Ciencia y pedagogía

El profesor que dirigió al grupo de alumnos que logró, en el 2004, el primer premio del Concurso Escolar de Ciencia “Equipo Investigador”, convocado por el Ministerio de Educación y la Fundación Bayard, revela en este artículo lo que significa investigar y las deficiencias de que adolece, en su opinión, nuestro modelo educativo.

La historia del ser humano se puede escribir como la historia de su pensamiento, un pensamiento que, al igual que una rosa, va desplegando sus pétalos poco a poco. La fragancia de esta rosa es lo que nos queda: la filosofía, el arte, las religiones y la comprensión del mundo. A esta comprensión es lo que llamamos Ciencia. La Ciencia, y la tecnología que se deriva de ella, es fundamental para el ser humano ya que sin ella no tendría conciencia de sí mismo. Conocer al otro es lo que nos define e identifica, lo que nos singulariza y lo que nos une. En este caso, el “otro” es el mundo, sus leyes naturales, sus relaciones y sus paradojas. Éste es el objeto de la Ciencia. En este argumento subyace la idea de autorrealización: la persona se autorrealiza a través de la investigación del medio en el que crece y pasa sus días. Analizando el concepto de investigación podemos llegar a definir el concepto de autorrealización y viceversa.

¿Qué es investigar?

Investigar es sentir, observar, manipular, analizar las causas y los efectos, aislar variables, reproducir a una escala humana el fenómeno que nos hizo sentir, deducir una ley matemática o una idea estética o un valor moral. Investigar es también indagar en el pensamiento de los que nos precedieron en la comprensión de nuestro mundo y que nos dejaron su legado. Una pedagogía basada en la autorrealización ha de ser una pedagogía investigadora y, concretando en el mundo físico, una pedagogía científica. A partir de esta idea, nuestra labor como docentes, como jardineros de las nuevas rosas, es aplicar el método científico en las escuelas, adaptándonos a las curiosidades e intereses que cada niño o niña manifiesta en cada momento, en cada edad y situación personal. Lo primero es propiciar un mundo sensitivo; lo segundo es orientar su mirada hacia aquello que siente y provocar una pregunta: la rosa comienza a abrirse.

Nuestro modelo es arcaico

Desde el punto de vista pedagógico, todo esto implica un modelo escolar, unos espacios educativos y unos recursos didácticos que en la actualidad no tenemos. En la era de la informática, de la comunicación, de la imagen, de la tecnología, nuestro modelo educativo es arcaico y se limita, a excepción de unas experiencias puntuales de educadores comprometidos con la Ciencia, a la instrucción y a dar las respuestas ya procesadas al niño. Hay tanto que enseñar que se nos olvida que hay mucho más que aprender. El resultado es un pensamiento atrofiado, sin curiosidad, sin capacidad de análisis ni juicio crítico, jóvenes muy capacitados para desenvolverse en una sociedad de consumo pero sin imaginación, con un potencial sin desarrollar. Así no es raro encontrar que hay pocos científicos e investigadores, pero también hay pocos artistas creadores y pensadores que den respuestas a los conflictos personales en los que nos vemos implicados. Para ser científico, artista o filósofo, hay que ser un “genio”, entonces consigues salir y prescindir de los condicionantes sociales que te impiden expresar tu mundo interior, es decir, tu mar de dudas. El ser humano en general, las personas todas nacemos con un potencial genético inmenso en cuanto a capacidades intelectuales. La autorrealización es un destino de todos, no solo de los “genios”, y hay que aspirar a este estado.

¿Cómo resolver esta carencia?

Es evidente que para resolver esta carencia, este problema, lo mejor es utilizar el método científico e investigar las causas del efecto que acabamos de describir. Establecer un modelo educativo a partir de una pedagogía de la autorrealización es el mayor reto que tiene la humanidad para seguir adelante en nuestro camino evolutivo. Para padres y profesores ésta es la tarea: reclamar este debate y, en nuestro ámbito personal, favorecer el desarrollo de todas las capacidades de nuestros hijos con los recursos que ya tenemos. No hay que olvidar dos cosas que nos ayudarán en esta tarea educativa. Una, que los niños siempre nos hacen preguntas: ¿vamos a darles respuestas o vamos a enseñarles a buscarlas?; otra, que la naturaleza está ahí, a un paso de nuestra ciudad, de nuestra casa, vamos a utilizar todos nuestros medios tecnológicos para acercarlos a esta naturaleza y que entremos todos en contacto con ella.

Un camioncito a reacción

Su grupo de alumnos de 5º de Primaria del Colegio Público Jaime I de San Vicente de Raspeig (Alicante) consiguió el primer premio del Concurso de Ciencia y Tecnología “Equipo Investigador” con un trabajo en el que demostraban cómo funciona un motor a reacción. Para ello, emplearon un camioncito de juguete al que incorporaron un mechero de alcohol sobre el que, a su vez, instalaron un pequeño matraz con agua. El matraz quedaba tapado con un tapón atravesado por una pajita para permitir la salida del gas. Cuando el agua del matraz, calentada por el mechero de alcohol, se convirtió en vapor, la fuerza de acción impulsó los gases (y el tapón) en una dirección, mientras que el camioncito se desplazó en la contraria por la fuerza de reacción. Con este sencillo experimento, los alumnos aplicaron un principio de la física del que se sirven, por ejemplo, los aviones a reacción. José Luis Uceda Blázquez. Profesor de Educación Física y Ciencias.

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