad del Museo: su tienda, siempre con familias y escolares revoloteando por ella. Y con un librero muy sabio, que aconseja y selecciona su oferta con buen criterio. ¡Hasta en este detalle se nota la especificidad del MNCN-CSIC! Hay mucha pasión por la ciencia en todos los que trabajáis en este Museo, ¿verdad? 

Casi toda la gente que empieza a trabajar en el Museo se contagia porque hay mucho entusiasmo, es verdad. La tienda del Museo que tiene dos puntos de venta: uno en la zona de biodiversidad, el ala de biología que llamamos nosotros, y otro en la de paleontología. Bueno, Américo, nuestro librero, es una institución. Los fines de semana es la persona que está y que interactúa mucho con el público, porque el resto del personal los fines de semana no estamos. Entonces Américo es casi nuestro relaciones públicas y también una referencia en contenidos sobre ciencias naturales. Hay personas, como, por ejemplo, Juan Luis Arsuaga, que cuando vienen a Madrid, van a la tienda a buscar, consultar y a pedirle libros. 

En la tienda hay un poco de todo: libros para todos los niveles: desde libros especializados hasta algunos que son mucho más generales, para cualquier lector. En estos últimos años estamos haciendo merchandising propio del Museo, en paralelo con la oferta expositiva, con señas de identidad que se vinculen con el contenido. 

En cuanto a los catálogos de las exposiciones sí que es verdad que antes se hacían catálogos muy costosos, enormes... y ahora se está cambiado, porque hay que hacer cosas más ligeritas, que puedan ser más intemporales y que no vayan tan asociados a una exposición. Tenemos publicaciones digitales y recursos educativos en la web del Museo que están teniendo ahora mucha aceptación. 

También nos estamos introduciendo en la metodología STEM (Science, Technology, Engeneering and Mathemathics) con las escuelas: tenemos impresoras 3D, estamos trabajando en un cuaderno digital para poder recorrer el Museo con actividades en tablet y hemos sido el primer museo que ha puesto en marcha los bicoms en cada sala del Museo, para poder descargar información en el móvil.

No podemos mirar atrás, tenemos que mirar siempre hacia adelante. 

Texto y foto: Eva Frutos Lucas. Periodista y Redactora Jefa de Bayard Revistas

 

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