El mutismo selectivo en los niños
¿Por qué habla solamente cuando quiere?
Publicado por Ana Roa, pedagoga, profesora y terapeuta
Creado: 27 de marzo de 2018 10:22 | Modificado: 10 de febrero de 2026 12:03
Muchas veces confundimos el mutismo selectivo con dificultades de lenguaje o problemas en el aprendizaje, agravando aún más el desequilibrio emocional que puede ocasionar en los niños que lo sufren y en sus padres y familiares más directos.
¿Cuándo suele manifestarse? En los primeros años. Normalmente el niño utiliza el lenguaje en casa y con las personas más íntimas, pero cuando sale por la puerta aparece un mutismo, en ocasiones absoluto, en diversidad de lugares (colegio, parque, centro de ocio...) y con numerosos adultos o niños externos a su núcleo más próximo.

Cuando mencionamos mutismo selectivo, mutismo electivo o mutismo parcial nos referimos a la dificultad inicial para establecer comunicación que presenta el niño en determinados momentos, situaciones, ambientes o con ciertas personas quienes, casi siempre, no son habituales ni cercanas en su entorno más inmediato. Puede significar reacción defensiva o agresiva; este trastorno de conducta se inicia en la infancia, entre los tres y los siete años aproximadamente.
Características de los/as pequeños/as que lo padecen: Timidez, una sensibilidad exacerbada, ansiedad en situaciones sociales, angustia en lugares de aglomeraciones con personas desconocidas, dificultades para expresar sus emociones y sus sentimientos, dificultad para expresar los saludos básicos de cortesía y dificultad para mantener el contacto visual...
La cuestión fundamental consiste en investigar qué causas son las que provocan la elección de estos ambientes determinados.
Índice
1. ¿Cómo se trata el mutismo selectivo en niños?2. ¿Cómo podemos actuar desde casa ante el mutismo selectivo?
3. Qué se recomienda en el entorno escolar
4. Estrategias terapéuticas que suelen funcionar
5. Qué NO hacer, aunque salga por impulso
6. Cuándo conviene pedir ayuda cuanto antes
7. Un mensaje final para padres: paciencia, estrategia y calma
¿Cómo se trata el mutismo selectivo en niños?
El tratamiento del mutismo selectivo debe enfocarse en el afrontamiento de tres dificultades básicas:
- La ansiedad ante situaciones sociales.
- La falta de seguridaddel niño sobre todo en entornos y contextos nuevos y ante personas desconocidas.
- Las actitudes de la familia que pueden reforzar el mutismo a través de un apoyo a la comunicación no verbal, sobreprotección...
Si el mutismo selectivo se produce esencialmente en el ámbito escolar, por ejemplo, tendremos en cuenta una serie de aspectos:
- La manera de expresarse y de comunicarse en el colegio: Con quién habla, si se dirige solamente a los adultos, únicamente a los niños, qué ocurre cuando interviene en alguna conversación común con el resto de compañeros...
- La evitación de situaciones en las que exista intercambio de lenguaje, de juegos grupales.
- La ansiedad manifiesta cuando se dirigen a él, la rigidez en su expresión corporal.
¿Cómo podemos actuar desde casa ante el mutismo selectivo?
Es fundamental una valoración global de sus características y capacidades comunicativas, de su iniciativa en la interacción social, de su implicación en experiencias nuevas y de sus inquietudes; una observación detallada y registrada durante unas semanas o un mes, nos darán elementos de juicio bastante fiables.
Algunas recomendaciones:
- Promover la socialización del niño/a favoreciendo el contacto social.
- En público no conviene ser perseverante y forzar la comunicación si el niño no quiere.
- Cuidado con caer en la dramatización excesiva del problema o, por el contrario, en la minimización o en la indiferencia, así aumentarán las situaciones de mutismo.
- Cuidado con poner al niño "a prueba" delante de determinadas personas extrañas para él, lo que realmente nos demanda es comprensión, confianza y seguridad.
- Evitar criticar, juzgar, o etiquetar la conducta del niño, así como ridiculizar la falta del habla.
- Es conveniente reconocer qué situaciones producen en el niño mayor o menor grado de ansiedad y estrés para controlarlas.
- Es necesario examinar la existencia de algún suceso traumático que haya podido desencadenar el mutismo.
- La confianza es la mejor compañera para reducir el mutismo en cualquiera de los ambientes donde el niño interactúe y, especialmente en el escolar.
- La actitud comprensiva de la conducta del niño, con serenidad y sin manifestaciones de ansiedad, favorecerá la relación.
- La protección excesiva y la interpretación de los mensajes del pequeño entorpecerán la situación produciendo aislamiento, conviene reducirlas.
