La comida en familia
Las comidas en familia no solo sirven para alimentarse. Tanto a diario como en las grandes ocasiones, las comidas son un rito fundador de la vida familiar. Pero para que cuaje la salsa, hay que reunir todos los ingredientes...
¿Puedes pelar el pepino?
La comida empieza mucho antes del primer bocado. Cocinar, poner la mesa y quitarla alimenta también ese momento clave de la vida familiar... el de la participación. En España, el 80 % de los niños y niñas menores de 14 años ponen y quitan la mesa (Fundación SM). Es ya un modo de tomar parte en la comida comenta el sociólogo Jean-Claude Kaufmann-. Cuando cocinamos y fregamos los platos juntos, transmitimos muchísimas cosas a través de los gestos, las costumbres y las conversaciones, aunque sean anodinas. Fuente: Encuesta de la Infancia en España 2008 de la Fundación SM.
La llamada a comer
Es sorprendente hasta que punto la llamada atronadora de: a comeeeer, tiene, a veces, efectos tan retardados... Los niños están absortos leyendo un cómic apasionante, chateando animadamente con un amigo o sumergidos en el último episodio de su serie favorita y les cuesta acudir a la mesa inmediatamente. Sin embargo, a pesar de las ideas preconcebidas, muchos jóvenes valoran la comida familiar. Nada más lógico, a decir del psiquiatra Gérard Mevel: Las comidas cumplen la función de poner en contacto regular a humanos dispersos material y psicológicamente. Son el lugar donde se afirma la pertenencia psíquica al grupo. Nos sentimos bien en ellas porque fomentan nuestro espíritu gregario. Vamos, que tras una jornada agitada, sencillamente sienta bien reunirse con la gente que queremos alrededor de la mesa.
¡Este es mi sitio!
Somos cuatro hermanos y cada uno tiene su sitio preciso en la mesa. Un día, decidimos cambiar. Pero no era lo mismo, y volvimos a ocupar nuestros sitios habituales. Lo que le ocurrió a Clara, de 17 años, es muy frecuente. El lugar que se ocupa en la mesa reviste una gran importancia simbólica. Al lado del hermano mayor o frente a los padres, nuestro sitio en la mesa materializa una posición específica en la familia... aunque algún día queramos cambiar. En las grandes comidas familiares que reúnen a primos, tíos y abuelos, es más difícil decidir esa posición simbólica. En ese caso, conviene utilizar alguna táctica, como Dimitri, de 19 años. Como el asunto puede durar horas, es mejor sentarse junto al primo más simpático, dice riendo. Lucie Geffroy
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