Fresas, una golosina muy sana

Jugosa, dulce y perfumada, la fresa reúne las tres cualidades que hacen irresistible cualquier alimento: color, aroma y sabor. No es extraño, por tanto, que para el horticultor aficionado sea la cosecha más codiciada de la primavera.

Algo tienen las fresas que nos devuelve a los días de la infancia y no solo por los recuerdos que despierta sino porque nos hace comportarnos como niños. ¿Quién es capaz de mantenerse indiferente, de resistir la juguetona tentación de llevarse a la boca una al menos cuando las descubre sobre la mata o en el frutero del comedor? Y es que esta fruta con tamaño, olor y color de caramelo –¿o sería al revés?–, tierna, dulce, jugosa y rica en vitamina C, es toda una golosina, un regalo para la vista y el paladar.

Propiedades terapéuticas

La fresa es una hierba perenne de la familia de las rosáceas, pariente próximo de frambuesos y zarzamoras. Su nombre latino, Fragaria, alude precisamente al intenso perfume que exhalan sus frutos, pequeños y carnosos, salpicados de unas diminutas semillas llamadas aquenios. Tiene unas bonitas hojas trifoliadas, de bordes aserrados, y unas ingenuas florecillas blancas, de cinco pétalos, que aparecen a finales de primavera como salidas de alguna ilustración de un cuento antiguo. Se propaga de forma espontánea mediante estolones y se extiende con facilidad. La fresa silvestre europea (Fragaria vesca), consumida por el hombre desde tiempos prehistóricos, fue muy pronto apreciada por sus propiedades terapéuticas. Solía utilizarse como diurético y tónico hepático, y su jugo se consideraba un eficaz antiséptico en casos de tifus. Durante la Edad Media empezó a cultivarse en los jardines de los monasterios junto con otras hierbas medicinales como camomila, valeriana, tomillo o salvia. Sus cualidades decorativas se descubrieron algo más tarde, pero parece ser que, ya en 1386, Carlos V de Francia mandó plantar 12 000 ejemplares en los jardines del Louvre. Tampoco el arte permaneció ajeno a sus encantos. El Bosco las incluye en su famoso tríptico El jardín de las delicias y son fácilmente reconocibles en otro célebre cuadro titulado El jardín del paraíso, de autor anónimo, pintado entre 1410 y 1420.

Fresas y fresones

Pero el verdadero hito en la historia de la fresa se produce a principios del siglo XVIII, concretamente en 1716, ya que es a partir de esa fecha cuando la polinización cruzada entre especies americanas y europeas da origen a una serie de variedades nuevas que conocemos como fresón. La historia comienza cuando un militar francés, enviado a las costas de Chile con la misión de espiar las instalaciones navales españolas, regresa a su país con varios ejemplares de Fragaria chiloensis, una especie que crece silvestre en toda la costa del Pacífico, desde Alaska hasta Chile, cuyos frutos son más grandes que los de las europeas. Por las cinco plantitas que sobrevivieron a los seis meses de travesía, Luis XIV le recompensó con 1000 escudos. Y fue el jardinero real, A. W. Duchesne, quien realizó con éxito los primeros cruces y pudo dejar escrita una Historia natural de las fresas. Cuando años más tarde los altercados de la Revolución entorpecieron los experimentos, los ingleses tomaron el relevo y prosiguieron las hibridaciones.

Cientos de variedades

El género Fragaria comprende una docena de especies entre las que destacan por sus frutos, pequeños pero exquisitos, las de origen europeo: Fragaria vesca “Alexandria” y “Barón Solemacher”; F. vesca semperflorens, la fresa alpina o de los bosques, que crece a la sombra de otras plantas más altas y que al no producir estolones solo se puede reproducir por semillas. F. moschata, de aroma almizclado, y F. viridis, con estolones muy cortos, que se da al norte de China, el Cáucaso y las islas Canarias. F. chiloensis, F. virginiana y F. californica son las tres especies americanas de frutos más grandes y resistentes, aunque también más insípidos y menos aromáticos, que cruzadas con las europeas han dado lugar a los distintos tipos de fresón. Actualmente hay cientos de variedades, tempranas, tardías y algunas que dan fruto durante todo el año. Para el consumo doméstico cabe mencionar por su calidad: Royal Sovereign, Pájaro y Selva. A escala industrial, España es uno de los mayores productores mundiales.

Cultivarla jugando

La fresa es una excelente planta ornamental, de fácil cultivo, que al necesitar muy poco espacio se puede tener incluso en un balcón, ya sea en una jardinera convencional o en un tipo especial de tinaja con alvéolos laterales que se abren a distinta altura y que permite tener hasta 10 ó 12 plantitas en un lugar reducido. Ni que decir tiene que es el cultivo ideal para iniciar a nuestros hijos, que participarán encantados como si se tratara de un juego. Las fresas se pueden plantar en otoño o a principios de primavera en un emplazamiento soleado o a media sombra. La tierra debe ser ligera, fértil y a ser posible ligeramente ácida. Lo ideal es que se caliente en seguida y tenga un buen drenaje. Por lo general, las fresas son plantas resistentes al frío, sobre todo las especies silvestres; se da la paradoja de que sus frutos aumentan de tamaño conforme bajan las temperaturas y se acortan los días. Una vez plantadas hay que mantener la tierra húmeda y aumentar la frecuencia de riegos conforme vaya apretando el calor. Los expertos aconsejan sacrificar los frutos del primer año, cortando las flores, como una forma de fortalecer las raíces.

Aranjuez y la fresa

El cultivo de fresas y fresones fue una de las muchas novedades que llegaron a España con los Borbones. Durante el reinado de Felipe V se plantaron diferentes variedades en las huertas de Aranjuez, pues parece ser que a Isabel de Farnesio, segunda esposa del rey, le encantaban. Pronto adquirieron fama “por su abundancia y exquisito gusto” y se convirtieron en el producto emblemático del Real Sitio. Hasta el punto de que la línea de ferrocarril, inaugurada en 1851, para facilitar el abastecimiento de la corte, empezó a conocerse como el “tren de la fresa”. Un nombre muy apropiado puesto que era en Madrid donde se consumía la mayor parte de la producción. Hasta 1970, eran los propios agricultores quienes, durante los meses de mayo y junio, vendían tan exquisita mercancía en pequeños puestos callejeros, como recuerda José Luis Sampedro en su libro Octubre, octubre. Ahora, en cambio, la producción es mucho más escasa y lo poco que sale de Aranjuez se lo disputan algunos restaurantes de Madrid y Barcelona.

El tren de la Fresa

El tren de la Fresa está formado por una vieja locomotora y cuatro coches de época que el Museo del Ferrocarril pone en marcha cada primavera, como homenaje al segundo ferrocarril que circuló en España. Pero mientras aquel lo hacía cargado de frutas y verduras, el nuevo tren de la fresa, que funciona desde hace ya 22 años, es una iniciativa turística y cultural que brinda a los viajeros una doble oportunidad: pasar un día agradable en el Real Sitio de Aranjuez y realizar un curioso viaje en el tiempo trasladándose al pasado a bordo de un tren histórico. Una excursión para realizar en familia que nuestros pequeños no olvidarán. El tren parte de la estación de Atocha y circula todos los fines de semana de los meses de abril, mayo, junio, septiembre y octubre. El billete incluye el recorrido Madrid-Aranjuez-Madrid en un tren de época con degustación de fresón durante el trayecto, recorrido panorámico por Aranjuez y visitas al Palacio Real y al Museo de Falúas. Teléfono de información: 902 22 88 22.

Pilar Gómez-Centurión

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