- Es importante aprobar con una sonrisa o un elogio sin demasiado énfasis, con mesura y equilibrio, cualquier intento de comunicación por parte del niño (gestos, signos, hablar al oído...).
conviene añadir dos ideas que suelen marcar un antes y un después: esto no es "terquedad" y cuanto antes se intervenga, mejor pronóstico suele haber. El mutismo selectivo se relaciona con la ansiedad social y con un bloqueo muy real: el niño quiere hablar, pero en ciertos contextos no puede. Por eso, los regaños, las amenazas o el "venga, di hola" repetido muchas veces suelen empeorar el problema, porque aumentan la tensión y la anticipación del fallo.
Qué se recomienda en el entorno escolar
Cuando el mutismo selectivo aparece sobre todo en el cole, el trabajo coordinado con el tutor y el orientador es esencial. Ayuda mucho que el profesorado:
No le exija hablar en público (leer en voz alta, responder delante de toda la clase) hasta que haya avances.
Le permita participar de forma alternativa al principio: señalar, levantar una tarjeta, enseñar una respuesta escrita, asentir/negar con la cabeza.
Busque una figura "puente" (un compañero con el que el niño se sienta cómodo) para facilitar la interacción.
Cree espacios de comunicación "de menos a más": primero con una persona, luego con dos, luego en un grupo pequeño.
La idea es que el niño vaya ganando seguridad sin sentir que cada día está en un examen.
Estrategias terapéuticas que suelen funcionar
El abordaje suele basarse en técnicas de intervención psicológica centradas en la ansiedad (habitualmente con enfoque cognitivo-conductual) y en un plan muy gradual. Algunas estrategias frecuentes son:
Exposición gradual: acercarse poco a poco a las situaciones que bloquean, empezando por las más fáciles (por ejemplo, saludar con un gesto) y avanzando hacia conductas más complejas (decir una palabra, una frase, hablar con alguien nuevo).
Moldeamiento: reforzar pequeños pasos: primero susurrar, luego hablar bajito, luego hablar con voz normal.
Desvanecimiento de estímulos: comenzar hablando con alguien de mucha confianza y, sin romper el "momento seguro", ir incorporando a otra persona de forma progresiva.
Entrenamiento a la familia: aprender a no reforzar sin querer el mutismo (por ejemplo, "traduciendo" siempre) y a reforzar de forma calmada los intentos de comunicación.
En algunos casos, si hay también dificultades de pronunciación o lenguaje, puede colaborar un logopeda, pero el núcleo del mutismo selectivo suele estar más ligado a la ansiedad que a un problema puramente lingüístico.
Qué NO hacer, aunque salga por impulso
No etiquetar ("es tímido", "es borde", "es raro") delante de otros.
No pedir que "actúe" para visitas o familiares ("venga, díselo a la abuela").
No castigar el silencio ni sobrerrecompensar con entusiasmo excesivo (puede aumentar presión).
No hablar por él siempre: es útil ayudar, pero sin convertirlo en un hábito fijo. Mejor ofrecer opciones: "¿Quieres decírselo tú o lo digo yo?".
Cuándo conviene pedir ayuda cuanto antes
Aunque cada niño tiene su ritmo, es recomendable consultar con un profesional (psicólogo infantil, orientación escolar, pediatra) si:
El mutismo dura más de un mes en contextos sociales (sin contar el periodo de adaptación inicial a un nuevo cole o mudanza).
Interfiere en el aprendizaje, en la socialización o en su bienestar (llantos, evitación, somatizaciones).
Hay un aumento claro de ansiedad, rigidez o aislamiento.
Aparecen situaciones de acoso o malestar significativo en el aula.
Pedir ayuda temprano no es "hacerlo grande": es evitar que el patrón se cronifique.
Un mensaje final para padres: paciencia, estrategia y calma
El mutismo selectivo suele mejorar cuando el niño siente tres cosas: seguridad, tiempo y un plan. Celebrar los avances pequeños (una mirada, un gesto, una palabra al oído) con naturalidad, sin dramatizar, es una forma muy eficaz de decirle: "Voy contigo, paso a paso". Y ese "paso a paso", bien acompañado, es lo que suele abrir la puerta a la voz.
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21 jun 2018 00:59 Yatbel Hardy
Primero que nada debemos diferenciar el mutismo y que tipo esta presentando de acuerdo con la informa adquirida en la situación sobre un niño, porque, mayormente confundimos el mutismo con problemas de lenguaje. Dejarlos relacionarse con los demás niños para que pierdan su times, y mitigar su ansiedad. Y sobre todas las cosas, al niño no hay que encerrarlo por este problema, no hay que atemorizarse por pensar en evitar problemas o porque es la mejor solución.