Control de esfínteres

Aprovechando el periodo vacacional y el buen tiempo, decidimos compobar si Jorge está preparado para dejar el pañal

Estuvimos dudando si comprarle un orinal o adaptador de váter, finalmente optamos por lo último y actualmente (y me adelanto en mi historia) es un elemento más que decora mi baño.

Comenzamos hace semanas explicándole para qué servía el adaptador y le sentamos en él alguna otra ocasión para que fuera familiarizándose con el aparato. Y, de buenas a primeras, una tarde le quitamos el pañal. Recordamos al niño que si tenía ganas de hacer pis o caca, tenía que pedirlo… “vaaaale, mamá”… Pocos minutos después, en el suelo del salón había 3 pequeños charquitos.

El segundo día, volvimos con lo mismo: “aquí está el adaptador, te voy a quitar el pañal, si quieres pis lo pides…” Al rato, Jorge me miró mientras hacía una construcción y dijo: “caca, mamá”. No daba crédito, al segundo día mi súper Einstein ya pedía ir al váter. Me dirigí contentísima con el niño de la mano al baño cuando al bajarle los pantalones, me encuentro un regalito que había decidido esparcirse por sus piernas, su ropa, la mía… El niño fue de cabeza a la ducha, mientras mi marido recogía los restos que decoraban el salón.

Al tercer día, volvió a pasar lo mismo, también al cuarto, al quinto… Además, eso del adaptador del váter no le hace mucha gracia, tampoco el orinal. Está claro que el niño todavía no está preparado, así que no hemos vuelto a insistir. En cualquier caso, hemos dado un paso adelante. Jorge avisa si está incómodo porque el pañal está lleno y, en un par de ocasiones, ha venido corriendo con el culillo al aire a avisarme de que en el suelo del salón había un pañal sucio. Él mismo se lo había quitado y venía a que lo limpiara. ¡Para comérselo a besos!

Artículos relacionados

Comentarios

¡Sé el primero en comentar!