El mundo que les rodea

A los niños les encanta estar aire libre.

Desde que son bebés se asombran de todo lo que ven cuando pasean en su sillita o en los brazos de sus padres. Se impregnan de los colores de la naturaleza, del olor de las flores, del sonido de los pájaros, de la brisa sobre su cara… Pero realmente, las huellas más profundas en su mente se deberán a sus propias investigaciones y conquistas en el mundo que les rodea.

Adaptarse a ellos

Alentados por su deseo de explorar el entorno, y gracias a su creciente autonomía, su innata curiosidad y su imaginación asombrosa, cada vez se vuelven más osados en sus investigaciones. Sobre todo ahora que hace buen tiempo, hay que ayudarles a descubrir la belleza y las maravillas que les envuelven, pero siempre desde su perspectiva. Hay que ponerse al nivel de los niños, y muy cerquita del suelo, echarle un vistazo a lo que ellos ven, y sin impacientarse, detenerse y a su ritmo, examinar lo que les pueda llamar la atención. Las hojas crujiendo bajo los pies, la sensación de frescor en nuestras manos al meter las en el agua del riachuelo, la marcha de un caracol…

Historias increíbles

E inmersos en la naturaleza, podrán aprender distintos tipos de hojas y ver criaturas vivientes que podemos encontrar sobre ellas, utilizar prismáticos para observar a los pájaros, mirar a través de los arbustos las madrigueras de los animales… pero sin abrumarles con excesivos detalles acerca de sus descubrimientos.

Respetuosos con el medio ambiente

Ellos son los herederos de nuestro Plantea. Hay que insistirles en la necesidad de tratar con cuidado todos los seres vivientes. Hay que enseñarles que no hay que arrancar flores y hojas sin objeto para luego abandonarlas en cualquier sitio. Si se cogen, ha de ser con un buen fin, como por ejemplo para ponerlas en un jarrón con agua y conservarlas el mayor tiempo posible, o para secarlas y prensarlas para hacer manualidades.

Hay que animarles también a disfrutar de los espacios exteriores sin dejar nada detrás. Llevarse consigo todos los desperdicios, no sólo no afea el entorno, sino que evitamos que los animales puedan dañarse.

Su propio museo natural

Y ya en casa, con los ejemplares que va recogiendo en sus paseos puede seguir observando y aprendiendo. Según la edad de los niños, podremos ir proporcionándoles todo un equipo para convertirles en verdaderos científicos: lupa, microscopio, micrófono amplificador de sonidos, frascos o cajitas para alojar a gusanos de seda, terrario, acuario, libros especializados para identificar animales… y mucho más.

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