Preparados para la guardería

Para algunos bebés, la separación de su madre después de las vacaciones es una novedad. Para otros, es tan solo un regreso. Pero, en cualquier caso, es un momento importante que hay que preparar por anticipado.

Hoy en día somos mayoría las mujeres que trabajamos y que dejamos a nuestro hijo al cuidado de otra persona. Muchas madres y muchos bebés han pasado ya por esa experiencia... ¡y no les ha ido tan mal! Pero no es extraño que temamos el momento en que tendremos que dejar a nuestro bebé en otras manos y que, el día D, los dos derramemos alguna lágrima. Para facilitar esa separación, tanto si es la primera vez como si no, los especialistas nos ofrecen algunas claves.

Escuchemos a las veteranas

La experiencia de otras madres que ya han pasado por la misma situación puede ser clarificadora. Al hablar con ellas, nos calmamos. Nos enteramos de que también ellas dramatizaron el acontecimiento y que, con el tiempo, se dieron cuenta de que no merecía la pena.

Podríamos hablar de ese primer día de guardería con alguna ?veterana?. La mayor parte de ellas nos tranquilizará. También para ellas fue un pequeño trauma y, al cabo de tres días, ya se iban a trabajar mucho menos angustiadas. ¿Por qué en nuestro caso iba a ser distinto?

La reacción de nuestro pequeño

Si para nosotras, las madres, es duro separarnos de nuestro hijo, ¿qué no le ocurrirá a él• Según los especialistas, ?cuando a un bebé se le separa de su madre de forma un poco prematura y no deseada, sus reacciones de apego son muy fuertes y el niño se queja enérgicamente. Quiere quedarse agarrado a su madre y se subleva contra esa separación que le imponen. Luego viene el momento de la depresión, en el que el niño deja de quejarse. Por fin, en una tercera fase, el pequeño manifiesta interés por lo que le rodea y se muestra contento de estar ahí.

Enseguida se da cuenta de que su madre viene a buscarlo cada vez que lo deja. Es todo lo que necesita saber para tranquilizarse?. Si permanecemos unos minutos detrás de la puerta de la guardería o de la habitación en que se queda con la profesora, comprobaremos personalmente que el llanto de nuestro retoño cesa rápidamente en cuanto nos damos la media vuelta. Y si eso no basta para tranquilizarnos, un día podemos salir del trabajo más temprano e ir a ver al niño: encontrarlo durmiendo tranquilamente, o jugando, calmará nuestra angustia.

Confiemos en el bebé...

Los bebés no están ni mucho menos desamparados ante una separación. No es algo nuevo para ellos, porque han vivido ya la separación más grande: el nacimiento. Tienen recursos para manejar la situación. El bebé es capaz de evocar a su madre con el pensamiento cuando ella está ausente para soportar mejor la separación. Cuando vemos que un bebé de 3 ó 4 meses se pasa la mano por la cara o se frota la mejilla con la cara interior de la cuna es que está intentado recrear una atmósfera de contactos que le recuerda la proximidad física con su madre que tanto aprecia. El bebé aprende a esperar a base de sensaciones.

En nuestras manos está el acostumbrarlo paulatinamente, antes de que entre en la guardería o de que lo dejemos con la profesora, a esos momentos en los que cada uno tiene sus propias ocupaciones: él, en su cuna o en su sillita, y nosotras, en la misma habitación o en la de al lado. Esas ?microseparaciones• le ayudarán a soportar mejor la que está por llegar. Además, hay que tener en cuenta que a veces el bebé quiere estar solo, lejos de nuestros brazos, y desea que le concedamos ese tiempo de ?soledad?. Pasar bruscamente de estar todo el día en brazos a vivir ocho horas lejos de mamá equivaldría a garantizar el fracaso.

Para manejar bien este cambio, basta con que escuchemos a nuestro bebé. Cuando se despierta de una buena siesta y aún no llora de hambre, no tenemos por qué sacarlo corriendo de la cuna. Mientras no pida nada, dejémosle vivir tranquilo, sin intervenir.

... y procuremos hablarle

Ya solo quedan unos días para el día D. Es el momento de anunciarle que su vida va a cambiar un poco, y la nuestra también. La separación no tiene que caer como una bomba. Hay que tomárselo con tiempo y hablar, explicarle que él va a ir a la guardería y nosotras a trabajar. Es importante que empiece a hacer suya esa idea, a pensar en ella, aunque aún no sepa hablar.

A los 3 meses, la palabras no son realmente tan importantes. Lo que importa es el tono. Por eso, es aconsejable que las madres inventen una pequeña historia para la ocasión y la repitan de forma regular, como una salmodia: ?Aquí está mamá y aquí la profesora. Mamá se irá y mamá volverá?. Una cancioncilla agradable para ayudar al bebé a aceptar ese cambio de forma suave.

Y si es un grandullón que ya fue a la guardería antes, reactivemos sus recuerdos: hablémosle de sus compañeros y de las profesoras o cuidadoras que le gustaban. Pero antes debemos asegurarnos de que su mejor amigo o su profesora preferida no se han ido a otro sitio.

Adelantemos el regreso...

No hay nada más duro para un niño que pasar bruscamente del lugar de vacaciones a la guardería o a casa con la profesora. Hay que aterrizar con suavidad. Unos días menos de vacaciones no suponen una pérdida tan grande al lado de un buen aterrizaje. A los niños les da seguridad saber que cada cosa vuelve a su lugar. El retorno a su mundo familiar es un factor de equilibrio. Del mismo modo, un periodo de adaptación a la guardería o a la profesora es esencial.

Esos pequeños momentos en los que llevamos al niño a que conozca la guardería o a su cuidadora constituyen una etapa primordial, en primer lugar para nosotras. Esas visitas son muy tranquilizadoras para la madre. Ver cómo se comporta la persona que va a cuidar de nuestro hijo nos ayudará a tener confianza en ella. Y, sobre todo, hay que quitarse de la cabeza esa idea demasiado machacona de que ?solo una madre puede entender a su bebé y hacerlo feliz?. Sin duda somos las mejor preparadas para ello, ¡pero los demás también saben hacerlo!

... y procuremos una transición suave

?Por favor, mamá, no tardes mucho?... Si nuestro bebé pudiera hablar, es lo que sin duda nos diría durante los primeros días. Para que el pequeño coja mejor y más rápido el ritmo cotidiano, es bueno que la inmersión sea progresiva.

¿Cuál es la solución• Lo ideal, claro está, es intentar salir del trabajo un poco antes. Pero como eso no siempre es posible, pidamos ayuda a papá: un día cada uno, por ejemplo. No lleva mucho tiempo. También podemos pedir ayuda a la abuela o contratar a una niñera que nos lo traiga a casa: aunque no estemos nosotros, recuperará encantado su acogedor universo mientras espera a que volvamos...

C.P.

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